Shaun Usher, autor de «Cartas memorables»
Shaun Usher, autor de «Cartas memorables» - josé ramón ladra

Cartas que han hecho historia

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Hace apenas cinco años, Shaun Usher (St Albans, 1978) ejercía como redactor en el mundo publicitario. Su trabajo, aunque variado, le aburría profundamente («lo odiaba», matizará él). Pero el encargo de un cliente le hizo recuperar un viejo proyecto y, de paso, la ilusión. Sumergido en la biblioteca de su localidad, Wilmslow (Reino Unido), ojeando libros antiguos, Usher tuvo la idea más brillante a la que un publicista puede llegar a aspirar (visto el resultado): poner en marcha una web (www.lettersofnote.com) con cartas escritas por personajes famosos (y no tanto).

Solo seis meses después de ponerla en marcha, la página se convirtió en un éxito viral cuyas visitas sobrepasaron al servidor que la alojaba y al propio creador. Después llegó Twitter (su cuenta @lettersofnote tiene 185.000 seguidores) y, por supuesto, un libro: «Cartas memorables» (Salamandra), que por fin se ha publicado en España.

Una obra de cuidada edición que reproduce 125 cartas enviadas por la reina Isabel II, María Estuardo, Virginia Woolf, Charles Dickens, Groucho Marx, Fidel Castro, Nick Cave, Leonardo Da Vinci, Anaïs Nin, Mario Puzo, Henry James y un largo etcétera de personajes cuyas vidas marcaron nuestra historia más reciente.

«En realidad me enamoré de las cartas hace veinte años, cuando conocí a la mujer que hoy es mi esposa», explica Shaun Usher en un conocido hotel madrileño. «Ella se trasladó a España justo cuando empezamos a salir, porque logró una beca en la Universidad de Salamanca. Entonces decidimos que estaríamos en contacto solo por carta, nada de mensajes, nada de emails. Durante esos diez meses nos conocimos y llegamos a enamorarnos a través de las cartas». Usher se dio cuenta de lo poderosas que pueden llegar a ser las misivas, de lo expuesto que se muestra el autor en su correspondencia. De que, al fin y al cabo, todos somos humanos y compartimos miserias, necesidades y sentimientos.

Castro pide diez dólares a Roosevelt

No hay más que leer la carta que un joven Fidel Castro escribió a Franklin D. Roosevelt el 6 de noviembre de 1940: «Tengo doce años. Soy un chico, pero pienso mucho, pero no pienso que escribo al presidente de Estados Unidos. Si quieres, dame un billete de diez dólares verde americano, en la carta, porque no he visto nunca un billete de diez dólares verde americano y me gustaría tener uno». Para ello, el futuro comandante cubano no duda en darle su dirección en Santiago al presidente estadounidense, del que se despide con un afectuoso «Tu amigo, Fidel Castro». Prueba de que, como asegura Usher, cuando escribimos una carta «sin pensar que vaya a acabar en un libro, nos abrimos mucho, pero de un modo muy distinto a cuando hablamos en público».

Para recopilar todas las misivas, el publicista reconvertido en comisario de correspondencia buceó por internet (una de las principales fuentes de su investigación), contactó con museos, instituciones, fundaciones e, incluso, escribió cartas a algunos de los autores (solo cinco le contestaron a mano). En su recorrido, Usher se topó con historias humanas impactantes y descubrió que no todo buen autor escribe grandes cartas.

