Cultura - Libros

«'El Maestro y Margarita' es una reivindicación de la piedad en tiempos de Stalin»

La filóloga rusa Marietta Chudakova presenta en Barcelona la versión definitiva de la obra cumbre de Mijaíl Bulgákov, un clásico del siglo XX

Marietta Chudakova, presidenta de la Fundación Bulgákov, en Barcelona
Marietta Chudakova, presidenta de la Fundación Bulgákov, en Barcelona - INÉS bAUCELLS

Pocos libros han sabido captar con más lucidez y emoción la época soviética que «El Maestro y Margarita», la novela que le sirvió a Mijaíl Bulgákov (1891-1940) para satirizar y personificar la era de Stalin con un insospechado descenso sobre Moscú del mismísimo diablo, Woland, acompañado de una insólita corte.

Aunque desde 1968 existía en España una versión en Alianza Editorial traducida por Amaya Lacasa, la que ahora presenta Nevsky Prospects se pude considerar como «la edición definitiva», fruto del trabajo de la filóloga y presidenta de la Fundación Bulgákov Marietta Chudakova, que el jueves se presentó en Universidad de Barcelona, gracias al empeño del Instituto de la Traducción de Rusia.

Admite Chudakova que la obra cumbre de Bulgákov, plena de filosofía y humor, supone una «reinvidicación de la piedad en tiempos de Stalin». Marta Rebón, traductora de la novela, hizo también de intérprete vía e-mail de esta entrevista.

—¿Qué aporta su edición de «El Maestro y Margarita»?

—La novela es bien conocida en nuestro país desde finales de los 60. La gente joven habla el idioma de esta novela. Diría que forma parte de nuestro cada día. Durante el período post-soviético ha habido muchísimas reediciones.

—¿Cuándo empezó Bulgákov a desencantarse de la revolución bolchevique y en qué medida «El Maestro y Margarita» es una impugnación de las tesis fundamentales del comunismo?

—Bulgákov nunca se sintió encantado con la revolución bolchevique y, en general, con las revoluciones (a diferencia de la gran mayoría de los escritores rusos, sus contemporáneos). Supongo que de allí viene la firmeza de su postura vital. El desencanto de aquellos que habían simpatizado con la revolución y vieron después sus atrocidades les privó de voluntad para resistir. Él no pensaba que fuera factible crear un «hombre nuevo». Bulgákov lo formula en la sentencia que Woland pronuncia durante el espectáculo de Varietés: «Bueno, son hombres como todos... Les gusta el dinero, pero eso ha sucedido siempre... (...) Bueno, son frívolos..., ¿y qué? ... La piedad llama también a veces a sus corazones... Son seres corrientes, recuerdan a los de antes, lo único es que el problema de la vivienda los ha echado a perder...».

—¿Por qué quemó Bulgákov el manuscrito original?

—Se estaba preparando para poner punto final a su vida.

—Dice que después de haber destruido el libro Bulgákov lo escribió de memoria otra vez. ¿Es eso posible? ¿No sería un libro distinto, o lo tenía pensado hasta sus últimos detalles?

—En la primera versión, la que fue quemada, no había más de unos veinte capítulos. En las versiones posteriores estos mismos capítulos se reconstruyen de manera casi exacta (es una de las peculiaridades de talento artístico de Bulgákov). Pero en gran medida es otra novela, con dos protagonistas nuevos, quienes finalmente dan el nombre al libro.

—¿La edición que conocíamos hasta ahora estaba basada en esa reconstrucción parcial hecha por Bulgákov y divulgada por su viuda?

—No. Es exactamente la última versión de la novela con grandes añadidos dictados por el autor, cuando ya estaba mortalmente enfermo, a su esposa.

—¿Cómo fue su trabajo de reconstrucción con la ayuda de la viuda y el archivo del autor, frase a frase?

—En mi caso sólo se trata de la reconstrucción de la primera redacción de la novela. Que no tiene nada que ver con la redacción impresa (y que se publica desde entonces). Trabajé en la reconstrucción ya después de la muerte de Yelena Serguéyevna... No sólo frase a frase, sino palabra a palabra...

—Dice que comenzó a reconstruir las partes perdidas de forma hipotética, y de que su viuda y usted se convencieron de que «su arsenal retórico se componía de una serie de palabras y expresiones muy queridas, que ocupaban un lugar especial», de tal modo que se puede hablar de «cierto grado de previsibilidad en cualquier texto de Bulgákov». Es decir, ¿podemos decir que todo gran escritor tiene un idiolecto propio y que Bulgákov no es una excepción?

