Portugal gana Eurovisión 2017 Así es Salvador Sobral, el cantante que ha llevado a Portugal a la victoria en Eurovisión por primera vez

El ganador del festival con «Amar pelos dois» es un apasionado del jazz y un gran admirador de Almodóvar. Vivió varios años en España y está aquejado de una grave enfermedad que no ha querido desvelar

FRANCISCO CHACÓN / ABC.ES Lisboa / Kiev - Actualizado: Guardado en: Cultura Eurovision

Salvador Sobral ha hecho historia. El joven lisboeta de 27 años ha conseguido lo que parecía imposible: que Portugal ganara Eurovisión después de 48 intentos frustrados. El artista logró el triunfo con la máxima puntuación de todos los tiempos en la final celebrada anoche en Kiev (Ucrania), donde 26 países rivalizaron por llevarse el micrófono de cristal. La extrema expresividad del cantante que convierte cada actuación en una interpretación única, le han hecho ganarse el favor de Europa con un resultado histórico que pocos podrían haber predecido hace escasas semanas. Tan pintorescos como sus gestos exaltados e impredecibles, la vida de Salvador Sobral está llena de claroscuros y secretos pero, sobre todo, permanece totalmente entregada a su amor exacerbado por la música.

Al ganador de Eurovisión 2017 le encanta pasar largas veladas en casa junto a su hermana, Luísa Sobral, para ver en DVD películas de Pedro Almodóvar y reírse con las ocurrencias de personajes encarnados en la piel de las divertidas Loles León o Rossy de Palma. Tanto es así que considera como auténticos ídolos a los actores que trabajan a las órdenes del cineasta español más internacional. Salvador Sobral pudo hacer realidad uno de sus sueños durante su reciente visita promocional a Madrid, donde se hizo muy amigo de su colega español, Manel Navarro. Se encontraban ambos cenando en un conocido restaurante y, de repente, se llevó la sorpresa el joven cantante luso de que, en la mesa de al lado, estaba Javier Cámara. La ilusión que le hizo ver al protagonista de ‘Hable con ella’ le llevó a enviar inmediatamente un mensaje a Luísa en Lisboa: “¿Sabes quién está aquí?”. Una situación parecida a la que vivió hace poco su hermana cuando vio a la propia Loles León también en Madrid.

Nada extraño, si tenemos en cuenta que Salvador residió sendas temporadas en Palma de Mallorca y Barcelona, donde se fraguó su afición por Almodóvar y aprendió a hablar el perfecto castellano que exhibe a sus 27 años. De ahí se deduce que el sentido del humor se halla en la base de talante, lo cual desemboca en su sintonía con la idiosincrasia española. Incluso fue en Barcelona donde realizó sus pinitos en el mundo de la música, pues formó el grupo de pop electrónico Noko Woi, al frente del cual llegó a actuar en el festival Sónar cuando aún era un desconocido.

Su retorno a Portugal, con todo un bagaje en su maleta, significó el momento adecuado para dejarse aconsejar por Luísa Sobral, una cantante que acumula una acreditada carrera al otro lado de la frontera con su terciopelo de corte jazzístico, plasmado en discos tan elegantes como ‘The cherry on my cake’ o ‘There’s a flower in my bedroom’.

Ella le contagió su pasión por ese estilo musical, que absorbió durante su estancia en el prestigioso Berklee College de Boston. De esta forma, se gestó el debut en solitario de Salvador: el álbum ‘Excuse me’, publicado en 2016 con versiones en inglés de estándars americanos contemporáneos (como ‘I must just stay away’ o ‘Autumn in New York’) y hasta con alguna incursión en español, por ejemplo su interpretación de ‘Ay, amor’.

Pero hace casi dos meses dio el gran salto, pues la cadenciosa melodía de ‘Amar pelos dois’ venció en la gala de la Radio Televisión Pública de Portugal (RTP) para seleccionar al representante en su año de regreso a Eurovisión, después de su ausencia el año pasado por motivos presupuestarios. Su más duro competidor fue Viva la Diva, sobrenombre de una cantante con una excelente voz, que optaba con una pieza compuesta por Nuno Gonçalves, líder de la banda portuguesa The Gift.

Su victoria destapó el hasta ahora limitado interés de Salvador Sobral por el festival, llegando a reconocer en una entrevista en ABC que apenas conocía nada del paso de Portugal por el concurso y que su meta real no era ganar Eurovisión, sino tocar por todo el mundo.

Sus problemas de salud condicionarion el plan promocional que antecedió a su desembarco en la capital de Ucrania. Su hermana fue quien ocupó su lugar en los ensayos durante la primera semana de festival, puesto que Salvador sufre una insuficiencia cardiaca y no puede alterarse demasiado. Ha sido operado dos veces este año a causa de sendas hernias, una de ellas en el ombligo. Ahí radica el origen de su vestimenta en la gala portuguesa, donde lucía una camisa larga para tapar la zona umbilical. La prensa portuguesa ha lanzado sospechas sobre la posibbilidad de que Salvador sufra también graves problemas de corazón. Él nunca ha negado las informaciones, pero rehúsa detallar cuál es la dolencia que le impide hacer una vida normal. "Me deja triste ver cómo a veces la prensa 'sensacionaliza' todo. Realmente les da igual saber qué te pasa y lo único que quieren es sacar titulares para vender más. Yo voy lidiando con mis problemas de salud como lidié con todos los demás. No quiero nunca especificar qué problema tengo, porque la gente no tiene que saber qué me pasa. Es como si le pregunto al entrevistador '¿Y su mujer tiene orgasmos cuando hace el amor con ella?' (ríe) Yo no voy a preguntar sobre la vida personal de la gente y yo espero lo mismo", decía a ABC.

Tras ganar Eurovisión, ya tiene cerrados compromisos en Portugal para ofrecer una serie de conciertos. Así, cantará el 10 de junio en el Centro Cultural de Ílhavo, el 2 de julio en Lisboa (Centro Cultural de Belém), el 5 en Oporto (Casa da Música), el 6 en Coimbra (Convento de Sao Francisco) y el 14 en el Tass Jazz de Odemira.

Por cierto, se acaba de difundir un dato sorprendente acerca de Salvador Sobral: cobraba solo 3.500 euros por concierto antes de resultar elegido por la RTP, una cantidad que se elevó a los 5.000 tras ser elegido como representante portugués en Eurovisión. Quién sabe a cuanto podrá subir su caché ahora que ya tiene el micrófono de cristal en sus manos.

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