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LIBROS

Vila-Matas y el arte de contar

Pocos son los autores que concitan tanta unanimidad sobre su excelencia como Enrique Vila-Matas. Maestro de la literatura y la metaliteratura, su última novela es un ejercicio total

Enrique Vila-Matas, autor de ¬ęMac y su contratiempo¬Ľ
Enrique Vila-Matas, autor de ¬ęMac y su contratiempo¬Ľ - In√©s Baulcells

Casi al final de esta magnífica novela, una de las mejores que ha escrito Enrique Vila-Matas, el lector encuentra esta reflexión: «La creatividad es la inteligencia divirtiéndose» (página 264). Que Vila-Matas es un escritor inteligente nunca ha sido puesto en duda. Entrega una novela en la que el lector, además, se divierte porque al narrador se le ve feliz, con esa cuidada felicidad de quien es consciente de tener en sus manos un mecanismo que ha sido trabajado como muy pocos libros anteriores suyos. Nada está confiado al azar y, sin embargo, el lector no lo advierte fácilmente, pues la trama sobre la que está dibujado este tapiz parece una suma de azares. Pero en Enrique Vila-Matas lo importante nunca han sido las tramas, sino la frase que ha dado comienzo a esta reseña y que tiene que ver con el sustantivo «creatividad». Es como podría traducirse al castellano el griego «poiesis», la condición que los relatos tienen de crear mundo; un mundo que nace al mismo tiempo que la palabra literaria lo va buscando.

Cuentos orales

Esta novela es una poética de la creatividad, ese gen que distingue a la buena literatura (y arte). Contrariamente a lo que cabía esperar por quienes habíamos situado a Vila-Matas en el punto exclusivo de la modernidad experimentalista y antinarrativa, resulta que esta novela acaba siendo uno de los homenajes más palmarios que he leído a la creatividad de los cuentos orales, a la narración. «Mac y su contratiempo» me ha parecido una reflexión y manifiesto a favor de la narración. No es casual la frase de Isak Dinesen: «Al temor a repetirse siempre puede oponerse la alegría de saber que avanzas en compañía de las historias del pasado» (página 34). El libro discurre entre esta reflexión traída al comienzo de la novela y el emocionante final que nos lleva a las voces de Marrakech, no a través del libro de Canetti, sino como experiencia directa en un bar de la plaza de la Xemaá El-Fná, donde el narrador convoca la esencia de la literatura, una voz repetida en el tiempo, que igual es «voz tierra de Siena en Petrarca» que viste traje de faquir hindú o se perpetúa en una honda y oscura voz de Nueva Orleans.

Esta novela es una poética de la creatividad, ese gen que distingue a la buena literatura (y arte)

Para mí, en esta desembocadura de sus veinte últimas páginas se encuentra la esencia de «»Mac y su contratiempo, que, no en vano, se había ido construyendo como una glosa-versión-recreación de una serie elegida de cuentos de Cheever, Djuna Barnes, Borges, Hemingway, Carver, Malamud, Schwob, Rhyes, Poe, Chesterton... todos ellos maestros que han ofrecido diferentes formas de creatividad recurrente, la que tiene el género cuento, que comunica con la almendra misma de la literatura, precisamente porque al contrario que la novela no tiene por qué tener un final o una coherencia. La creatividad del cuento le ha hecho atravesar siglos y civilizaciones porque no está constreñido a la lógica que imponen las tramas con final cerrado. Por eso ha sido pasmo como ningún otro género a la «poiesis», donde casi todos los grandes se han medido alguna vez.

Diferentes

En esta novela ha querido medirse Vila-Matas con la creatividad de la narración de historias de dos formas distintas. Por un lado la que he dicho, volviendo sobre el problema de las diferentes voces de los cuentistas evocados y recreados desde la búsqueda del ventrílocuo de su libro primerizo, «Una casa para siempre», transmutado aquí como «Walter y su contratiempo», la novela que Ander Sánchez, un novelista de éxito, y vecino del narrador Mac, publicó hace años y que éste remeda en un diario que va dando cuenta de su reescritura. Hallamos el topos especular tan grato a Vila-Matas imaginando fantasmas tras los que esconderse. Pero esta novela da otra vuelta de tuerca, porque el homenaje a la narración como forma de creatividad no únicamente se da a través de los cuentos y la tradición de los maestros que evoca, sino en otra forma que es nueva en él y que creo que tiene como fondo la misma poética de Juan Marsé: uno puede contar todas las historias del mundo sin casi salir de casa, o saliendo a pasear bien cerca, en el barrio del Coyote (unas cuadras en las que el Eixample se ve seccionado por la Diagonal).

Tipos estrambóticos

Mac se encuentra con vagabundos y tipos estrambóticos, unas veces sufridamente estúpidos, como el escritor engreído, y casi siempre llenos de gracia, con avatares llenos de humor que se le ocurren a Mac o en los encuentros-desencuentros con su mujer Carmen, sus graciosos celos; o basta simplemente que una cotorra argentina se cuele por la ventana para crear un cuento. De manera que quien es uno de nuestros escritores más originales viene a decirnos que la originalidad -la no repetición- no es por sí misma un valor literario; lo sabía Cervantes y su don Quijote, como lo supo antes Dante, y Virgilio para con Homero. Además es un imposible.

La razón última de la creatividad e inteligencia narrativa no radica en la no repetición, según postulado romántico, sino en saber contar las historias de manera que parezcan nacidas en ese momento cuando reproducen la sabiduría de siempre. ¿De manera que Enrique Vila-Matas se desdice de cuanto nos había mostrado antes? En absoluto. Su obra se llenó siempre de escritores porque, por encima de cualquier otra cosa, es un lector que reflexiona en voz alta para otros lectores, sabedor de que toda escritura es un eco-espejo de las escrituras del pasado.

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