Muy prudente, Usher prefiere no dar nombres, pero termina confesando que Mario Puzo, creador de «El Padrino», no era especialmente ducho en el arte de la correspondencia. «Sus cartas son muy desordenadas, simplemente lo lanza todo sobre el papel, no tienen forma». Como ejemplo, el libro recoge la misiva que Puzo escribió a Marlon Brando el 23 de enero de 1970: «He escrito un libro titulado “El Padrino” que ha tenido cierto éxito y creo que usted es el único actor capaz de representar al Padrino con la fuerza serena y la ironía que requiere el papel». Brando mostró interés, pero Paramount se negó a contratarlo para interpretar a Vito Corleone por miedo a sus excesos. Finalmente, los estudios cambiaron de opinión al ver la proyección que Francis Ford Coppola les pasó con Brando en el papel. Un papel que le valió el Oscar al Mejor Actor, que nunca llegó a recoger (pero esa es otra historia).

Amores volátiles

Entre las cartas favoritas de Shaun Usher están, sin duda, las que intercambiaban Francis Scott y Zelda Fitzgerald. «Son increíblemente volátiles y poderosas. Me di cuenta de lo explosiva que era su relación y, a pesar de ello, seguían siendo cartas muy hermosas». Como la que Zelda escribió en septiembre de 1920, tras una pelea de la pareja, solo seis meses después de su boda (se separarían definitivamente en 1934): «Ven deprisa a mi lado. No podría vivir sin ti aunque me odiaras y estuvieras cubierto de llagas como un leproso, aunque huyeras con otra mujer y me mataras de hambre y me pegaras… Aun así te querría, lo sé. Mi amor, mi amor, mi querido».

Pero también las que Henry Miller escribió a Anais Nïn («las cartas de amor más maravillosas que nunca haya leído»), la carta que Virginia Woolf dedicó a Leonard antes de suicidarse («Ya no puedo aguantar más»), las 50.000 que Mark Twain envió a la misma persona o la que Ernest Hemingway redactó para el mencionado Scott Fitzgerald el 28 de mayo de 1934. Titulada «Olvida tu tragedia personal», el autor de «Adiós a las armas» le daba consejos (a él y a cualquier autor que se precie) para afrontar la escritura de «Suave es la noche» tras el éxito de «El gran Gatsby».

Otra carta que demuestra el valor de la amistad es la que Henry James hizo llegar a Grace Norton el 28 de julio de 1833. Muy deprimida tras la muerte reciente de un familiar, Norton le pedía consejo, a lo que James, tras un «... prácticamente no sé qué decirte», contestó con un extenso y misericordioso folio, lleno de humanidad y afecto. Al recordar esa misiva, Usher no puede evitar mencionar uno de los casos anónimos más emotivos que el libro recoge.

El 21 de diciembre de 1988 estalló una bomba a bordo de un vuelo de la Pan Am con destino a Nueva York. El cuerpo de Frank Ciulla, uno de los pasajeros, cayó en la granja de los Connell, en la localidad escocesa de Waterbeck. Cuatro años después del atentado, la familia de la víctima visitó la granja y, tras su estancia, los Connell les enviaron una carta que fue leída en el séptimo aniversario de la tragedia. Su lectura es «realmente impresionante, la más poderosa, la más impactante», remata Usher.

Lejos de acordarse de los quebraderos de cabeza que le dieron cartas como la de Mick Jagger a Andy Warhol, incluida en el último momento en el libro, Shaun Usher se muestra feliz con este nuevo «trabajo» a tiempo completo. El segundo volumen de las «Cartas memorables» está en camino y a Usher le haría «muy feliz seguir haciendo esto el resto de mi vida, se ha convertido en una obsesión, pasar cada día buscando más y más cartas… Pero nunca fue un plan, no tenía un gran plan».

Y, si el recopilador tuviera que enviar una carta, ¿quién sería el destinatario? «Kurt Vonnegut. Simplemente le diría hola, nada especial. Soy un gran fan de sus novelas, pero sus cartas son incluso mejores. Tiene una forma de escribir muy especial, sus frases... Es inspirador. Sería genial tener una conversación por carta con él, pero también me sentiría intimidado». Quién sabe, quizá dentro de unos años la carta de Usher a Vonnegut forme parte del proyecto de un joven redactor publicitario con afición por la correspondencia histórica.