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Pablo Luque Pinilla: «La poesía debe de ser un zarandeo, no un golpe fatal»

Su libro «Cero» es un número uno de la poesía de esta temporada

Pablo Luque mirando a su «Cero»... o al infinito
Pablo Luque mirando a su «Cero»... o al infinito - hellolupe.com

Del «Cero» hasta casi el infinito, ese es el apasionante, trepidante y vertiginoso viaje hacia las estrecheces de la nada que ha realizado el poeta Pablo Luque Pinilla en su nuevo poemario, que lleva precisamente ese título, «Cero» (Ed- Renacimiento). Un caminar corajudo por los territorios de la poesía más osadísima, alucinada y alucinante.

-Con todas las cosas bonitas que hay en este mundo, usted apuesta por el «Cero».

-[Sonrisas] Sí, claro, porque el mundo es redondo, pero no por su forma esférica, sino porque todas las cosas en su imperfección remiten a un punto de fuga del que puedes llegar a enamorarte. En fin, si el cero no fuera lo que va antes del uno, sería la pura nada, pero como origen de lo que le sigue, ¡es tan hermoso!

-En su libro no faltan las citas: Eliot, Rilke, Virgilio, Lagerkvist, José Hierro, Woody Allen, Pavese, Yeats… ¿Por qué a tantos poetas les gustan tanto las citas? ¿Son imprescindibles?

-Qué va, para nada. De hecho, en mi primer libro apenas las hay. Pero en este eran un reto. La hipótesis creativa de esta colección de poemas es que las cosas permanecen unidas en función de su relación con la totalidad. Por lo tanto había en él una pretensión aglutinadora de referencias dispersas. Más allá, siento que todas las referencias de este texto han formado parte del bolo alimenticio de mi experiencia vital.

-Pero hay un fantástico detalle, las explica al final en sus «Notas perimetrales».

-Es un giño a los libros anglosajones y una ayuda para el lector. Si este no conoce el dato histórico o filosófico al que me estoy refiriendo, yo se lo acerco. En esto, como en casi todo, los anglosajones han demostrado ser siempre más prácticos que nosotros.

-Posee usted un ritmo vertiginoso, trepidante. ¿Eso dónde y cómo se aprende?

-Decía Umbral que no estoy seguro si decía que decía alguien, que la sintaxis es una facultad del alma. Yo, en mi apariencia tranquila, en realidad soy muy espídico. Así que la poesía es una catarsis maravillosa para mi velocidad interior, que he aprendido a modelar un poco cuando escribo.

-Para conseguirlo, escribirá usted con ordenador, no creo que escriba a mano como los médicos…

-Mi primer libro de poemas surgió enteramente a mano, pero hace años que me gusta ametrallar el teclado. Entre otras cosas, porque se parece a un piano, que te permite probar y probar hasta que encuentras la nota exacta.

-Aunque a usted sí se le entiende, no como a mi médico de familia.

-[Risas] Es que la poesía es una experiencia y la experiencia es lo único que no te engaña…

-Tengo mucha curiosidad y supongo que los lectores cuando le lean por saber cuáles son sus poetas españoles preferidos.

-Dejándome muchos, seguro, por todo lo que me falte por leer, entre los patrios ahora mismo me quedo con San Juan, Lope, Lorca, Cernuda, Claudio Rodríguez, el primer Valente, y con todos los ciclos de escritura que cito en el prólogo de mi antología Avanti. Como ve, no oculto que soy más de momentos de poetas que de obras completas.

-Escribe usted sobre la deconstrucción de la amada. Yo creí que sólo se deconstruía la tortilla…

-[Carcajada] En realidad yo parodio la deconstrucción de la amada en el poema «Discípulo de Derrida deconstruyendo a su amada», título tomado del dibujo de fromthetree que lo acompaña, pero bien mirado, ambas deconstrucciones son bastante absurdas.

-¿Los endecasílabos, que usted domina a la perfección, son el Ronaldo y el Messi de la poesía?

-Mmm, yo siempre fui de Maradona, porque su estilo refleja que aprendió a jugar en la calle. O de Zidane, que supongo aprendería en un salón de baile. El problema de los futbolistas de ahora es que casi todos juegan de academia. Unos son mejores y otros peores, pero todos se parecen mucho. Da igual el molde formal, lo que importa es la personalidad.

-Y además controla usted el latín, lo usa en sus versos.

-El que lo controla es mi tío de América, que además me corrige cosas.

-Denver, las Rocosas, Irlanda, Italia, Bahrein… ¿La poesía es un largo viaje? ¿A ninguna parte, a ese «Cero» del título?

-El viaje poético es un viaje por el mapa interior que traza la realidad, claro que sí. Y el «Cero» un punto de partida apasionante «hasta el infinito… ¡y más allá!», como dice uno de los personajes más emblemáticos de Pixar.

-Y un poema en parte gráfico. ¿O sea, que vanguardista?

-[Sonríe] El caso es viajar, vamos. De tal manera que si un texto se llama «Quiz Show», es normal que en él las palabras viajen desde el exterior hasta la conciencia del personaje del poema, donde se condensan de una manera sorprendente. O al menos eso se ha intentado.

-Su poesía me desborda. ¿De eso se trata, de que el lector se ahogue? Se va a buscar un lío…

-[Risas] Siempre que se consiga sobrevivir vamos bien. La poesía debe de ser un zarandeo, no un golpe fatal.

-Después de este «Cero», su siguiente libro será «1» o «-1».

-Pues no lo sé, pero el cero siempre precede al uno. Y al Uno, ya puestos…

poetasapiedeweb@abc.es // Facebook: Manuel de la Fuente // Twitter: @manolhito

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