LIBROS

Sombras y luces en el París de Modiano

Extraordinaria inmersión en el «territorio Modiano» la que realiza Fernando Castillo en «París-Modiano». Un recorrido por sus personajes y el contexto histórico en el que se mueven

MadridActualizado:

¿Arde París de nuevo, como rezaba la famosa obra literaria y posterior película de René Clément de los años 60? Cualquier atentado contra esta maravillosa e inigualable «ciudad de las luces» es un ataque a nuestra civilización; una nueva amenaza de los bárbaros que, con distintos nombres y formas, acechan siempre nuestros valores y forma de vida. Y hablando de París, qué mejor paseante y guía de lujo que Patrick Modiano, como cuenta Fernando Castillo en su magnífico estudio «París-Modiano» -más que sobre su obra, sobre «los personajes y el contexto» en que se desarrollan las novelas del escritor francés-. «Una pasión catastral» que ilumina todas sus historias, calle a calle, rincón tras rincón: así la definió Pierre Assouline, conocido crítico, biógrafo y autor de dos excelentes narraciones sobre la época del Régimen de Vichy: «Sigmaringen» y «Hotel Lutetia (Navona).

Del mismo modo que el Nobel concedido en 2002 al húngaro Imre Kertész trajo a la mente de los lectores, inmediatamente unido al autor, la tragedia del Holocausto en suelo europeo, el Nobel de 2014, otorgado al grandísimo Patrick Modiano (Boulogne-Billancourt, 1945), trajo a la memoria, espléndidamente descrito a través de una literatura única, el periodo siniestro, oscuro, vergonzoso en tantos casos, de la Ocupación nazi de Francia y el no menos miserable colaboracionismo.

Y siguió la fiesta

Se trata de un periodo sobre el que últimamente ha aparecido un buen número de títulos, no sólo en Francia, sino también en España. Obras imprescindibles, como la magnífica «Trilogía de la Ocupación» («El lugar de la estrella», «La ronda nocturna»,«Los paseos de circunvalación»), del propio Modiano, recuperada por Anagrama en 2012, junto a algunos de sus más conocidos libros («Villa Triste, «Calle de las Tiendas Oscuras», «Libro de familia»). Pero también volúmenes memorables como la trilogía sobre los años anteriores y posteriores a la Segunda Guerra Mundial del insustituible especialista y cronista de Francia, París y la cultura gala durante el siglo XX Herbert Lottman («La caída de París», «La Rive Gauche», «La Depuración»; Tusquets). A ellos se une otro iluminador ensayo: «Y siguió la fiesta» (Galaxia Gutenberg), del periodista y corresponsal estadounidense de «The New York Times» Alan Riding, sobre la vida cultural en el París ocupado por los nazis.

No todos los intelectuales, por supuesto, se alistaron en la Resistencia. Los judíos, como Irène Némirovsky o Max Jacob, fueron enviados al matadero. Pero la gran mayoría, recuerdan Riding y Fernando Castillo, decidieron seguir con el día a día. Como contó Sartre, la misma noche del desembarco de Normandía, él, Beauvoir, Camus y su amante, María Casares, los Leiris y Queneau -el descubridor y valedor primero de Modiano-, se encontraban en una fiesta en casa del director del Théâtre de la Cité. Las obras de Sartre se representaban con normalidad aquellos días y la «Wehrmacht» llenaba no sólo los famosos cafés y salas de fiesta de París, sino los mejores palcos de la Ópera del Palais Garnier o de la Ópera Cómica.

Al importante ensayo de Riding debe añadirse un no menos interesante estudio sobre el saqueo artístico de los nazis en París, «Calle La Boétie 21» (Galaxia Gutenberg), escrito por la exmujer de Dominique Strauss-Kahn, la periodista Anne Sinclair, nieta del mítico coleccionista y marchante judío Paul Rosenberg, amigo íntimo de Picasso, Braque, Matisse y tantos otros.

Precisión de entomólogo

No es tan habitual, en cambio, la aparición de estupendos, minuciosos y documentados ensayos sobre esa época a cargo de autores españoles. Es el caso del escritor e historiador de la cultura Fernando Castillo (Madrid, 1953), que tras el apasionante «Noche y niebla en el París ocupado: traficantes, espías y mercado negro» (Fórcola), culmina con este exhaustivo y poco común texto dedicado al «territorio Modiano» su espléndida inmersión en la época turbia de la Ocupación y la hasta no hace tanto poco documentada y deliberadamente no tratada u «ocultada» «colaboración» desde todos los ámbitos posibles: policial, cultural, económico y «horizontal» o sexual. Un libro que, con precisión de entomólogo, rastrea los «originales» de muchos personajes modianescos, pocas veces inventados del todo. El París de la Ocupación y el de la posguerra son recurrentes en la obra de Modiano, tanto en sus novelas más autobiográficas («Un pedigrí«, «Libro de familia») como en las últimas, «La hierba de las noches» y »Para que no te pierdas en el barrio» (todas en Anagrama).

Víctimas y verdugos

El de Castillo es un intenso paseo pespunteado de nombres, personajes de primer o segundo rango, absorbentes biografías concentradas, azares en los encuentros, perseguidos, cientos de víctimas y verdugos, delincuentes sin escrúpulos o simples oportunistas, traficantes del mercado negro, actrices en ciernes ansiosas por triunfar, policías y torturadores del Régimen de Vichy o de la Gestapo, e intelectuales afines a ese estado de cosas como Drieu La Rochelle, Céline, Brasillach o Morand, entre los que, como dice Castillo, se encontraban también «un gran número de franceses de principios y moral elástica».

Uno de ellos sería el padre del propio novelista, Albert Modiano, un judío de origen triestino relacionado con tipos de la peor especie que se aprovechó, como muchos, para medrar, realizando «prósperos y pingües negocios», gracias a los contactos con los jerarcas del Nuevo Orden. Alguien del que Castillo realiza una continuada, simbólica y subterránea biografía a lo largo de su libro y que, convertido en personaje literario de su hijo, aprovechándose de un inaudito «ascensor social» en medio de la persecución implacable a los judíos, refugiados e «indeseables», probablemente creyó que la Ocupación «podía traer consigo el cambio de suerte y la fortuna que tan esquiva se mostraba con él, que siempre había vivido a salto de mata».