Percival Everett: «El humor es la forma más efectiva de desarmar a un lector»
Percival Everett, fotografiado en Barcelona - inés baucells

Percival Everett: «El humor es la forma más efectiva de desarmar a un lector»

Actualizado:

“Sea usted mismo. A menos que se le ocurra alguien mejor”, le dice la recreación literaria de Percival Everett (Georgia, 1956) a su protagonista en una de las páginas de “No Soy Sidney Poitier” (Blackie Books), segunda novela del autor estadounidense que se traduce al castellano tras la asombrosamente delirante “X”.

Lo de ser uno mismo, sin embargo, no es tan sencillo, ya que el sujeto en cuestión se llama exactamente así, No Soy Sidney Poitier, una losa en forma de nombre que nuestro maltrecho protagonista carga por toda la novela tratando de buscar su identidad a partir de tan estrambótica negación. “Soy alto y negro, y el mundo me ve parecido al señor Sidney Poitier, algo que mi pobre madre, trastornada y ya fallecida, no podía saber cuando nací y me puso por nombre No Soy Sidney Poitier”, nos dice No Soy Sidney en la presentación de una novela con la que Everett sacude temas como el absurdo, la identidad y las tensiones raciales mientras su protagonista se enfrenta, tropezón tras tropezón, a su propia identidad a partir de la negación de la misma.

Una hilarante y rocambolesca manera de definirse para un autor que se escabulle constantemente burlando géneros y fintando elegantemente cualquier posible etiqueta. "Me han llamado posmoderno, experimental, escritor sureño, escritor académico y, por supuesto, escrito afroamericano. Me resulta increíble poder ser todas esas cosas al mismo tiempo. Además, ¿qué diablos vendrás después de posmodermo? ¿Posposmoderno?”, bromea un Everett que confiesa que llegó a "No Soy Sidney Poitier" casi por casualidad. "Empecé a pensar en los nombres, en su importancia y en afectan la manera como somos percibidos y decidí jugar con el icono de Sidney Poitier. Pero realmente no sé cómo llegué hasta ahí. Simplemente ocurrió. Y esa es la magia de la novela", explica.

La magia está también en la habilidad con la que Everett, socarrón y burlesco, se carcajea de las conveciones mientras enfrenta a su protagonista a un destino hecho un auténtico lío, a un Ted Turner que obviamente no es Ted Turner, a collejas y ataques raciales, a estallidos de codicia y, faltaría más, a escenas como salidas de películas de Sidney Poitier.

-¿Por qué Sidney Poiter?

-En los años 50 y 60 él era el actor negro "seguro" para América. Su apariencia, incluso cuando hacía de tipo de duro, era la de la clase de persona de la que la América blanca no tendría que preocuparse. De hecho, en ese tiempo no había otros actores protagonistas negros.

-Ha hablado de la importancia de los nombres y en este libro, igual que en “X”, se habla de la identidad y de cómo la construimos, aunque aquí sea a partir de la negación de la misma.

-Todo tiene que ver con la identidad, aunque aquí todo se vehicula a través de la negación, sí. La pregunta sería si existe alguna diferencia entre lo que somos y lo que negamos ser. Creo que actúan de la misma manera.

-El libro también plantea una suerte de juego entre realidad y ficción, con personajes reales como Ted Turner o usted mismo intepretando papeles completamente diferentes.

-Hay una frase del libro, y perdón por parafrasearme, que dice que no existen realidades que sean más reales que otras. No somos más que nuestras propias historias.

-¿Y quién sería más real, este Percival Everett que está aquí ahora mismo o el que aparece en la novela convertido en un extraño profesor universitario?

-El que te haga más feliz (risas). Sé es que difícil para algunos lectores lidiar con cosas así, pero así soy yo: vivo en el margen.

-¿Concibe también su propio trabajo, su propia escritura, como una manera de construir su identidad?

-En cierto modo, cualquier profesión que hagas se acaba convirtiendo en parte de tu identidad y yo soy un escritor así que sí. Como escritor, el modo en que veo el mundo es parte de mi identidad. En cierto modo, estoy bastante seguro de que mi relación con la escritura es como una brújula, me permite orientarme y navegar por el mundo.

-Tanto “No Soy Sidney Poitier” como “X” reivindican el humor como forma de enfrentarse al mundo.

-Es algo que aprendí de gente como Mark Twain y Voltaire: el humor es la forma más efectiva y maravillosa de desarmar a un lector. Es fácil estar triste y colocarse a las puertas del duelo, pero yo creo que es mucho más efectivo desarmarlo con humor.

-¿Y es por eso que siempre se fija en personajes inadaptados, en gente que se maneja por la vida a trompicones?

-Oh, todos adoramos a los inadaptados. No leemos ficción para leer sobre gente normal, sino sobre cosas extrañas que le pasan a gente normal. Y, sobre todo, para intentar entender que ocurre en el mundo. Supongo que también yo soy un poco inadaptado, así que esto es una manera de poder canalizarlo.

-En “X”, planteaba el dilema de un escritor culto y refinado que acababa escribiendo un novelita para conquistar el éxito. ¿Se ha visto tentando en algún momento de realizar una maniobra similar?

-No creo que sea tan fácil escribir una novela de mierda. Tienes que saber lo que estás haciendo. Es como si intentase hacer una novela romántica: a las treinta páginas ya habría perdido completamente el rumbo. Tengo un gran respeto por cualquiera que sea capaz de escribir un libro entero de lo que sea.

-¿Son los géneros una mordaza?

-No creo en los géneros. Hay tipos de ficción que responden a fórmulas; siempre buscan lo mismo, y eso no me interesa. Siempre hay excepciones, como Ursula Le Guin en la ciencia ficción y su manera de llevar el género más allá. O Raymond Chandler. No lees a Chandler por sus historias, sino por el lenguaje. Tampoco leo novela de género. De hecho, tengo un libro que podría parecer una novela negra pero no he leído una novela negra entera en mi vida. Tampoco creo que lo intente. No creo en las reglas, por lo que no creo que una novela tenga que tener un determinado aspecto. Me gustan los desafíos.

-Supongo que eso implica también alejarse de cualquier posible tradición de literatura afroamericana.

-Puedes tener una novela con un protagonista negro escrita por un autor negro, pero existe cierto racismo inherente en la idea de que un solo individuo puede representar a todo un grupo de personas. Sinceramente, cuando entre en una librería y encuentre la sección de Narrativa Blanca, entonces quizá empiece a pensar de un modo diferente.

-¿Pero existe la sección de narrativa negra?

-Sí, en muchas cadenas de librerías existe una sección así, y es minúscula. En realidad son cosas en las que intento no pensar, pero vivo en un mundo que trata a la gente de un modo diferente según su color de piel, y como escritor no hago más que reflejar ese mundo.