500 años de «El príncipe» de Maquiavelo
Retrato de Niccolò Maquiavelo, realizado pos Santi di Tito

500 años de «El príncipe» de Maquiavelo

Hoy se cumplen cinco siglos de la carta en la que Nicolás Maquiavelo relata que había escrito un tratado que inaugura el pensamiento político moderno

Actualizado:

Nicolás Maquiavelo nació en San Casciano(Florencia) el 3 de mayo de 1469, en el seno de una familia culta de origen nobiliario pero venida a menos. Y creció durante el esplendor de Lorenzo I de Médicis, llamado el Magnífico por haber sido mecenas y protector de artistas y filósofos como Botticelli, Verrocchio, Leonardo, Miguel Ángel, Marsilio Ficino y Picco della Mirandola, imponentes figuras del primer Renacimiento. Tiempos también en los que se dejó sentir la influencia puritana de Girolamo Savoranola, monje de una religiosidad extrema.

Sin embargo, Pedro de Médicis, el Infortunado, perdió la plaza en 1494, año en el que Maquiavelo había ingresado en la milicia, luego en el servicio público y la diplomacia, llegando a ser canciller. Al servicio de aquella república que duraría hasta 1512, viajó por las cortes de Francia y Alemania. Primero sirvió a Caterina de Sforza, de quien aprendió que «es mejor ganar la confianza de la gente que confiar en la fuerza»; y luego, en la corte francesa conoció a Carlos XII, rey en el que no encontraba ninguna de las virtudes que han de adornar a un Príncipe.

Admiración por los Borgia...

Buena parte de su actividad se desarrollará durante el papado de Alejandro VI, padre de César Borgia, duque Valentino, por los que sintió gran admiración, tanta que muchos estudiosos señalan a César como uno de los modelos de «El príncipe», aunque de forma contradictoria. A la muerte del Papa, acude a Roma en 1503 para asistir a la elección de su sucesor, Julio II, gracias al favor deCésar Borgia, con quien había tenido desavenencias. Maquiavelo dirá: «Aquél que piense que los favores harán que los grandes personajes olviden ofensas pasadas se engaña a sí mismo», cosa que efectivamente ocurrió, pues el papa luchará para acabar con el poder del duque. También admirará a Julio II, de quien aprendió que el osado y no el precavido están llamados a gozar de fortuna y a conquistar a las mujeres.

... y por Fernando el Católico

En 1507 viaja a Alemania donde conoce al emperador Maximiliano I de Habsburgo (padre de Felipe el Hermoso y abuelo de Carlos V de Alemania y I de España) para convencerle de que no ampliara sus posesiones a costa de territorios italianos, salvando a Florencia. No halló en él grandes virtudes, pues le consideró hombre de poco carácter y algo pusilánime, y juzgó a los alemanes como gentes de política débil pese a su poderío militar. En cambio, sí admiró a Fernando el Católico, su consuegro, quien había logrado grandes éxitos amparado en la Religión sin practicar los principios de la piedad, la fe, la humanidad y la integridad.

Producción literaria

A Maquiavelo de nada le sirvió haber apoyado a los Médicis, porque cuando recuperaron el poder en Florencia, primero lo despidieron y luego Cosme I mandó apresarlo y torturarlo bajo la acusación de haber conspirado contra su familia. El Papa Leon X, segundo hijo de Lorenzo el Magnífico, medió en su favor y pudo retirarse a San Casciano, donde vivió modestamente y pudo dedicarse a la literatura, escribiendo varios libros, entre los que destacan «Discursos sobre la primera década de Tito Livio» (en el que hace profesión de fe por la República, a su juicio mejor que la aristocracia, la tiranía, la democracia o la monarquía, pues concilia el espíritu del pueblo y el de los grandes que quieren gobernarlo); «El príncipe» (escrito para asesorar a Lorenzo II de Médicis, a quien se lo dedica para congraciarse con él, y en el que contradice su visión republicana por la del principado, es decir, por la dictadura romana); y «Del arte de la guerra».

Murió en 1527 sin alcanzar el gran reconocimiento que le brindará la posteridad, pues su pensamiento y su obra serán fundamentales para configurar la ciencia política moderna, sirviendo de guía a personalidades como Napoleón, quien advirtió en sus textos algo que Maquiavelo nunca dijo, pero que se desprende de ellos: «El fin justifica los medios».