Lawrence Ferlinghetti y Allen Gingsberg, ante la tumba de su gran amigo Jack Kerouac
Lawrence Ferlinghetti y Allen Gingsberg, ante la tumba de su gran amigo Jack Kerouac - abc

Lawrence Ferlinghetti, novelista a todo beat

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Cuentan que a sus 95 años todavía se ve su alargada y barbada sombra caminando serena y tranquila por las cercanías del Golden Gate de San Francisco, aunque él sea neoyorquino del 19. Esa sombra lleva a la espalda y en los bolsillos de su vieja gabardina los pertrechos de toda una generación, la Beat Generation, y el espolón de proa de esta quinta genial que encabezan Jack Kerouac, Gregory Corso y Allen Ginsberg, carpintero y ebanista de ese espolón con su «Aullido» («Howl», 1956), grito de combate de una pandilla de muchachos poetas irreverente, rompedora y, según muchos cegatos del mundo literario pasada de moda, cuando el mundo que vivimos no es sino la pesadilla que ellos anticiparon y profetizaron.

Ferlinghetti, hijo de inmigrantes y nacido huérfano de padre y con una madre con muchos problemas psiquiátricos, fue criado por sus tíos en Francia, donde desembarcaría años después siendo oficial como un héroe, el 6 de junio de 1944 en las sangrientas playas de Normandía. Luego, regresó a los Estados Unidos y se licenció brillantemente en Periodismo en la Universidad de Carolina del Norte, pasó por Columbia donde obtuvo una maestría y, finalmente, se doctoró en la Universidad de la Sorbona. Un excepcional expediente.

La asignatura de su vida

Pero la asignatura de su vida (sauperada con algo más que un sobresaliente) fue la Poesía, tal como dejó hecho y derecho en sus libros («Un Coney Island de la mente» (1958), por ejemplo) y también, con la creación en 1953 de la editorial y revista City Lights, en la que se dieron a conocer todos sus compañeros de generación, lo que le valió más que un problema como un juicio por obscenidad tras la publicación del «Aullido» gingsberiano. Ahora, una pequeña pero activísima editorial, Román y Bueno, reedita su única novela «Amor en tiempos de furia» de 1988 (existe alguna edición anterior en castellano, como la de Ollero y Llanos), dicen que el título se inspira en «El amor en los tiempos del cólera» (1987), de García Márquez, lo que parece mucho imaginar, ambientada en el convulso París de 1968, aquella explosión de rebeldía juvenil que tuvo lugar en las calles y plazas europeas y también en las de allende el Atlántico. Pequeño pero intenso libro que es un testimonio de primera mano de unos días en los que muchos quisieron cambiar el mundo. Y no crean, lo cambiaron.

Ángel Fábregas, autor del prefacio y buen conocedor de la Generación Beat, nos sitúa en las coordinadas de esta obra: «En el prefacio de la novela hablo efectivamente de la crítica que desde muchos sectores han merecido los viejos clichés del 68, por no mencionar por ejemplo las devastadoras imágenes de autores como Houllebeck sobre las contradicciones de esa generación. Obviando tópicos, es indudable la actualidad de algunos de los rasgos de la obra . La frescura cierta que emerge desde sus páginas conecta directamente con lo sucedido el 15-M de hace varios años, un flujo que lejos de desaparecer hoy, ha adquirido unos perfiles concretos que afectan a la realidad social de manera palmaria en el sur de Europa y que podrían cambiar drásticamente el panorama político en breve. Las manifestaciones de libertad de los Beats son tan necesarias hoy como en los años cincuenta , desde luego entendidas mucho más allá de una libertad personal para autodestruirse o de cuestiones más o menos accesorias y estéticas».

Dibujo de Ferlinghetti

Conviene que Fábregas nos dibuje el perfil de este personaje singular llamado Lawrence Ferlinghetti. «Hecho fundamental en su vida fue su alistamiento durante la Segunda Guerra Mundial, en la que luchó en Europa y Japón, lo cual marcaría su futuro compromiso pacifista y político para siempre. De particular importancia en ese aspecto fue su experiencia en Nagasaki tres semanas después de la explosión de la bomba atómica. La claridad de los rasgos de su carácter contrastan con los de otros miembros de la generación Beat , dentro de la cual ha sido de los miembros más políticamente comprometidos, activista en todo tipo de causas por la lucha de derechos e interviniente en ceremonias generacionales tan lúdicas y herederas de sus valores como la película “ The last Walz” de Martín Scorsese , donde su breve aparición manifiesta el tributo de aquella constelación de estrellas del Rock hacia su talante y obra».

Pero esta obra narrativa, excepción en la vida de un hombre dedicado casi exclusivamente a la poesía fue un capricho o una necesidad. «La obra de Ferlinghetti rezuma en general pasión y lucidez y eso la aleja de una frívola aleatoriedad. Sospecho que del ejercicio de libertad que practica su autor en “ Amor en tiempos de furia” se podrían decir muchas cosas, pero probablemente no que sea un capricho».

Conviene también reflexionar sobre la heencia literaria que ha dejado la generación Beat. «A mí se me ocurre desde luego pensar en primer lugar, en la enorme influencia que los Beats han tenido en la cultura popular de las últimas generaciones en todo el mundo, en su peso a través de iconos de la música popular cuyas canciones rezuman sus mensajes de desprendimiento de la falsa moralidad, de la hipocresía; podríamos mencionar prácticamente a todos los mitos del Rock y de la música más alternativa desde hace décadas. Sólo con ello, de forma consciente o inconsciente, las maneras y el fondo de los Beats, directos o transferidos, están presentes en la conciencia colectiva y en la de infinidad de autores contemporáneos. En lo tocante a la forma, pienso que el ritmo y los rasgos de su escritura, espontánea, directa, cruda, desnuda, nada académica y dirigida no sólo a las élites, conecta directamente con corrientes de la poesía y la narrativa plenamente actuales».

Poca herencia en España

Una herencia que en España no ha tenido demasiados discípulos. «Pues desde un punto de vista sincrónico, su influencia en España fue muy escasa teniendo en cuenta las condiciones históricas de autarquía cultural de entonces en el país. A pesar de ello, desde Juan Marsé con “ Últimas tardes con Teresa”, se entroncó de algún modo con el espíritu de la generación, en sus personajes rebeldes y en el escepticismo y desilusión crítica respecto a la burguesía progresista de la Barcelona de la época. Marsé no es Beat, pero destila la modernidad crítica que representa un punto de desencuentro con la realidad social española de ese momento. A partir de ahí, las posibles conexiones literarias con lo Beat en España son todavía tangenciales; Pueden tener como referentes a los Novísimos de Jose Mª Castellet, no muy homogéneos entre ellos en un principio, pero unidos en su gusto por el Jazz y otras actitudes estéticas cercanas a los Beats».