LIBROS

Teilhard de Chardin, la nostalgia del frente

Pierre Teilhard de Chardin fue movilizado en 1914 como cabo-camillero. De aquella experiencia nació «La Vida cósmica», que el lunes publica Trotta y del que adelantamos un extracto

Imagen de la I Guerra Mundial, en la que el autor de «La Vida cósmica» participó como cabo-camillero
Imagen de la I Guerra Mundial, en la que el autor de «La Vida cósmica» participó como cabo-camillero

«Ir al frente, nadie me contradirá, equivale a ascender a la paz.»

A medida que la retaguardia se pierde en una lontananza más definitiva, la túnica molesta y devoradora de las pequeñas y grandes preocupaciones, la salud, la familia, el éxito, el futuro… se resbala espontáneamente del alma, como una vieja vestimenta. El corazón se rejuvenece. Una realidad de orden más elevado, o más apremiante, ahuyenta y disipa el torbellino de las servidumbres y de las inquietudes individuales. Cuando regrese, volverá a encontrarse tal vez su turba importuna. De momento, quedan debajo, como una niebla. Y renuncio a hacer comprender la serenidad de la zona en que el alma se descubre cuando, al abrigo de un peligro demasiado amenazador, tiene tiempo suficiente para contemplar qué claridad reina en ella.

Me veo todavía, tal como me encontraba, en esta paz, hace quince días.

Era de noche, una noche clara y tranquila, en un sector accidentado, cortado por crestas y pantanos. En las hondonadas, bajo los álamos, flotaba el aroma dejado por los últimos gases. En el bosque, se escuchaba un rozamiento que crecía por momentos, como el de una becada asustada que levanta el vuelo, el descenso de una bomba, que estalla en un desgarramiento brusco y como en forma de copos, sembrado de centellas. Los grillos no por eso dejaban de cantar.

Yo era libre, y me sentía libre.

Inexplicable ligereza

Podía, como mejor me pareciera, pasearme al claro de luna, caminar hacia delante, coger fruta si la encontraba, y luego dormirme en el primer agujero que me saliera al paso. Todo lo que me interesa o me inquieta en la retaguardia, yo lo amaba en aquel momento, pero de una manera dominada, un poco distante. Mi vida me parecía más preciosa que nunca; y sin embargo, la hubiera abandonado sin pena, porque yo no me pertenecía ya a mí mismo. Me hallaba liberado, y aliviado, hasta de mí mismo. Me sentía dotado de una ligereza inexplicable.

Por preciosa que fuera, esta emancipación no era todavía más que la parte negativa, o la envoltura, de una libertad más alta, que yo llamaría positiva. El aire que yo olfateaba, no era solamente puro y sutil. Era un aire pleno y sustancioso; pleno y sustancioso (fenómeno paradójico, pero que garantizo), precisamente por aquellos perfumes que se arrastraban venenosos y sospechosos por las altas hierbas entre las mentas; pleno y sustancioso por aquellas sacudidas brutales que estremecían periódicamente la calma de la noche; pleno y sustancioso por todas las manifestaciones, adormecidas en esta hora, de la inmensa Presencia humana que llena el Frente.

Ah, es que yo estaba comprobando entonces -de una manera experimental- que, beneficiándome de un favor parsimoniosamente concedido por los siglos a los hombres, me encontraba en situación de aflojar sin sujeción alguna las potencias de mi vida sobre un objeto palpable. ¡Yo podía, por fin, zambullirme en lo real sin riesgo de dar con el fondo, respirar la vida terrestre a pleno pulmón sin miedo a que el aire me faltara!

Podía pasearme al claro de luna, coger fruta si la encontraba, y luego dormirme en el primer agujero que me saliera al paso

¡Qué doloroso resulta encontrarse tan raras veces en presencia de una obra por cumplir, en que el alma siente que puede entregarse por entero! Por consoladoras y fortificantes que sean las consideraciones de la fe y las intenciones sobrenaturales, que dan a las acciones más humildes una prolongación y un valor ilimitados, no bastan normalmente para reemplazar la experiencia en su función excitadora y sensibilizadora de nuestras facultades. He aquí por qué, en el marco de una vida apagada, duermen muchas cosas, y sufren oscuramente en nosotros.

En el Frente, la potencia desencadenada de la materia, la grandeza espiritual del conflicto entablado, la dominación triunfante de las energías morales en juego, unen sus llamadas al orgullo noble y a la necesidad de vivir, y vierten en el corazón una mixtura apasionada. Allí arriba, se establece como dominante una convicción victoriosa, que se puede «ir hasta allí», sobre el doble plano de la acción terrestre y celeste, con todas sus fuerzas y con toda su alma. Todos los resortes del ser pueden ponerse en tensión. Todas las osadías son admisibles. Por una vez, la tarea humana se nos muestra más grandiosa que nuestros deseos.

Lazo de Vida

Lo certifico. En esta tregua, llevada hasta el agotamiento de sí mismo, radica la libertad suprema, la liberación de cuanto dormita en nuestras aspiraciones ignoradas y en nuestra capacidad de ansiedad que nosotros a veces no podemos desarrollar, por falta de materia y de espacio, y que nos llevaría a sentirnos fracasados si tuviéramos que morir sin haberlo llevado a cabo.

Pierre Teilhard de Chardin, autor de «La Vida cósmica»
Pierre Teilhard de Chardin, autor de «La Vida cósmica»

No, nada, salvo el Frente, podrá devolverme la libertad que me enloquecía en esa noche de septiembre. No sólo no parece hoy que regrese de muy lejos, de muy lejos. Sino que tengo la impresión de haber perdido mi Alma, un Alma más grande que la mía, que habita en la línea de fuego, y que yo he dejado allá abajo.

Es preciso llegar a estas consideraciones casi místicas si se quiere explicar hasta el fondo el vacío y el desencanto de los retornos más ansiados a la retaguardia...

El Frente no es sólo la zona ardiente en que se revelan y neutralizan las energías contrarias acumuladas en las masas enemigas. Es también un lazo de Vida particular en el que participan únicamente aquellos que se arriesgan hasta él y únicamente durante el tiempo en que se hallan en él. Cuando el individuo ha sido admitido en alguna parte de la Superficie Sublime, le parece, positivamente, que una existencia nueva se derrama sobre él y se apodera de él.

Toda la actualidad en portada

comentarios