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Pierre Lemaitre: «Es un fracaso que no haya una visión europea de la Gran Guerra»

Llega a España «Nos vemos allá arriba», novela sobre las consecuencias de la posguerra que le valió el máximo galardón literario en Francia

INÉS MARTÍN RODRIGO - Actualizado: Guardado en: Cultura Libros

El año pasado, el Premio Goncourt, el galardón más prestigioso de las letras francesas, descendió a las trincheras literarias. Lo hizo premiando a Pierre Lemaitre (París, 1951), autor mayoritariamente de novela negra, por «Nos vemos allá arriba» (Salamandra), una historia sobre las víctimas (siempre inocentes) que dejó la Primera Guerra Mundial.

Esta semana, la novela se publica por fin en nuestro país tras haber vendido medio millón de ejemplares en Francia. Con la adaptación cinematográfica ya en ciernes y los derechos del libro vendidos en más de 18 países, Pierre Lemaitre sigue fiel a su filosofía de contar buenas historias sin militancia. Siempre con una sonrisa. Aunque el cielo de París se desplome sobre nuestras cabezas en una atípica (como su Goncourt) tarde de mayo.

—¿Cómo se pasa de la novela negra a un libro sobre la Gran Guerra?

—No lo hice a propósito. Había acabado una trilogía policíaca y pensé que había llegado el momento de retomar el proyecto, que comencé en 2008.

—En realidad, aborda la posguerra.

—Así es. Pensé que era la oportunidad de hacer una novela diferente, original y apartarme de todo lo ya publicado, especialmente en literatura.

—¿Qué es lo que aporta a la literatura sobre la Primera Guerra Mundial?

—No pretendo cambiar la visión que la gente tiene de la guerra. Solo he contado una historia cuya originalidad está en que trata un tema poco conocido, como es la vuelta de los soldados. Ahí sí puede marcar la diferencia, en la vuelta de los héroes y antihéroes.

—De hecho, Albert y Édouard, los protagonistas, son dos antihéroes unidos por la desgracia.

—Me interesaba eso: juntar a dos personas completamente distintas, meterlas en el mismo lugar en mitad de una catástrofe, en un contexto muy complicado, y ver cómo reaccionan.

—¿El destino de las víctimas demuestra la hipocresía del patriotismo?

—Así es. Todos los sentimientos patrióticos son hipócritas. La extrema derecha europea se ha apropiado del patriotismo en los últimos años, y eso me molesta. El patriotismo es el amor hacia los míos, y la extrema derecha lo ha desvirtuado, convirtiéndolo en el odio hacia los otros. No estoy contra el patriotismo. Si mi país, mi idioma, estuviera en peligro, lo defendería, pero no es así.

—Terminado el libro, ¿llegó a la conclusión de que los seres humanos somos meras mercancías?

—No soy pesimista. Solo digo que los empresarios se sirven de todas las ocasiones para enriquecerse y la guerra es parte de eso. No confundo al capitalismo con el ser humano, no es lo mismo.

—Un siglo después, ¿qué lecciones ha aprendido Europa?

—Europa no ha aprendido, pero nosotros hemos aprendido de Europa. La Comisión Europea renunció a una conmemoración conjunta de la Gran Guerra. Eso es porque cada país cuenta su propia guerra, no se ponen de acuerdo. No hay una visión europea conjunta de la Primera Guerra Mundial y eso es un drama, un fracaso. No hemos podido crear una identidad cultural europea.

—¿Con qué elementos esbozaría el fresco de la Europa actual?

—Partiendo de la base de que no podemos comparar la Europa actual con la de 1918, hay algo en común, que es que el sistema social no funciona. Al acabar la guerra, hubo una crisis económica terrible, que también vivimos ahora. Las víctimas de la guerra de entonces, los soldados, serían hoy los parados, incapaces de encontrar su sitio en la sociedad porque el sistema no funciona.

—Pero ha dicho que no es pesimista.

—Estoy afligido, desolado, y lamento la situación, pero voy a seguir militando, escribiendo libros para reivindicar la repartición equitativa de la riqueza. Porque ese es el principal problema.

—¿Cree que es necesaria la militancia ideológica del escritor?

—No soy un escritor militante. Escribo historias y se las entrego al lector para que se las apropie, pero no está en mi mano cómo las interprete. No quiero transmitir ningún mensaje.

—¿Quiénes son sus referentes?

—Las grandes novelas simplificadoras. Como «Los miserables», de Victor Hugo, o «Guerra y paz», de Tolstói. Novelas simples y muy fuertes. Para mí, eso es la literatura popular, la que puede ser leída por todo el mundo, con el mismo placer pero no por las mismas razones.

—¿Y cómo se definiría como escritor?

—Yo no soy escritor, soy novelista. Un escritor escribe lo que piensa, mientras que mi trabajo es contar historias.

—Gracias a esa literatura popular, consiguió el Goncourt.

—Pese a ser un escritor de literatura popular, me dieron el Goncourt. No es una crítica, ni mucho menos, pero el Premio Goncourt es visto como una recompensa a una novela intelectual, y por eso le agradezco a la Academia que tuviera el coraje de darme el galardón a mí, premiando a una novela de aventuras. Creo que es una buena noticia para la literatura.

—¿Le cambió la vida el premio?

—Sí, bueno, es el premio literario más prestigioso de Francia. Me lo dieron a mí, que venía del género negro, una circunstancia excepcional que no sucedía desde los años 80, así que soy un premio Goncourt atípico. Quizás me ha cambiado más la vida que a otros autores más convencionales.

—Novela negra, de aventuras... ¿en qué género se siente más cómodo?

—Para mí solo existe un género: la novela. Yo cuento historias, la historia es lo más importante. Escribo siempre que tengo una buena historia, ya sea de ciencia ficción o pornográfica.

—Entonces no cree en los géneros.

—Sí creo en los géneros, pero hay dos tipos de escritores: los que son fieles a un género porque no saben hacer otra cosa o no les gusta hacer otra cosa, y los otros, que se mueven de un género a otro, como es mi caso.

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