«Hernán Cortés es el autor de la Historia Verdadera de la conquista de la Nueva España»

Actualizado:

La polémica está servida y es transatlántica, por el libro «Crónica de la eternidad» de Christian Duverger. Hace apenas dos meses se publicó en México y ahora acaba de salir en España editado por Taurus. Duverger, historiador francés y biógrafo de Hernán Cortés, ha roto varios tabúes sobre la conquista. En concreto, afirma que Bernal Díaz del Castillo no pudo ser autor de la «Historia verdadera de la conquista de la Nueva España», un libro canónico que relata las andanzas de los 500 españoles que conquistaron el imperio azteca en 1519. Y demuestra su hipótesis acudiendo a las fuentes originales, a todos los documentos conservados, señalando lagunas y contradicciones largamente aceptadas por la historiografía.

Pero no se limita a dudar de la personalidad de un soldado como autor, sino que va más lejos al apuntar como única identidad posible del verdadero responsable de aquella obra al propio Hernán Cortés, quien lo habría escrito -según indica- en los tres años finales de su vida, de los que no hay noticia... o no había, porque también aporta pruebas documentales de que en esos años (1543-46) el conquistador creó una «academia» en su casa de Valladolid de la que se saben sus miembros, lecturas y debates, gracias a un relato posterior ahora identificado. La tesis es apasionante. El libro, además, está escrito con nervio narrativo sobre la intriga histórica, de manera que se lee como una novela.

Dos mitos quebrados

La reacción de los más prestigiosos estudiosos no se hizo esperar y han refutado con duras palabras varias de las pruebas de Duverger. Él se defiende como un historiador sin miedo a quebrar mitos y romper tabúes, al que le ha tocado abrir los ojos sobre hechos que han estado ahí y que nadie, por la presión de la tradición, ha querido ver. De hecho demuestra también que el único retrato de Bernal es en realidad la figura de un rey francés, Enrique IV, descendiente de uno de los miembros de aquella academia «cortesiana» de Valladolid. Un error de bulto con el que ha terminado de manera definitiva.

-Da la impresión que ha provocado usted una reyerta de estudiosos y todos tienen la navaja de Occam en la mano, pero falta saber quién tiene la hipótesis que mejor se amolda a lo que sabemos por los documentos y a lo que no sabemos por la ausencia de documentación. Es muy sugerente su idea pero, ¿quién gana, navaja en mano?

El libro ha provocado la irritación de un círculo de especialistas-El libro sale en España pero tiene ya dos meses de existencia en México y Francia. Inmediatamente, tras la publicación allí hubo una primera ola de opiniones que viene de un círculo de personas dedicadas al tema y que no habían leído el libro, que rechazaron por principio la hipótesis y entraron en una defensa de la situación actual. Vimos que más que un rechazo hay una irritación porque toco a dos mitos, Cortés y Bernal. Mi sentimiento es que esas reacciones fueron epidérmicas, no sobre el fondo, a favor de no cambiar nada en la historia tal y como la conocemos hasta hoy.

-Sin embargo también le han criticado cosas muy concretas: dónde estaba la Audiencia, (si en Guatemala o Panamá) o la aparición de Bernal en documentos anteriores a los que usted cita...

-Hay que ser serios: lo que digo de la Audiencia es la verdad. Los otros se equivocan y punto. Es un error. La fecha en la que Bernal dice haber escrito, febrero de 1568 en la muy leal ciudad de Guatemala, sede de la Audiencia, es imposible, porque entonces estaba en Panamá, como demuestro. Si lo digo es cierto, se puede comprobar. Esa frase ha estado a la vista de cada investigador desde 1632. Pero estábamos ciegos. Llega un momento que debemos ser críticos con todos los elementos. Muchas certezas se vuelven creencias con el tiempo y no se apoyan en bases firmes. Luego viene la duda y entonces es el momento de investigar. El libro explica eso. Sin embargo, ningún historiador puede abarcar la totalidad de la documentación disponible. No podemos pensar que hay una sola verdad. Yo no la tengo, nunca tenemos la totalidad de la verdad.

-¿En Francia también le criticaron, o el rechazo de sus tesis ha sido una realidad más bien hispana?

-Todos deseamos seguir conociendo al Bernal que conocemos desde 1632 y deseamos conservar la imagen del Cortés satanizado que conocemos desde hace siglos. Ese rechazo visceral no entra en contenido del libro. En Francia no hubo reacciones inmediatas. Los especialistas esperaron a leer el libro y comprobaron el aparato crítico que presento. Las críticas han sido mayoritariamente positivas.

-Pero no puede negar que su libro es provocador también en su ambición de consolidar una hipótesis tan audaz.

