Carmen Martín Gaite
Carmen Martín Gaite - efe

Carmen Martín Gaite, la vida sigue siendo un cuento

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Novelista, ensayista, cuentista, poeta, autora de teatro, Carmen Martín Gaite, fue una «mujer de letras» total, que comenzó a buscar la magia en la España de posguerra, un momento en el que eso era raro para una mujer. Ahora, 14 años después de su muerte su figura paradigmática sigue viva y necesaria.

Así, lo demuestra un libro, que bajo el título «Un lugar llamado Carmen Martín Gaite», publica Siruela y recoge el estudio y evocación de la escritora salmantina, que nació en 1925 y que murió en Madrid, el 22 de julio de 2000.

Un libro editado por los profesores y expertos «martingaitianos» José Teruel y Carmen Valcárcel y que reúne las conclusiones de las jornadas que sobre la autora de «Entre visillos» (Premio Nadal, 1957) se celebraron en abril de 2013, en diferentes puntos: en la casa familiar de los Martin Gaite, en el pueblo de El Boalo (Madrid), donde reposan sus restos; en la céntrica y madrileña calle de Arniches, y en el Instituto Internacional.

En el congreso participaron, entre otros, José Carlos Mainer, José María Pozuelo Yvancos, Carmen Riera, Belén Copegui, Manuel Longares o Rafael Chirbes. Unas jornadas que comenzaron a dibujarse al tirar del hilo de la dedicatoria que el escritor Luis Martin Santos escribió en «Tiempo de silencio para Carmen Martín Gaite», en octubre de 1963.

«Para Carmen Martín Gaite con la admiración sincera que me inspira su existencia polivalente y compleja», dice la dedicatoria.

Buscando la magia

Y esa existencia tan rica y compleja fue la que llevó a escritores, críticos y profesores a presentar al mundo, en negro sobre blanco los distintos y múltiples perfiles de esta autora, quien, como dijo su hermana Ana Martín Gaite -guardiana de su legado- «era una escritora de literatura fantástica, no hacía realismo costumbrista como dicen muchos. Ella murió buscando la magia».

«Del libro o de las jornadas hay que destacar varios puntos importantes -explica a Efe José Teruel-, se muestran sus múltiples intereses intelectuales, sus investigaciones sobre el XVIII, su estudios sobre Teresa de Jesús. Se interesa por el pasado siempre desde su experiencia generacional, pero no por lo dado de afuera, sino desde dentro y siempre buscando nuevas formas expresivas como el 'collage'. Carmen luchó contra el tiempo que le tocó vivir, rectificó la educación recibida durante el primer franquismo».

«Fue, junto a Rosa Chacel y María Zambrano, paradigma de mujer de letras, porque lo convirtió todo en letra escrita», subraya.

Doctora en Filología Románica, con la tesis sobre «Usos amorosos del XVII», dejó todo para dedicarse a la literatura, amiga de Ignacio Aldecoa, Agustín García Calvo, José Agustín Goytisolo, la autora se casó con Rafael Sánchez Ferlosio, con el que tuvo su única hija, Marta, y del que luego se separó.

En este libro se incluye la carta que escribió «carmiña» a los goytisolo, a Asunción Carandell, la mujer del poeta, pidiéndoles pasar el verano en su casa, porque se sentía muy agobiada y sin poder escribir.

A escondidas

Martín Gaite escribió a escondidas su primera novela larga para presentarla al premio que había recibido antes su marido, Sánchez Ferlosio, que no sabía que su mujer se iba a presentar al Nadal. Ella después en su libro «Usos amorosos del XVIII en España», le dedica la siguiente dedicatoria a Ferlosio: «Para Rafael, que me enseñó a habitar la soledad y a no ser una señora».

De su faceta ensayística, Teruel, quien también reunió la obra periodística de la autora en «Tirando del hilo», destaca «El cuento de nunca acabar», «una reflexión sobre la esencia fundamentalmente narrativa de nuestro proyecto existencial y su credibilidad».

«Todo para ella era un cuento que tenía que estar bien contado: las lecturas, la política, el amor, la vida propia y ajena, la historia», concluye Teruel.

Autora de «Lo raro es vivir», «Nubosidad variable», «La reina de las nieves», «Caperucita en Manhattan», entre otros muchísimos títulos, premio Café Gijón, Anagrama, Nacional de las Letras o Príncipe de Asturias, Carmen Martín Gaite, como Carmen Laforet o Ana María Matute, entre otras, fueron mujeres que tuvieron muchas dificultades para encontrar su soledad, su espacio propio sin ser vigiladas, su habitación para escribir, como diría Virginia Woolf.

«Lo más importante es seguir hablando de ella, su obra es rica y compleja y hay que llamar mucho la atención sobre sus ensayos. En España se la reconoció más tarde que en Estados Unidos, pero hay obras suyas en la universidad. Es una autora muy viva», precisa Teruel