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ALTA INFIDELIDAD

Xiu Xiu, voces del extremo

Al frente de Xiu Xiu y con «Forget», su nuevo álbum, Jamie Stewart vuelve a hacer alarde de su capacidad interpretativa para rehumanizar el pop experimental

Jamie Stewart y Angela Seo, de Xiu Xiu, en una imagen promocional
Jamie Stewart y Angela Seo, de Xiu Xiu, en una imagen promocional - Daniel Bleckley

Hace poco más de dos semanas, Jamie Stewart interpretó en La Laboral de Gijón la banda sonora compuesta para Bajo los cerezos en flor, de Masahiro Shinoda, una de las numerosas producciones, alguna sin editar, que conforman el repertorio de un artista cuya incontinencia comunicativa no le ha impedido armar a salto de mata una narración definida por la coherencia. Tentados por las redes sociales, adictos a un buzoneo que a menudo no hace sino revelar su escaso fondo creativo, dispersos en una hiperproducción que corrobora la diferencia entre abarcar y apretar, liberados de la mecánica comercial de la industria, son muchos los músicos cuya desorientación creativa, consecuencia de la necesidad de llamar la atención por sus propios medios, ha llevado a su público a dar vueltas sobre el eje de sus sucesivos desatinos, supuestamente experimentales y resueltamente insulsos. Al frente de Xiu Xiu, Jamie Stewart hace mucho y buen ruido.

La reciente publicación de Forget (Polyvinyl), disco de carácter oficial, es una nueva muestra del talento -o la demencia- de un artista cuya sobresaliente expresividad, lírica y vocal, desbocada y aporreada por ritmos de discoteca y distorsiones, representa un clamor contra la falta de humanidad de una generación de compositores que ha sacrificado la interpretación, músicos que tienen bastante poco que decir y que, para más inri, lo cuentan con una desgana que los devalúa y desenmascara. En «Faith, Thorn Apart», la tremebunda canción que cierra este Forget, Stewart encadena sesenta breves descripciones personales («Mi habitación es un desastre. Mi pelo es negro y azul. Mi nuevo teléfono es rosa. Mi pueblo está a 6.600 millas de aquí. Mi corazón se va a partir en dos...»- antes de concluir con «No importa lo que pienses/ Haz lo que quieras/ Porque nací muerto/ Y nací para morir»). Stewart sobreactúa por exigencias del guión.

Qué decir (y cómo)

De un extremo a otro, la despendolada dramaturgia del cabecilla de Xiu Xiu contrasta con lo que Mark Kozelek acaba de hacer en Common As Light And Love Are Red Valleys Of Blood, trabajo de nuevo firmado como Sun Kil Moon y determinado por un desapasionado y monótono fraseo, próximo al hip-hop, con el que el músico norteamericano subraya su capitulación ante un presente aparentemente terrible, transcripción normalizada de la anormalidad y acta notarial de un desastre. A su manera, muy rebuscada, el fundador de los Red House Painters trata de conmover al oyente. Con lo que dice y cómo lo dice. Common As Light And Love Are Red Valleys Of Blood podría titularse «Esto es lo que hay». De lo que no hay se ocupa Jamie Stewart.

«Forget» es una nueva muestra del talento o la demencia de su autor
Cuando el año pasado adaptó la banda sonora de Twin Peaks, Xiu Xiu no solo perturbó a conciencia la música compuesta por Angelo Badalamenti para la serie de David Lynch, sino que, obsesionado con su eslabón más débil, ejecutó una posesión casi diabólica de Julee Cruise, cuyas pueriles aportaciones vocales a aquella colección de piezas instrumentales transformó en una atrocidad para mayores de edad. La interpretación, oficio en desuso en un género masculino habitualmente comedido con la voz, es una y otra vez la clave artística de una banda cuyos avances formales quedan muy por detrás de sus alardes vocales.

La edición de Forget añade el enésimo volumen a unas obras incompletas cuya abundancia y heterogeneidad no le restan lógica. Cuando no está discutiendo con los editores que escriben su página de la Wikipedia, Jamie Stewart se dedica a lanzar por su cuenta y riesgo discos, menos figurativos, que vienen a ser el complemento que explica y pone en su sitio -vital, biológico- la producción musical del artista californiano y su banda.

En los últimos seis meses y a través de tiradas muy limitadas, Stewart ha puesto en el mercado Tempesta Atsepmet, un juego de cuatro piezas ensamblables con las que reproducir una tempestad; ha reeditado el disco que compuso, borracho, tras el suicidio de su padre, el también músico Michael Stewart, fundador de los We Five; ha reunido la música que compuso junto a Lawrence English y como Hexa para ambientar una exposición fotográfica de David Lynch dedicada al declive de la vieja arquitectura industrial; ha registrado un Drunk Commentary sobre su Dear God, I Hate Myself, inspirado por el ejercicio de autocrítica que hicieron los Pet Shop Boys a las canciones de su Yes, aquí progresivamente alcoholizado, a razón de un combinado cada dos canciones, y ha dedicado una banda sonora, electrónica de baile, a las plantas de su estudio de grabación. «Las drogas -asegura en un amago de silogismo- proceden de las plantas. El minimal techno y las drogas van de la mano».

La voz humana

Forget no es más que la puesta en escena, premeditamente pop en su forma, relativamente accesible para cualquiera que frecuente las peores discotecas y tolere el ruido, del submundo que habita Stewart, una historia de tortura, perversión y reproche prologada por las pistas musicales, creativas y recreativas, que el propio líder de Xiu Xiu ha ido dejando en los meses previos a través de internet. En Xiu Xiu la experimentación no parece gratuita, ni forma parte de un ejercicio de exhibición con el que mantenerse en cartel, sino que tiene su origen en las canciones de las que parte y a las que va.

En su versión más comercial, entre estrofas y estribillos, Jamie Stewart ejerce de intérprete desmesurado para gritar, siempre pasado de rosca, en modo tenor, las verdades que aún es capaz de transmitir un pop que corre serios riesgos de perder su rastro humano, algo así como lo que los cabales, y en mundo en el que casi todo está ya inventado, llaman quejío.

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