El escritor polaco Stanislaw Lem
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Stanislaw Lem: un escritor de otra galaxia

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De un tipo que a los veinte años se dedica a sabotear automóviles nazis se puede esperar cualquier cosa. Como que, acabada ya la guerra, deje la carrera de Medicina porque no quería ser cirujano a las órdenes de los soviéticos que dominaban a través de sus títeres en su Polonia natal. Desde entonces, Stanislaw Lem ya sería visto con malísimos ojos por los estalinistas, que con su tijera censora cayeron sobre su primera novela, «El hospital de la transfiguración», escrita en 1948, a sus veintisiete años.

Tres años más tarde, publicaba «Los astronautas», primer paso de su excepcional carrera literaria, que pasa por títulos como «Edén» (1959), «Memorias encontradas en una bañera» (1961), «Solaris» (1961) (¿es la inteligencia no humana que domina la novela una metáfora del estalinismo?), «Relatos del piloto Pirx» (1968), o «Congreso de futurología (1971)».

Hombre muy peculiar, Lem usó la ciencia ficción para descubrir desasosegadorers mundos que no están en este, y muchas de sus parábolas, sus imaginaciones, sus delirios y hasta sus profecías, sin que en ellas faltara el humor, reflejaron la angustiosa existencia de los seres humanos llevados más allá de la realidad conocida.

Como explica su editor, Enrique Redel, de la editorial Impedimenta, sus ideas filosóficas transmitidas a toda su obra siempre nos hablan de «la visión de la Naturaleza como una incansable creadora de nuevos y diversos seres, la elucubración sobre los nuevos tipos de inteligencia, la libertad como utopía, los límites de la bioingeniería o la inteligencia artificial».

De la parodia a la filosofía

A Lem le gustaba que todos sus relatos fueron reuniéndose y publicándose agrupados en libros, pero a lo largo de su vida algunos de ellos no llegaron a esta condición. Trece de ellos son los que ahora rescata por primera vez en castellano Impedimenta, bajo el título de «Máscara». Hay parodias de las historias de los alienígenas, pesadillas, filosofía, incluso amor, como en el cuento que da título al libro.

Esta edición tiene un origen curioso, como explica Enrique Redel: «Un buen amigo, amante de Lem, me habló de un libro suyo, de ciencia ficción, titulado "La nube de Magallanes". No había sido publicado en castellano y me dijo que quizás sería interesante rescatarlo. Escribí, pues, al secretario de Lem, Wojciech Zemek, que me sirve de intermediario entre la editorial y Bárbara y Tomasz Lem, mujer e hijo, respectivamente, del escritor. Es sabido que Lem era muy perfeccionista y que nunca daba a la imprenta nada de lo que no estuviera completamente orgulloso. Wojciech me dijo que Lem no estaba muy contento con "La nube de Magallanes", y que prefería no darme los derechos, porque la obra no estaba a la altura de su genio. Me ofreció, sin embargo, una recopilación de relatos de ciencia-ficción que yo no conocía. Su título, Máscara. La verdad es que yo no tenía ni idea de que existían relatos inéditos en España de Lem, y me sorprendió. Pero cuando me los pasó, la traductora, Joanna Orzechowska, se quedó alucinada. Unos relatos de una calidad tremenda, inéditos en castellano, prácticamente perdidos en Polonia, que se habían caído de ciertas antologías antiguas de los que los editores de Lem los habían sacado por razones de extensión o temáticas (nunca de calidad) y que abarcaban cuarenta años de andadura».

Difícil traducción

Hora es, pues, de que la traductora de estos relatos tome cartas en este asunto: «Lem siempre es difícil de traducir –dice Joanna Orzechowska–, y en el caso de estos cuentos la dificultad principal residía en su diversidad, cada uno posee su propio ritmo y su estilo, tienes que cambiar constantemente. También es difícil, pero es propio de todas las obras de Lem, la multitud de términos científicos: es necesario comprobar su significado en ambos idiomas para no equivocarse».

Sin duda, la obra de Lem, repleta de significados diversos, de universos que se expanden o se contraen, que roza las estrellas, cuando no habita en ellas, debe ser un reto para el traductor: «Sí, en este caso también crea universos, teorías, aunque a un tamaño menor que puede ser una novela. Como dijo el poeta Néstor Carmona, “Quien traduce, tiembla”, yo creo que quien traduce a Lem tiembla más».

Amor y ciencia-ficción

Traducido el maestro, Orzechowska habla ahora como lectora: «Me ha encantado descubrir el sentido de humor de Lem, así como verle por primera vez hablar de amor (en el relato "Máscara", que me parece uno de los más visuales y más conmovedores…».

Estamos ante unos relatos que, como explica Redel, «abarcan desde el año 1956 (cinco años antes de publicar "Solaris") hasta 1996 (cuando ya prácticamente había dejado de escribir), que inciden en los mismos temas que hicieron de Lem un autor de referencia en el campo de la ciencia ficción: el humor, la elucubración científica, la vida artificial, los límites de la biotecnología y los peligros del contacto con civilizaciones extraterrestres (o su imposibilidad). Creo que Máscara es un excelente modo de entrar en el Universo Lem de un modo ameno y rápido, como trampolín para el resto de sus obras». Stanislaw Lem, sin duda, un escritor de otra galaxia.