«Hola, Lorquita. Adiós»
Federico García Lorca (izquierda) y Salvador Dalí (derecha), compartieron años de juventud en Barcelona - abc
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«Hola, Lorquita. Adiós»

Un volumen reúne por primera vez la correspondencia cruzada entre Salvador Dalí y Federico García Lorca

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En enero de 1986, tres años antes de morir, Salvador Dalí envió una carta a un diario para matizar un artículo en el que, aseguraba el pintor ampurdanés, se subestimaba su relación con Federico García Lorca. «Fue un amor erótico y trágico, por el hecho de no poderlo compartir», sentenciaba Dalí en un escrito que reaparece ahora para cerrar «Querido Salvador, querido Lorquito» (Elba), libro que reúne por primera vez la correspondencia que intercambiaron el pintor catalán y el poeta granadino entre 1925 y 1936.

Pese a que algunas de las cartas ya habían aparecido en otros libros y epistolarios, este nuevo volumen, a cargo del periodista Víctor Fernández, ahonda en la relación entre ambos artistas a partir de textos desconocidos, correspondencia de Lorca con Ana María Dalí y Lidia Noguer, y dibujos inéditos de Salvador Dalí dedicados al autor de «Poeta en Nueva York».

Juego de seducción

«Es un epistolario muy sincero. Hay un juego de seducción y no bajan la guardia en ningún momento. Lorca intenta seducir a Dalí y éste intenta estar a la altura intelectual de su amigo granadino», explica Fernández sobre «Querido Salvador, querido Lorquito», que recoge desde postales telegráficas de Dalí -«Hola, Lorquito. Adiós»- a disquisiciones sobre el «Ulises» de James Joyce, pasando por comentarios sobre la obra de ambos y mordaces anotaciones a pie de página -«¿te acuerdas de aquella estructura estrambótica de carne y hueso (pero que parecía mentira) que se titulaba MAX Aub?», le pregunta Dalí a Lorca en la última carta que se conserva-.

«Es muy bonito el universo que se crea, esa locura compartida», señala Fernández, quien desmiente que Dalí traicionase a Lorca proclamando un incomprendido «¡olé!» tras conocer la muerte del poeta. De hecho, el propio pintor se encarga de explicarlo en uno de los manuscritos que recupera el libro y en el que aclara que «Lorca consideraba la palabra ¡Olé! como el grito más desgarrador que surge en los momentos más trágicos del cante jondo».

Tampoco es casual que, como recuerda el periodista, una de las enfermeras que cuidó a Dalí en sus últimos días asegurase que lo único que alcanzó a entender de boca del pintor fue «el meu amic Lorca» (mi amigo Lorca). «Cuando muere Lorca, aparece el sentimiento de culpa. Dalí se crea la fantasía de que podría haberlo salvado, y es entonces cuando el poeta empieza a aparecer en sus cuadros», explica. Es también entonces cuando el pintor consigue que Paul Éluard traduzca al francés «Oda a Salvador», algo que el propio Dalí considera como una de las pruebas de que su amistad con Federico García Lorca, con Lorquito, no cesó nunca.