León Felipe
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Léon Felipe inédito, colosal poeta español del éxodo y el llanto

ABC adelanta «Castillo interior», editado por la Fundación Banco Santander, que recupera y fija su obra desconocida

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Fue profeta (casi nunca en su tierra), payaso (el de las bofetadas, no el listillo), mesías de la palabra, traductor (se convirtió en rumiante del verso para saborear mejor que nadie las hojas de yerba de Walt Whitman), español del éxodo y el llanto, exiliado de las dos Españas que le llevaron a perder todas las guerras, náufrago, contador de estrellas, agricultor de insignias y banderas, campesino de soles y de lunas, contramaestre retirado, telegrafista del amor y la canción.

Fue un poeta colosal, argonauta, domador de los leones del «idiomaleones», oficinista enamorado (de su Berta, siempre de su Berta), deshollinador de las chimeneas del alma, poeta continental (América, siempre América, su México siempre tan lindo, siempre tan querido), que puso las barbas a remojar de los dioses de lo falso y de lo hipócrita.

Se llamaba León Felipe y sus versos eran tan largos que siempre los acababa al día siguiente. Dejaba las palabras repartidas por las esquinas del mundo, se regocijaba de vaciar los tinteros por las plazas de las linotipias y de las imprentas, y muchas se las llevó el viento, las fue repartiendo a diestro y siniestro por las estanterías apretadas de revistas y de archivos, tanto que un sinfín de ellas acabaron en paradero desconocido, y hasta ese ignoto paradero han llegado Gonzalo Santonja y Javier Expósito, recopiladores y editores de «Castillo interior» (Fundación Banco Santander, Cuadernos de Obra Fundamental), un libro que reúne prácticamente todo el material inédito que dejó León Felipe. Versiones de poemas y cartas (a su familia, a Camilo José Cela, a su gran amigo Juan Larrea), que ofrecen un nuevo panorama de lo que fue la vida de este hombre de ánimo inquebrantable, de este poeta al que los siglos se le quedaban pequeños.

Papeles volanderos

«Los textos ahora recuperados -explica en las palabras preliminares Gonzalo Santonja-, inéditos o publicados en papeles volanderos de poca difusión y difícil consulta, ilustran y revelan el pálpito y la artesanía de su sistema luminoso de señales (la poesía para el poeta) durante su largo (y fructífero) acontecer mexicano, a partir del momento en que la incivilidad de las circunstancias lo convirtió en exiliado, expulsado de España por Franco y también por el sectarismo torvo que carcomió por dentro la causa republicana».

Estos textos han sido recuperados, continúa Santonja, «a partir del fondo conservado en el Archivo Histórico Provincial de Zamora, propiedad del Ayuntamiento de Zamora, y del epistolario mantenido con Juan Larrea -perteneciente al legado del poeta, cedido generosamente por sus herederos y con la colaboración desinteresada de Juan Manuel de Guereñu-, localizado en la Residencia de Estudiantes de Madrid», lo que consigue que este libro «abra ventanas de claridad al castillo interior de un poeta con biografía de viento y testamento de barro». Como escribió Octavio Paz: «Eres de los pocos que piensan y saben que la poesía no sólo está en el poema sino en el poeta = poema vivo. Y tú ni has entregado a la poesía, ni la has vendido ni la has guardado en casa».

Qué mejor, para acabar, que dejarles con las propias palabras del poeta: «Para mí, la poesía no es más que un sistema luminoso de señales. Hogueras que encendemos aquí abajo, entre tinieblas encontradas, para que alguien nos vea, para que no nos olviden. ¡Aquí estamos, Señor!».

La poesía no es más que oración