—Sí, el estudio de todos los manuscritos de Bulgákov me condujo en su momento a una observación inesperada y a la conclusión sobre la construcción de su universo estético. De manera breve lo expliqué en mi estudio sobre el archivo de Bulgákov en 1976. De forma más detallada presenté el material y las conclusiones treinta años más tarde, en mi trabajo sobre la poética de Mijaíl Bulgákov. Allí, basándome en un gran volumen de textos, demostré que el brillante universo de Bulgákov se construye con una especie de bloques, de elementos prefabricados, de bloques argumentales y narrativos, en general, predecibles.

—Yelena Serguéyevna, la tercera mujer del escritor y la Margarita de su obra cumbre, salvaguardó sus obras inéditas y las publicó después de 1940. ¿En qué medida se pueden establecer paralelismos entre Yelena y Nadezhda Mandelstam, y entre Mijaíl Bulgákov y Ósip Mandelstam, desde el punto de vista político, moral y literario?

—Sí, se puede hablar de paralelismos. Pronto se publicarán los borradores de las notas de Nadezhda Mandelstam de la época en que escribió sus «Memorias». Hay allí un fragmento que dice: «...A menudo discutíamos con Ó. M. sobre quien habría de morir el primero. Él hizo suyo este derecho sin contar en absoluto conmigo. Lo cierto es que él pensaba que yo no le sobreviviría, que me ayudarían a marcharme al otro mundo. Pero se olvidaron de mí y me vi obligada a seguir con vida para salvar sus versos. Seguiré viviendo en caso de que estas notas no caigan en manos de alguien. No quiero que así ocurra. Quiero vivir hasta el día en que todo lo que he salvado aparezca publicado. Yo me enfrento al imponente poder del Estado con la enloquecida obstinación de una mujer. Ya veremos quien es más terco y de qué parte está el tiempo». Aquí se ve la semejanza con la postura de Yelena Seguéyevna.

—Los archivos del KGB y de otras instituciones de la era soviética estuvieron abiertos durante unos años, y fueron fuente de valiosos descubrimientos, pero se han vuelto a cerrar. ¿No cabe que en ellos figuren obras inéditas de Bulgákov?

—Es posible: una parte de los diarios de la primera mitad de los años 20. En general, con Bulgákov todo es posible.

—¿Se podría reconstruir el Moscú de los años treinta a partir de la topografía literaria del libro de Bulgákov?

—Cuando Bulgákov en su «segundo período moscovita» residió por la zona de la calle Prechístenka dio con el círculo de los que se llamaban «los hijos del viejo Moscú». Para muchos de ellos él seguía siendo un «kievita», es decir un provinciano. Bulgákov se propuso convertirse en cantor de Moscú. Y lo consiguió. Y sí, se puede reconstruir Moscú de los años treinta a partir de su novela.

—¿Qué representa el aceite que derramó Ánushka para los lectores de Bulgákov y los estudiantes rusos en general?

—No quisiera conjeturar. En general, el aceite vegetal forma parte importante de la cotidianidad rusa desde antaño. En su tiempo, por ejemplo, descubrí que un proverbio popular ruso que dice «El aceite no estropea la papilla» (significa algo como «por mucho pan nunca fue mal año») hace referencia a la papilla de alforfón rociada con aceite vegetal...

—El libro habla de la inversión de los valores morales en la URSS, ¿se puede decir que «El Maestro y Margarita» es de alguna forma una reivindicación de la piedad en tiempos de Stalin?

—Sin lugar a dudas.

—La literatura es uno de los componentes esenciales de los que se ha dado en llamar «el alma rusa». ¿Existe algo así?

—¡El «alma rusa» es un enigma! Me abstengo de entrar en el tema.

—¿El hecho de que Lenin o Stalin se tomaran tan en serio a los escritores quiere decir que los consideraban ingenieros de almas imprescindibles en la tarea de construir el «hombre nuevo»?

—Lenin y Stalin comprendían que Rusia, al menos a partir de los años cuarenta del siglo XIX, era un país «literaturocentrista». Y por tanto no rechazaron la literatura, tal como en toda lógica exigían los teóricos de la «literatura de los hechos», auténticos comunistas convencidos, y utilizaron en toda sus posibilidades la tradicional actitud de la sociedad hacia los escritores, la confianza hacia los escritores. Así que los escritores soviéticos en su mayoría actuaron como los hilos conductores de la política de los líderes del régimen totalitario. Es decir, la actitud del poder era del todo pragmática.

—Para Vladímir Putin la desaparición de la URSS fue uno de los hitos, de las catástrofes del siglo XX. ¿En qué medida está tratando de recrear aquel imperio bajo nuevos parámetros?

