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Duelo de violines en «La casa del silencio»

La escritora Blanca Busquets se sumerge en su última novela en el mundo de la música clásica para narrar una historia de pasiones, desamores y soledad, con Bach como telón de fondo

susana gaviña - Actualizado: Guardado en: Cultura Libros

Blanca Busquets compartío su infancia con la música clásica. Su padre, que le enseñó a leer una partitura a los tres años, la inculcó la pasión por ella además de animar a todos sus hijos a tocar un instrumento, en su caso fue el piano, al que después añadió el canto. «He actuado en coros y participado en todo tipo de conciertos», asegura la escritora catalana.

Sin embargo, la vida la llevó por otros derroteros. Aunque siempre pensó que «sería música», las jornadas maratonianas de estudio la desanimaron, «y me dí cuenta que no lo era», y abandonó el teclado del piano por el del ordenador.

Ganadora en 2011 del Premi Llibreter por su novela «La nevada del cuco», alumbra ahora su sexto libro, «La casa del silencio» (Grijalbo), un «divertimento» con el que se recupera de la gravedad de su anterior trabajo y paga una deuda.

«En todos mis libros me gusta poner algo de mí y todavía no habia incluído la música en ninguno -explica-, además me encanta el "Doble concierto" de Bach. Siempre he imaginado el primer movimiento protagonizado por dos violinistas que eran amantes del director», bromea.

Una historia que al final ha cobrado forma en esta novela coral que gira alrededor de un director de orquesta de la Alemania del Este, exiliado en Barcelona y que imparte clases de música «a fondo» a sus alumnas. También es la la historia de un violín Steiner que pasará por muy diversas manos, alimentando vocaciones y encendiendo envidias, hasta volver al punto de origen. Completan el cuadro Anna y Teresa, dos violinistas enfrentadas por amor y por desamor; y María, que se ocupa de la casa y cuida del director de orquesta. Tres mujeres de muy diferente procedencia cultural y social, que aman a Karl y a la música de muy distintas maneras.

«Siempre tuve la idea de incluir dos personajes femeninos que hicieran música, una con alma y otra sin ella. Esto me permitía demostrar de dónde venían estas cualidades y estas carencias. El tercer personaje, María, tenía que ser diferente. Procedente de otro mundo, viene de Andalucia, su mirada tenía que ser el contrapeso». Ella será testigo del ir y venir del resto de personajes, de sus triunfos y de sus fracasos.

Karl representa a los músicos venidos de detrás del Telón de Acero, «conocí mucho cuando me dedicaba a la música y me demostraron que esa separación se difuminaba gracias a la música». Un personaje que reúne también muchos de los clichés de la profesión, y para el que no se ha inspirado en nadie concreto así que no busquen semejanzas. Karl conjuga su pasión por las mujeres con una soledad elegida libremente. «Muchos músicos lo llevan muy bien, lo aceptan como parte de su vida al entregarse a la música, pero ese no es el caso de Anna». A ella le ha venido impuesta.

Muchos secretos

Por paradójico que parezca, y a pesar de que la música transita por cada una de las páginas de esta novela, el libro lleva por título «La casa del silencio», una casa donde tras las puertas se guardan muchos secretos «que suceden en los sofás», bromea Busquets.

Convencida de la importancia de la música dentro de la formación, también lo ha aplicado en el seno de su propia familia, la escritora lamenta que no forme parte en los planes de estudios actuales, «que no se den cuenta de que la música impartida a un niño de seis años le ayuda a aprender mejor el resto de asignaturas porque abre la memoria, la capacidad humanística... La música nos da todo», asegura Busquets que confiesa su pasión por Bach, Mozart y Richard Strauss, y que lleva en su ipod la «La Pasión según San Mateo» de Bach, dirigida por Harnoncourt.

Con esta deuda pagada, su próximo proyecto literario se centrará en su generación, la del 61. «Somos una generación perdida entre los hippies y los yuppies. Se nos murió Franco a los 15 años, a los 20 tuvimos el golpe de Estado, hemos vivido la época del Sida...».

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