Viaje a los libros del Toledo de Alfonso X

Viaje a los libros del Toledo de Alfonso X

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Historia palpable en la red: la Fundación Ignacio Hernando de Larramendi en colaboración con la Fundación Mapfre y la Universidad de Castilla-La Mancha ha puesto en marcha la Biblioteca Virtual de la Antigua Escuela de Traductores de Toledo, programa que ha encabezado Javier Agenjo Bullón, director de Proyectos de la fundación organizadora, y que permite acceder a un fondo de 1.500 obras dispersas en diferentes bibliotecas, instituciones culturales y universidades españolas y europeas.

La Antigua Escuela de Traductores de Toledo tuvo su antecedente en las de Bagdad y Alejandría que «habían incorporado a la cultura musulmana –explica Javier Agenjo Bullón a ABC– las obras fundamentales de la antigüedad grecolatina (así Averroes traduce e interpreta a Aristóteles). Nace tras la conquista de Toledo por parte de Alfonso VI en 1085, cuya sede obispal se convertirá, sólo tres años después, en la primada de España. Allí se reunirán estudiosos procedentes de toda Europa, como Raymond de Sauvetát (Raimundo de Toledo), el impulsor de la Escuela de Toledo; Michael Scott (Miguel Escoto) y Alfred of Sareschel. Entre sus objetivos estaba conocer en profundidad a su enemigo, por ejemplo, traduciendo el Corán para poder combatirlo».

Amalgama de culturas

Los traductores, según Agenjo Bullón, eran de diversa procedencia: «Judíos sefardíes, árabes y cristianos conocedores del latín, el griego, el hebreo y el árabe. Y mozárabes, que eran cristianos que utilizaban el árabe de forma cotidiana. Más que de la ‘Ciudad de la Tres Culturas’ debería hablarse, por ello, de la ‘Ciudad de las Cuatro Culturas’, incluyendo a la mozárabe». Menos conocido es que la Escuela no estuvo auspiciada solo por los reyes castellanos (Alfonso X brilló en ella y sus obras pueden consultarse en esta Biblioteca Virtual), sino también por la Iglesia y por órdenes religiosas como la de Cluny.

La Escuela fue un ejemplo de trabajo en equipo. «El segoviano Domingo de Gundisalvo vertía al latín a partir de las traducciones que el judío converso sevillano Juan el Hispalense hacía a la lengua vulgar. De esa forma llegaron a la cultura cristiana Avicena, Avicebrón o Algazel», continúa el estudioso. También había intérpretes sefardíes, como Yehuda ben Moshe o Andrés el judío, o mozárabes. «Por eso, a veces aparecen como autores un traductor y varios ‘socios’», –asevera Agenjo–. En puridad, no era una sola escuela, porque se relaciona con los ‘estudios’ de Salamanca (1208); o Palencia, (1218); que eran relativamente autónomos de las escuelas catredalicias. Más adelante, Alfonso X fundará la Escuela de Sevilla… Hubo una gran labor de equipos.

Sobre el funcionamiento de la biblioteca virtual, Agenjo explica que se han enriquecido los documentos ya digitalizados gracias a una aplicación: Digibib. El lector interesado no sólo puede acceder desde un punto de la web a los manuscritos, incunables y ediciones príncipe. Además dispone de otras herramientas informáticas que permiten relacionarlos entre sí y con obras de otros de autores que las han estudiado, o que han recibido influencia de ellas. Y se integran en las grandes redes Hispana y Europeana, y en otras; acompañando la navegación con registros de autoridades equivalentes a entradas enciclopédicas digitales. Todo ello bajo el sistema Open Linked Data, al que se ha adherido la Digital Public Library of America (creada en abril de 2012 y que ya dispone de 3 millones de referencias), y que lo ha adoptado junto al modelo de datos creado en Europa, el Europeana Data Mood.