El portugués Salvador Sobral, ganador de Eurovisión 2017 - REUTERS

Ganador Eurovisión 2017Triunfo histórico de Portugal en Eurovisión; España, por los suelos

Salvador Sobral arrasa en el televoto y el jurado para dar la primera victoria a su país. Bulgaria es segunda y Moldavia da la sorpresa quedando tercera. Manel Navarro fracasa siendo último con solo cinco puntos

ENVIADO ESPECIAL A KIEV (UCRANIA)Actualizado:

Lo que mal empieza, mal acaba. España volvió este sábado a sumirse en el descrédito al protagonizar un nuevo desastre en Eurovisión. Un fracaso sin paliativos que culmina la peor trayectoria que nuestro país ha vivido en este festival, quedando ya muy lejos los ecos triunfantes de nuestras viejas glorias eurovisivas. Manel Navarro, con su canción "Do it for your lover" quedó último con sólo cinco puntos en la gran final que se celebró en el Centro Internacional de Exposiciones de Kiev (Ucrania). Es nuestro quinto farolillo rojo después de los de Víctor Balaguer en 1962, Conchita Bautista en 1965, Remedios Amaya en 1983 y Lydia en 1999. El artista catalán no recibió puntos del jurado y los cinco llegaron sólo del público portugués.

Este el bagaje final para una candidatura que nació muerta por el sonoro escándalo de la elección del representante, bajo acusaciones de amaño en una gala donde un público amotinado insultó y amenazó a un candidato que respondió a esos ataques con un disimulado corte de mangas. Aunque no fue perceptible a través de la televisión, algunos eurofans españoles presentes en la final volvieron anoche a abuchear al candidato español justo antes del inicio de la canción. Esta herida sin cicatrizar ha debilitado la candidatura de Manel Navarro, que nunca ha logrado evadirse de la polémica y de las acusaciones de tongo que han proliferado. Convirtiéndose probablemente en el cantante español menos respaldado en muchos años, el desastre que se avecinaba en Eurovisión era más que evidente y se consumó de la manera más cruel posible. (Así ha sido la actuación de Manel Navarro en Eurovisión 2017)

El artista español, visiblemente nervioso, desafinó en el agudo principal de la canción. Un terrible gallo que no pasó inadvertido y que empañó por completo su actuación en la gran final.La canción arrancó con Manel Navarro y su banda de espaldas a la cámara en un plano que nos invitaba a contemplar la Tierra desde el espacio. España permanecía en el centro de la imagen junto a unas palmeras silueteadas que anticipaba el caracter veraniego de la propuesta. Después, la luz evolucionó de los azules fríos del universo a los tonos dorados del amanecer. En ese momento, el escenario recibió una sacudida de alegría con la proyección de imágenes animadas de sol y playa. Los elementos surferos también fueron muy protagonistas, con Manel y su banda 'surfeando' sobre las olas en un curioso juego óptico gracias a las proyecciones en el suelo del escenario. El representante español, vestido con pantalones semipitillo, zapatillas deportivas y camisa hawaiana a medio desabrochar con palmeras y motivos florales, lanzó varios guiños y gestos cómplices al público, siendo pícaro en ocasiones y hasta sacando la lengua. Sin embargo, su actuación pasará a la historia por el grave desafine y los abucheos de algunos aficionados al festival sediento de venganza.

Tras la final, el artista compareció ante los medios españoles para expresar su tristeza por el resultado cosechado en la final del festival de Eurovisión."No me voy triste a casa, aunque es verdad que no me esperaba quedar último y el momento de la green room ha sido duro", reconoció ante la prensa un Manel que no quiso hacer autocrítica de su paso por Eurovisión. "Hemos hecho un trabajo muy bueno. Ha sido una experiencia que voy a recordar siempre para bien. Tal vez la canción no ha gustado y no era eurovisiva. Pero autocrítica, ninguna".

