ARTE

Valencia estalla sus Bombas (Gens)

La iniciativa del coleccionismo privado ha dado pie a la apertura en España de nuevos grandes espacios dedicados al arte contemporáneo. Uno de ellos, Bombas Gens, en Valencia

Hasta 350 obras en la colectiva inaugural de B. Gens, como el centenar largo de «flores» de Araki (en la imagen)
Hasta 350 obras en la colectiva inaugural de B. Gens, como el centenar largo de «flores» de Araki (en la imagen) - ROBER SOLSONA

Nuria Enguita, flamante directora del nuevo Bombas Gens, lo recordaba en la presentación de este espacio polivalente en Valencia: Durante las últimas décadas, la ciudad ha perdido cierta «institucionalidad» artística. La apertura de Bombas Gens es un paso más que loable en sentido contrario. Un proyecto, todo hay que decirlo, conformado en tiempo récord y a semejanza de sus inspiradores (los empresarios Susana Lloret y José Luis Soler), que ahora revierte en la ciudadanía con la necesidad de transformar unas inquietudes personales en una propuesta internacional con vocación pública.

Porque Bombas Gens -en el barrio de Marxalanes, y sobre lo que fuera una antigua fábrica de bombas hidráulicas de 1930 del arquitecto Cayetano Borso di Carminati- es ya la sede de la Fundación Per Amor a l'Art de Lloret y Soler (fundadores de Ubesol, proveedora de Mercadona), con un conjunto artístico de 1.800 obras -¡generado en siete años!- que ahora encuentra un entorno propicio en el que conservarse y mostrarse.

No deja de tener su guasa que este edificio «art decó», rehabilitado por Eduardo de Miguel, Ramón Esteve y Annabelle Selldorf, estuviera a punto de convertirse en un centro comercial. Su compra por tres millones de euros y la inyección de otros seis para su adecuación da paso a un inmueble de unos 6.000 m2 que dedicará más de 2.500 al arte, pero que compartirá actividades con las otras dos vocaciones de sus promotores: la investigadora y la social, con un centro de coordinación para el estudio de enfermedades raras como la de Wilson (algo que toca de cerca a la pareja), y un comedor social para menores en riesgo de exclusión (sin olvidar que en sus instalaciones ha abierto sus puertas el nuevo restaurante del «chef» Ricard Camarena). Ambos comenzarán a rodar en otoño, junto a las visitas a una bodega del siglo XV y un refugio antiaéreo de la Guerra Civil (descubiertos en la rehabilitación), lo que da pie en su conjunto a una auténtica bomba de relojería, que toca ajustar para que nada se desequilibre.

Público y gratuito

Dice Enguita que el solapamiento de actividades permitirá explorar cómo el arte se puede vincular con las otras áreas. No le queda otra («qui paga, mana», que se dice en valenciano). Para ello cuenta con una colección que nació con unos gustos muy claros (el arte abstracto de las últimas décadas) y que para dejar de ser «aburrida y sin compromiso», introdujo como asesor a Vicente Todolí (la cita es suya), que metió en ella la foto y nombres que le son propios (Juan Muñoz o Cristina Iglesias). Este fijó algunos principios básicos del conjunto: que su acceso fuera público (y gratuito); que las adquisiciones se hicieran por series; y que, por respeto a los artistas, estas no volvieran al mercado ni jugaran a especular con los precios (curioso, viniendo de un gurú como él).

Centro de arte, de investigación, comedor social... Bombas Gens es en sí una bomba de relojería

Todo ello queda reflejado en las dos muestras inaugurales: la colectiva con fondos de la colección «¿Ornamento = delito?» (en alusión al manifiesto de Adolf Loos de 1908 en el que arquitecto criticaba la falta de implicación social del arte abstracto), con la que sus comisarios casi piden perdón por el legítimo gusto de sus dueños por la abstracción, teniendo en cuenta que la de las décadas amasadas, mucho más contaminadas por otras técnicas, no es la de los padres de la corriente; y con exceso de ejemplos de algunos autores (como el Heimo Zobernig del arranque), aunque también con capítulos memorables, a veces marcados por los espacios del centro (como el fotográfico dedicado al cuerpo, el mural de «flores» de Araki, o el final, con Gusmão y Paiva).

En las dos naves siguientes, casi una retrospectiva de Bleda y Rosa, «Geografías del tiempo». Porque a partir de las series que ya poseía el centro más la produccida para la ocasión (catalogazo incluido) y la inclusión de otras antiguas, se ve por vez primera el conjunto completo de «Campos de batalla» y se celebra el 25 aniversario del colectivo, desde ese primer disparo al campo de fútbol del Ballesteros que ya dejaba patente el interés de esta pareja por la construcción de la Historia y su instrumentalización. Sin duda, al autor que le toque una producción como esta le toca la lotería. El único requisito es estar ya representado en el conjunto. Paul Graham será el siguiente.

Una tercera muestra recoge la Historia de la fábrica. De ella, al amante del arte le interesará el reportaje fotográfico de la rehabilitación que firma Manolo Laguillo, aunque la calidad de la serie no está a la altura del centro, con las imágenes sucumbiendo a la humedad de la sala.

Todolí cita a Louis Kahn y cómo este, antes de construir, le preguntaba al edificio qué quería ser. Bombas Gens tiene la colección, la sede, el equipo. A partir de ahí, puede ser lo que quiera.

Toda la actualidad en portada

comentarios