No es un libro de fantasía, es el producto de 20 años de investigación-No digo que no hay zonas de sombras, claro que las hay, pero la calidad de la información documental y la lógica de la hipótesis y la demostración parecen bien establecidas. A pesar de las críticas, el público y la prensa han recibido el libro extraordinariamente. Llevamos varias reediciones tanto en Francia como en México. Mire, no es un libro de fantasía. Es el producto de veinte años de investigación si sumamos la biografía de Cortés que escribí anteriormente. Es un estudio global.

-¿Cuando escribió la biografía tenía ya sospechas sobre el Cortés escritor y no dijo nada?

-Sí, pero no podía proponer un Cortés diferente sin realizar el trabajo de investigación. Después me adentré en el contexto, en la vida de España a finales del XVI y en el estudio de la imprenta y la censura, con todo detalle.

-¿Entiende que este libro completa el retrato de Cortés?

-El libro cambia muchas cosas, porque la tradición que presenta a Cortés como una personalidad brutal que aniquila a los indios para robarles el oro es una simplificación también brutal.

-¿Cree que si se hubiera centrado en los problemas de la autoría de Bernal el libro habría tenido mejor recepción académica? ¿No cree que arriesgó mucho más con la tesis de que Cortés es el autor?

-Yo no hice el libro por la polémica, y uno de sus mayores méritos es que por primera vez un historiador invita al lector a entrar en la fábrica de la historia.

-¿En qué sentido?

Mi libro invita al lector a entrar en la fábrica de la historia-Trabajamos tanto con los documentos como con los mitos y las creencias de cada época y finalmente puede ser difícil diferenciar un hecho documentado de lo que es una creencia. Paralelamente descubrimos que los manuscritos tienen sus vidas, sus avatares, especialmente en esa época. Un manuscritos se esconde, se vende, se hereda, se olvida...

-A veces es un juego literario, tal y como hizo Cervantes con Cide Hamete

-Exacto. Y finalmente, lo que mi libro describe es toda esa idea de la vida del manuscrito y del libro impreso, que se acerca a la verdad. Un libro se puede reatribuir. Y lo que yo propongo es la reatribución de un libro muy famoso.

-Ilumina usted el final de la vida de Cortés

-Nos faltaban datos sobre tres años en la vida de Cortés. De 1543 a 1546, mientras está en Valladolid, antes de ir a Madrid y luego a Sevilla, donde muere sin tomar el barco hacia Nueva España. Ninguna biografía hablaba de lo que hizo Cortés en esos años. Y lo que descubrí con datos es muy relevante, y no se va a cambiar.

-¿Cómo pudo... atraparlo?

De Cortés en Valladolid no se sabía nada y aporto muchos datos-Encontré la dirección de Cortés en Valladolid, y cuántas personas había bajo su techo, porque a veces pagaba y otras no, y hubo denuncias. Cuando no pagas generas documentación muy interesante, algo precioso para el historiador. Las deudas dejan huellas. Así que pude hacer una reconstrucción. Y encontré también el contenido de la tertulia que realizó en su casa, una verdadera academia que reunía a hombres de poder que discutían sobre temas importantes, de impacto social y también sobre el idioma. Veinte años más tarde de la muerte de Cortés un señor que se llama Pedro de Albret, un navarro, medio francés y medio español, publicó un libro que contiene detalladamente las discusiones que tuvieron lugar en la casa de Cortés de Valladolid y la identidad de los hombres que participaban. Es una visión que no teníamos sobre los intereses intelectuales de Cortés, que ahora aparece claramente como un hombre del Renacimiento. En España trató de construir el idioma adecuado con el fin de reflexionar sobre su actuación en el pasado. Cortés no fue solo un conquistador sino también un pensador de su conquista.

-¿En algún momento pensó que iba demasiado lejos?

Dudé sobre la oportunidad de publicar este libro-Hubo un momento en el que dudé sobre la oportunidad de publicar el libro. Lo llevé conmigo tantos años que sentí llegar el momento de transmitir los conocimientos. Las dudas no son tanto por Bernal como por Cortés. Creo que la autoría de Bernal hay que abandonarla, prácticamente, porque hay tantos problemas para reconstruir su paternidad que es casi imposible sostenerla. Pero pasar a la autoría de Cortés es un salto importante. En un momento dudé si se podría cambiar hasta este punto la imagen de Cortés.

-Para sostenerlo ha estudiado también el lenguaje en comparación con las Cartas de Relación

-Es que hallé muchas evidencias de su interés por el idioma, un tema en el que también estaba a favor del mestizaje. Tuve la idea de analizar el estilo de la "Historia Verdadera" como si fuera de Cortés, y encontré muchos elementos que apoyan la firma del conquistador.

