Eurovisión Salvador Sobral: «Ganar Eurovisión no es un sueño para mí»

El representante portugués, uno de los favoritos para la victoria, admite que no ha visto antes el festival y elude la polémica sobre su estado de salud: «La gente no tiene que saber qué me pasa»

Salvador Sobral, junto a Manel Navarro en la grabación del programa especial que emitirá RTVE.es
Salvador Sobral, junto a Manel Navarro en la grabación del programa especial que emitirá RTVE.es - J.E.
JAVIER ESCARTÍN Madrid - Actualizado: Guardado en: Cultura Eurovision

Salvador Sobral (Lisboa, 1989) desprende un enigmático halo de talento, fragilidad y espontaneidad. Su cálida y pausada voz imita a la perfección el carácter de un hombre que vive por y para la música. Nada más llegar al plató en el que RTVE.es graba el especial que despedirá a Manel Navarro antes de viajar a Kiev, Salvador se abalanza sobre el piano que preside el escenario y comienza a tocarlo con cariño, a escudriñarlo a fondo y a dejarse llevar por el sonido de sus teclas. Porque el candidato portugués para Eurovisión no canta: viaja. Se abstrae del mundo que lo rodea, perdiéndose entre las notas y los giros espontáneos de las letras de canciones muy diversas. Siente la música hasta el extremo, y eso lo refleja a la hora de actuar. Manel Navarro y el resto de asistentes se quedan asombrados ante su singular actuación, donde la esencia de «Amar pelos dois» se mezcla con extravagancias y golpes de ingenio. «Mi hermana me ha dicho que en los conciertos puedo hacer lo que quiera, pero que en Eurovisión tengo que ceñirme a cómo es la canción en realidad», se excusa cuando el equipo del programa le pregunta por su arriesgada improvisación. «¿Podrías volver a cantarla?», le piden desde realización. «No, lo siento. Ya no habría magia».

Salvador es claro, directo. Reconoce que no sabe nada sobre Eurovisión y que, incluso, ganar no es un sueño para él. «Lo que yo quiero de verdad es poder tocar y cantar por todo el mundo». No se ve dentro de la parafernalia eurovisiva y acepta el festival como una oportunidad para su carrera. Será, además, el último en llegar a Ucrania por unos problemas de salud que deliberadamente no detalla. «La gente no tiene que saber qué me pasa», zanja de forma rotunda. Por las advertencias médicas, no ha hecho promoción internacional y Madrid ha sido la única excepción que se ha permitido. ABC aprovecha esta oportunidad de oro para entrevistar en exclusiva a uno de los nombres más importantes del próximo festival de Eurovisión.

- Sólo hay que mirar las casas de apuestas o los sondeos de los eurofans para ver que eres uno de los favoritos. ¿No te pone nervioso eso? Sobre todo porque representas a un país que no ha tenido mucha suerte en Eurovisión...

- Suerte es una manera de verlo. Quizá, simplemente, no hemos llevado buenas canciones (ríe)

- ¿Tú lo crees?

- No sé. Nunca he visto nada de Eurovisión.

- ¿No conoces la historia de Portugal en el festival?

- No, nada de nada. Ahora que me he metido en esta aventura indagué un poco para saber cuál había sido nuestra mejor posición. Y me enteré de que fue un sexto lugar (Lúcia Moniz en 1996 con la canción «O Meu Coração Não Tem Cor»). Esto es todo lo que sé.

- Quizá te toque a ti mejorar ese puesto...

- Si te digo la verdad, yo ya me siento orgulloso al ver que la gente admira mi canción. Yo no sabía que el público de este festival tendría, sin querer ser malo o prepotente, la sensibilidad suficiente para escuchar algo tan crudo y desnudo como mi tema. Eurovisión parece enfocado más al espectáculo y, curiosamente, a la gente le gustó la sencillez de mi propuesta.

- Y además en portugués, porque ahora casi todos los países envían temas en inglés como receta para el éxito...

- La música es el idioma, el portugués es solo parte de la canción. Si cantara en inglés «Amar pelos dois», perdería encanto. Que haya tantos temas en este idioma es solo una muestra más del mundo globalizado en el que vivimos. Lo interesante, para mí, es poder transmitir tu cultura y tu lengua, que es patrimonio personal de cada uno.