El portugués Salvador Sobral rompe récords

El desastre español en Kiev se contrapone al éxito en esta edición del sur de Europa, un bloque siempre subordinado al dominio de los países nórdicos y del este y que, en esta ocasión, se ha autoreivindicado como la principal fuerza.

Y es que la noche de ayer es una de esas que nunca se olvidarán. Portugal, el país más vilipendiado y olvidado en Eurovisión, hizo historia ganando su primer festival tras 48 participaciones. Nuestros vecinos, que se habían convertido en los que más veces habían acudido al certamen sin conseguir la victoria, se alzaron con el triunfo en un ambiente sobrecogedor y muy emocionante, con periodistas lusos llorando en la sala de prensa y una indescriptible sensación de que se acababa de presenciar un auténtico milagro precisamente el mismo día que se cumplían cien años de la aparición de la Virgen de Fátima en Ourém. Y lo hicieron a lo grande: ganando jurado y televoto con 758 votos, la máxima puntuación de la historia del festival. (Así es Salvador Sobral, el ganador de Eurovisión 2017)

El artífice de esta proeza ha sido el lisboeta Salvador Sobral, de 27 años, que inundó de belleza y delicadeza el festival con su deliciosa "Amar pelos dois". El joven artista interpretó su bella poesía lírica bajo un silencio absoluto solo roto por las ovaciones de un público entregado al talento desbordante de un cantante que no necesita trucos ni artificios para sorprender con la sencillez de su propuesta. Y ese ha sido, quizá, su secreto para hacerse con el festival: la extrema expresividad del cantante que convierte cada actuación en una interpretación única, jugando con la voz y dejándose llevar por la emoción del momento. Porque como bien dice su hermana Luísa Sobral, autora de la canción, Salvador no canta. Viaja. El artista, aquejado de una secreta enfermedad, se había convertido durante toda esta semana en la sensación del festival con su apariencia frágil, su dulce voz y sus gestos espontáneos y exagerados. Incorregible, políticamente incorrecto (quiso salir con una sudadera de apoyo a las refugiados al principio de la gala) y un punto fanfarrón, Salvador encarna al antidivo que enamora y contagia por su bella simpleza de hacer llegar al corazón.

Mejor resultado para Bulgaria y Moldavia

El búlgaro Kristian Kostov, de sólo 17 años, fue el único que pudo hacer frente al torbellino portugués gracias a su poderosa interpretación de la balada "Beautiful mess". El primer artista nacido en el siglo XXI que ha competido en Eurovisión quedó segundo gracias su voz prodigiosa y muy desarrollada para su corta edad al servicio de una puesta en escena envolvente y muy cuidada. Bulgaria, otro de los países históricamente más maltratados, mejora así el cuarto lugar que obtuvo el año pasado tras nueve ediciones sin clasificarse para la final y se convierte en un serio rival para próximas ediciones tras el viraje de rumbo que ha tomado.

Otro record personal es el de Moldavia, que protagonizó el gran sorpresón de la noche al llevarse el bronce gracias al grupo Sunstroke Project y su animada canción "Hey mamma". La belga Bélgica fue cuarta gracias a su oscura "City lights" y Suecia repite en el top5 de la mano del carismático Robin Bengtsson. La gran decepción fue Italia, gran favorita durante los meses previos al festival que finalmente tuvo que conformarse con un sexto puesto. El carismático Francesco Gabbani, estuvo acompañado de un simio sobre el escenario para dar sentido a su "Occidentali's Karma", una sátira a los valores de la sociedad actual y cómo tomamos elementos de la cultura oriental para "occidentalizarlos".

Una victoria que rompe moldes

La gala, larga y con unos presentadores muy encorsetados, sufrió un momento de gran vergüenza cuando un espontáneo subió al escenario y se bajó los pantalones ante las cámaras mientras Jamala, la ganadora de la edición pasada, cantaba. Pese a todo, el único protagonista de la noche realmente fue un Salvador Sobral que ya es historia de un festival que rompe con todos los prejuicios que se le achacan: ha ganado un país con un único vecino, en portugués y con la música como único recurso escénico. Obrigado Portugal.