-¿Por ejemplo?

-En nahuatl se dicen conceptos con varias palabras, no se dice negro sino color de la noche, por ejemplo. Y tanto en las Cartas de Relación como en la Historia Verdadera figuran estas expresiones y eso es inquietante. Es un indicio que converge con muchos otros que señalan, todos en mi opinión, a Cortés. No podremos conservar la imagen de Cortés alejada del espíritu del Renacimiento, como si fuera un hombre sanguinario y exclusivamente sanguinario. Yo no niego que hubiera violencia en la conquista.

-Es que no se conquista un imperio con estilo literario

Cortés era un hombre del Renacimiento, no un soldado sanguinario-No, claro. No niego la violencia bélica de la conquista. Pero además reivindico que hay una faceta que es mucho más interesante y desconocida. Hay que luchar para abandonar lo que creemos verdadero y luego resulta ser falso. Como pasó con la edición del manuscrito de Guatemala de la Historia Verdadera, realizada en 1904, hace más de cien años, que se publicó como autógrafo e ilustrado con un retrato supuesto de Bernal Díaz del Castillo.

-Afirma que el retrato es de un rey francés.

-Hay más, en el manuscrito supuestamente autógrafo de Bernal he encontrado seis amanuenses distintos, tras el análisis. ¿Cómo se le puede pasar esto a un historiador? Además, como dice, se publicó un retrato de Bernal que he demostrado que era del rey francés Enrique IV, con banda blanca y todo. Se le reconoce porque era protestante y el color protestante en Francia era el blanco, así que siempre vestía esa banda blanca, porque era para él un éxito que el blanco acabó siendo el color del Rey. Esto es muy conocido en Francia. Pero el falso retrato de Bernal lo hemos tomado por cierto durante más de 100 años. Y eso significa que los esquemas mentales nos fallan. El que abre los ojos tiene un papel muy difícil, pero creo que es el papel del historiador y yo quiero asumirlo.

-¿Usted se conforma con esa función o prefiere que se demuestre la totalidad de su hipótesis?

-Creo que el libro ha cambiado nuestra tradición, la historia oficial. En el fondo, si no tenemos a Bernal, ¿quién pudo escribirlo? Yo estoy esperando que alguien responda con otras propuestas.

-Le han criticado también que Cortés no debió tener tiempo en Valladolid para escribir tanto.

-La Crónica Verdadera corresponde más o menos con lo que se podría escribir en tres años. Después Hernán Cortes muere, y es algo que yo entiendo, porque realizó un esfuerzo enorme, escribía dos libros a la vez.

-Afirma que la censura influyó en su decisión de ocultar su autoría.

Sus obras se habían quemado, era un autor prohibido y lo sabía-Al final de su vida, Cortés sabe que es un autor prohibido, sus Cartas de Relación se han quemado por toda España, allá donde las encuentran, y él debía temer. Se esconde en el anonimato, pero fíjese que en el final de la obra dice más o menos que “no soy el primero en escribir el relato de mi epopeya, porque por ejemplo ya lo hizo Julio Cesar que evidentemente tenía sus comentaristas”. Se sobreentiende que él también tenía los suyos, Gomara o Cervantes de Salazar, pero -añade- “no fue suficiente para el César y decidió tomar él mismo la pluma para relatar sus conquistas”... La cita no es textual. Pero creo que un soldado raso como Bernal no podría haber escrito una cosa así.

-La poca cultura que otorga a Bernal Díaz del Castillo es otro de sus argumentos. Y que Cortés sí la tenía.

-Demuestro que Cortés cita tres veces un libro de Guevara, el Libro Áureo de Marco Aurelio, en el que se utiliza un recurso que dio la idea a Cortés de usar un narrador ficticio. Guevara en 1528 inventa una correspondencia del emperador estoico y esas cartas las escribía Guevara, como mezcla de historia y novela. Creo que Cortés pensó que podría hacer esa mezcla de historia y elementos ficticios. Es algo culto e inteligente en un punto accesible para un soldado raso.

-Desde el inicio de su libro se ve la conflictiva relación de Cortés con el emperador. ¿Cree que esa tensión define en cierto modo ese momento?

-Casi todo lo que pasa en la primera mitad del siglo XVI en España se puede interpretar desde el conflicto entre Cortés y Carlos V, porque ambos son los portavoces de opiniones encontradas. No hay una sola verdad, conviven dos conceptos del mundo y de las reglas de la sociedad. Esa tensión genera lo que ya es un mundo muy moderno, con esas corrientes que coexisten, sobre la censura, sobre la naturaleza de la que emana el poder, sobre el mestizaje. Este punto puede interesar especialmente a los lectores españoles.