- ¿Pero te sientes presionado por ser favorito?

- No me siento favorito. La victoria irá, por lo que me dicen, para Italia o Bélgica. Yo no me veo ganando el festival y no es algo que me preocupe. Voy a Kiev a cantar, que es lo que sé hacer.

- A los 18 años participaste en la versión portuguesa de «Idol», pero has renegado de ello. No fue una gran experiencia para ti. ¡Y ahora te metes en el mayor concurso musical de la televisión!

- ¡El mayor del pop! (ríe) Lo he hecho porque el concepto del Festival da Cançao (la preselección de Portugal) ha cambiado y, por primera vez, han puesto el foco en compositores de renombre y porque la canción era bellísima. Yo me siento artísticamente listo para mostrarme ante un gran público y me siento muy feliz con el resultado hasta el momento.

- Pero has llegado a decir en una entrevista que te parece un festival aburrido. ¿No es contradictorio querer participar en él teniendo esa opinión?

- Yo no dije aburrido. Es verdad que ese mundo no es el mío, pero me lo tomo como un estudio sociológico.

- Creo que tu amor por la música viene por tu padre, ¿verdad?

- Mi padre es un 'musicazo'. No dejaba de ponerme cuando era niño canciones de The Beatles, Bob Dylan, Simon & Garfunkel... Todo lo que eran sesentas y setentas le encantaban. Ahora le gusta el jazz, pero eso ha sido gracias a mí. Mi familia está viviendo Eurovisión con mucha tranquilidad. Para todos, es como ir a Eurodisney.

- ¿Y de dónde nace esa relación tan especial que tienes con tu hermana? Ella es la autora de tu canción y una parte fundamental en tu carrera musical.

- Somos muy parecidos en unas cosas y muy distintos en otras. Los dos amamos la música, por ejemplo. Pero ella es muy organizada y metódica y yo vivo la vida día a día. Luisa es una persona a la que yo admiro mucho, personal y profesionalmente. Y presto mucha atención a todos los consejos que me da. Fíjate que ella a mi edad ya tenía tres discos.

- ¿Y ella nunca ha valorado ir a Eurovisión como cantante?

- No, para nada (ríe) Cuando ella compuso «Amar pelos dois» siempre dijo que tenía que nacer con mi voz. También sentía que mi música no estaba llegando al público y que podría ser una buena manera de conseguirlo. Y mira, tenía razón...

- Eres portugués, pero España también forma parte de ti.

- Yo vine a hacer psicología como Erasmus a Mallorca. Estuve seis meses y luego empecé a trabajar en hoteles y restaurantes cantando y tocando. Imagínate, con ese ritmo de vida ya no me despertaba por las mañanas para ir a las clases (ríe) y acabé dejando la carrera. Luego quise estudiar música y me fui a Barcelona, donde estuve dos años. Y también he tocado mucho por Andalucía. España siempre ha estado presente en mi vida. Mi artista favorita, por ejemplo, es Silvia Pérez Cruz.

- Se ha hablado mucho de tu estado de salud, que te va a impedir acudir a los primeros ensayos del festival. ¿Cómo crees que los medios de comunicación han tratado esta información?

- Me deja triste ver cómo a veces la prensa 'sensacionaliza' todo. Realmente les da igual saber qué te pasa y lo único que quieren es sacar titulares para vender más. Yo voy lidiando con mis problemas de salud como lidié con todos los demás. No quiero nunca especificar qué problema tengo, porque la gente no tiene que saber qué me pasa. Es como si le pregunto al entrevistador '¿Y su mujer tiene orgasmos cuando hace el amor con ella?' (ríe) Yo no voy a preguntar sobre la vida personal de la gente y yo espero lo mismo.

- ¿Cómo crees que será tu vida tras Eurovisión? ¿Su influencia en tu carrera va a ser muy significativa?

- Espero que me pueda ayudar a que me conozcan fuera de Portugal. En España, en América Latina... Esos son mis sueños de verdad: poder tocar mi música por todo el mundo.

- ¿Más que ganar Eurovisión?

- Mucho más. Eurovisión no es un sueño.

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