—En gran medida. Espero que no lo logre.

—¿Le daría pie la Rusia de Putin y sus maniobras en Ucrania para una segunda parte de «El Maestro y Margarita»?

—Prefiero no hacer conjeturas. Pero sí, estoy convencida que los hechos actuales darán bastante material para nuestros escritores contemporáneos de talento, por ejemplo a Pelevin o Alexéi Ivánov...

—¿Cuál era la visión del cristianismo y de la figura de Cristo que a su juicio se puede extraer de su gran novela?

—Bulgákov trató de acercarnos a la personalidad del Cristo. Opino que lo consiguió en gran medida. Y acercó a la gente al cristianismo. Es importante también la figura de Iván. En la «casa del dolor» su consciencia se libera y busca saber qué fue de Pilatos y Ga-Nozri. Ante nosotros ya es un «nuevo» Iván que sustituye al «antiguo». Se sabe que en la tradición de las epístolas paulinas el renacimiento de un cristiano está relacionado con el hecho de «despojarse del hombre viejo y de sus obras, transfigurarse en un hombre nuevo» («Epístola a los colosenses», III).

—¿Se puede establecer un paralelismo entre el Maestro que escribe su visión de la pasión y muerte de Jesús y el Maestro que pretendía ser Jesús para sus discípulos?

—La novela en sus últimas redacciones se construye sobre este paralelismo.

—En «Corazón de perro» Bulgákov propone introducirse en el estómago de un perro para averiguar qué se come en Moscú. El gato que acompaña al diablo es un figura fundamental en «El Maestro y Margarita». ¿Qué papel atribuye a los animales en la literatura de Bulgákov?

—Es un papel importante. Tenemos a Shárik en «Corazón de perro», al gato Beguemot, al perro Banga en «El Maestro...». En el espacio en que encontramos al final de la novela a Pilatos junto a él está su perro Banga. Como dice Woland, «quien ama debe compartir la suerte del amado».

—¿Cómo se ha leído a Bulgákov en la Unión Soviética y cómo se lee ahora?

—¡La suerte lectora de la novela es increíble! Durante muchos años estuve convencida de que esta novela realmente repercute sólo en quienes conocen bien la vida soviética. Porque casi cada párrafo proyecta esta vida. Sin embargo, desde hace diez-quince años la novela continúa siendo la favorita de los jóvenes que como mucho conocen de oídas la vida soviética... Sólo hay una explicación: la cualidad de lo clásico... El lector ruso (y no sólo ruso) tiene hoy una idea muy imprecisa de, por ejemplo, de la realidad española del siglo XVII, situación que el autor de la novela sobre «Don Quijote de La Mancha» daba por supuesto en sus lectores... No obstante, amamos y comprendemos el Quijote. Es al parecer un rasgo propio de las obras clásicas: se van del espacio iluminado por la conciencia lectora, desaparecen los rasgos concretos de la época, y surgen al primer plano las capas que podríamos definir como eternas: la lucha entre el bien y mal en el alma de cada ser humano... Por supuesto, tan impactante para nosotros, los primeros lectores de los años sesenta, como la conversación sobre la existencia divina en el primer capítulo, a nadie ya sorprende en Rusia moderna. Para los jóvenes lectores, creo, en el primer plano se encuentran la historia del amor del Maestro y Margarita y el inigualable humor de esta novela.

—¿Se puede rastrear su influencia en los jóvenes autores?

—Indudablemente. Pero ahora mismo no podría ponerme a buscar los ejemplos concretos.

—Dentro de la gran tradición literaria rusa, ¿qué supone la aportación de Bulgákov?

—Bulgákov NO es discípulo de los clásicos rusos (como muchos escritores de la época soviética, que entonces se proclamaban como discípulos literarios de los clásicos: no se trataba de recoger su modo de ver el mundo, sino sólo de recoger su arte a la hora de componer el texto), sino que es su legítimo heredero. Es otro de los clásicos más que ha mantenido el vínculo de sangre con la gran literatura rusa. En su novela «La guardia blanca» se orienta en Tolstói, en «Guerra y paz». En su «Novela teatral» evoca a Gógol. En «El Maestro y Margarita» están presentes Gógol, Dostoyevski, Bunin...

—¿Es a fin de cuentas «El Maestro y Margarita» la gran impugnación moral desde la literatura del mundo nuevo estalinista que había decretado la muerte del espíritu y del individuo y de que el amor existe y puede vencer al mal, que también existe?

—Estoy completamente de acuerdo con su formulación.

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