ARTE

Volver a la pintura con todas las consecuencias

Un nuevo «ismo» pictórico como epílogo de la postmodernidad es lo que ilustra una muestra en el Palacio Episcopal de Málaga

¬ęRumbi¬Ľ (2008), de Ed Moses
¬ęRumbi¬Ľ (2008), de Ed Moses

Se han oficiado diversos funerales del postmodernismo, engalanados siempre con prefijos que anclan nuestra mirada en un punto de partida que se ofrece como cercano origen del que pretendemos zafarnos: postmodernidad, postpostmodernidad, ultramodernidad… En este aire de fin de época, que muchos sienten, habría que preguntarse qué viene después, y ese cuestionamiento es justo la tesis de la exposición Painting After Postmodernism en Málaga.

Roberto Polo y Barbara Rose, promotores intelectuales de la muestra, cuentan que las reflexiones de ambos condujeron al descubrimiento de un nuevo movimiento artístico tras el postmodernismo. Polo había destacado una serie de artistas belgas que representan una nueva forma de entender el arte, y, tras cruzarlos, Barbara Rose los «comunicó» estéticamente con pintores americanos que seguían los mismos postulados. La comunión transoceánica de quienes parecen respirar el mismo aire sin comunicación previa conforma esta exhibición, un manifiesto artístico señalando la vuelta de la pintura y que presume de la fe sobre su futuro. Si Compagnon defiende que los creadores de la modernidad eran antimodernos, no parece descabellado proponer que la postmodernidad o su epílogo estén en manos de los antipostmodernos. Y es que se ha intentado asesinar varias veces la pintura, o darla por muerta, pero nunca con éxito. Sin embargo, el discurso de Painting... argumenta que la evolución estética del siglo XX estuvo dominada por la hegemonía crítica de Greenberg y su defensa de lo visual y la planitud pictórica en menoscabo de lo táctil.

Las 32 obras de 16 artistas (ocho belgas y ocho norteamericanos) que se exponen en las salas de Ars Málaga presentan la superación de la ortodoxia greenberguiana con Larry Poons y sus concesiones al azar como bandera, en una especie de rappel a l'ordre que mira por encima del hombro las manifestaciones puramente conceptuales como meras anécdotas en la Historia del Arte. Sin entrar en el debate teórico de cuándo comienza la postmodernidad, la cita celebra la pintura y lo matérico a través de esta selección de artistas que no son precisamente jóvenes. El trabajo más temprano es de 1988.

El interés por lo táctil, las casuales incidencias y los accidentes sobre estructuras formales y conceptuales se concitan en este discurso con eje geográfico belga y americano. Muy interesante siempre que sea un punto de partida que posibilite una futura cartografía estética en la que situar también otras nacionalidades, por qué no la de nuestros creadores. Pero por ahora hemos de conformarnos con este inicio que, eso sí, se presenta con fuerza. Las pinceladas que provocan los juegos de luz sobre el negro monocromo de Karen Gunderson, la belleza geométrica equilibrando lo pictórico y lo escultórico de Melissa Kretschmer, o la perspectiva sacrificial de los hipnóticos lienzos de Marc Maet son una prueba de que si volvemos a la pintura lo hacemos con todas las consecuencias.

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