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Cultura - Libros

Vila-Matas, historia de un estilo

«Fuera de aquí» reúne las conversaciones del escritor con su traductor francés André Gabastou

sergi doria - Actualizado: Guardado en: Cultura Libros

Enrique Vila-Matas celebra el cuarenta aniversario de su primera novela. Se titulaba “Mujer en el espejo contemplando el paisaje” y se la publicó Beatriz de Moura. Aquel año, Vila-Matas hacía el servicio militar en el norte de África: “La escribí por las tardes en la trastienda de un colmado del regimiento de artillería, sin ánimo de publicarla, sólo por no perder el tiempo…”

Para definir la autobiografía literaria, Vila-Matas se decanta por las opiniones contundentes de Nabokov: “La mejor parte de la biografía de un escritor no es la crónica de sus aventuras, sino la historia de su estilo”.

De los treintena larga de títulos que conforman ese estilo habló con su traductor francés, André Gabastou, a lo largo de 2009: unas conversaciones reunidas en “Vila-Matas, pile et face” que ahora publica en España Galaxia Gutenberg con el título de “Fuera de aquí”. Las conversaciones vieron primero la luz en el país vecino, “porque hubo un momento en que tenía más libros publicados en Francia que aquí”, aclara Vila-Matas. ¿Sus tres las novelas más populares?: “Bartleby y compañía”, “París no se acaba nunca” y “Dublinesca”, aunque el autor prefiere “El mal de Montano” y “Doctor Pasavento”.

La edición española añade un apéndice inédito con las opiniones del escritor sobre sus obras a raíz de una entrevista con Rodrigo Fresán para “Letras Libres”. “La asesina ilustrada” la escribió en la buhardilla parisina que le alquiló Marguerite Duras durante su estancia parisina, y que años después recreará en “París no se acaba nunca”. En 1985, se atrevió a desafiar la literatura “apelmazadamente realista” aplicando su fórmula magistral: el cóctel realidad-ficción de “Historia abreviada de la literatura portátil”, un título que marca un antes y un después en su trayectoria. Al crítico de "El País" no le gustó: “Se nota que su autor veranea en Cadaqués”.

Vila-Matas había sembrado su literatura posterior. En “Suicidios ejemplares” enlazó relatos sobre el suicidio. Los que se retiran de la vida constituían un precedente con los que se retiran de la literatura en vida: “Bartleby y compañía”. Con “Extraña forma de vida”, deudor de Amalia Rodrigues, se enamora de Lisboa: “Acabé transformándome en una especie de Fernando Pessoa del barrio de Gracia de Barcelona”. Para Vila-Matas, la extraña forma de vida del escritor “es la única forma interesante d estar en el mundo”.

La inspiración portuguesa propulsó “El viaje vertical” (1999) tras la visita a Madeira para participar en unas conferencias sobre la Atlántida: “Al llegar a Barcelona, imaginé que el viaje lo había hecho mi padre, nacionalista catalán que en Madeira se interesaba, no por la Atlántida sino por saber si había movimientos independentistas en la isla”.

Llegó Bartleby con sus autores del no, pero Vila-Matas siguió escribiendo. En “El mal de Montano” (2002) carga cual moderno Don Quijote “contra los abundantes enemigos de la literatura”. Son años luminosos y numinosos. “París no se acaba nunca” (2003) con la Duras de por medio, “un intento de darles a mis lectores alguna noticia verdadera sobre mí”.

La idea de la desaparición siguiendo las huellas en la nieve de Robert Walser de “Doctor Pasavento” (2005). “Admiro de este escritor suizo –precedente obvio de Kafka- la extrema repugnancia que le producía todo tipo de poder y su temprana renuncia a toda esperanza de éxito, de grandeza”. Metido en eclipses, nos lleva en “Dublinesca” (2010) por los vericuetos del otoño de la vida con el editor acabado Samuel Riba de protagonista. Y en “Aire de Dylan” aborda la productividad literaria confrontándola con el síndrome de Oblomov: “El personaje radicalmente gandul de la literatura rusa”. No es el caso de Vila-Matas: el año próximo publica “Kassel no invita a la lógica”.

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