Amalia Iglesias, editora de «Sombras di-versas»
Amalia Iglesias, editora de «Sombras di-versas»
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«Sombras di-versas», un nuevo mapa de la poesía escrita por mujeres

Esta antología generacional firmada por Amalia Iglesias reúne nombres «veteranos» y de última hornada, como Leticia Bergé

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Decía Erasmo de Rotterdam que si el mundo cambia, debemos apresurarnos a comprender sus cambios. La velocidad de los cambios en este milenio, ha hecho que el pensamiento cultural se vea sometido a una profunda mutación, sobre todo en cuanto al papel de la mujer. Se trata del apogeo de las sensibilidades distintas, de las sensibilidades que, por razones históricas, políticas o sociales, habían quedado oscurecidas, marginadas, sin voz. Juan Goytisolohabló del mestizaje como forma de construir un yo a la altura de estas sociedades multiétnicas. Habló también de la ciudad como un multiverso de razas y de intimidades llamadas al diálogo.

Un diálogo con algunas de las más destacadas poetas nacidas a partir de 1970 es lo que propone Amalia Iglesias en esta antología. Más allá de tendencias, de estéticas y programas lo que destaca aquí es la visibilidad y la potencia que tiene hoy la poesía escrita por mujeres y hasta qué punto las voces femeninas en la última generación de poetas no es algo ocasional. Después de una historia de silencios, de habitar solo los márgenes del sistema establecido, esta poesía reclama el espacio de una nueva sensibilidad y de una nueva intimidad. Como escribió Alejandra Pizarnik nada hay más intenso que el terror a perder aquello que una es. Tal vez por eso la construcción de una identidad en un mundo cambiante sea el impulso que las una, una identidad que reivindica diferentes modos de representación.

Nuevos lenguajes

Son poetas, en efecto, donde las fronteras estéticas ya no son telones de acero, sino sitios por donde hacer un camino y establecer un diálogo. En ellas lo realista dialoga con lo hermético, la brevedad con el poema expandido, lo urbano y lo crítico con lo existencial. La apertura que muestra cada una de ellas lo es tanto a la realidad, incluso política o generacional, como a la plasmación de nuevos lenguajes e imaginarios nuevos. Leyendo la enorme potencia emocional de Raquel Lanseros, las tentativas sobre el cuerpo de Miriam Reyes, las incertidumbres de Esther Ramón, las indagaciones de Julia Piera, las realidades desarraigadas de Pilar Adón, las búsquedas de una voz a la medida de nuestras crisis hechas por Elena Medel nos damos cuenta hasta qué punto sus discursos expresan las encrucijadas en las que se mueve el mundo de hoy, y cómo, de diferentes formas, el peso de lo cotidiano y lo biográfico cada vez es mayor, aunque sin abandonar nunca la máxima exigencia de unos estilos depurados.

Abrir fronteras

En esta antología, además, Iglesias no solo mira los nombres ya contrastados del presente, sino que hace apuestas de futuro, como ocurre con Emily Roberts o Leticia Bergé nacidas ambas en 1991. En Roberts los viajes y las reflexiones sobre la vida se unen a una palabra muy solvente, íntima y llena de sensibilidad. En Bergé se puede leer hºasta qué punto la poesía es tanto una forma de amor como una posibilidad para la denuncia. Iglesia ha creado por ello su propio mapa de la poesía femenina que abre fronteras más que cerrarlas ya que se basa en esa gran aportación del pensamiento último: ante una realidad plural las voces y las estéticas son plurales. Algunas de estas voces apelan al sentimiento, otras a la reflexión, otras al carácter creativo del lenguaje, pero todas señalan que, el pensamiento occidental, como un proceso progresivo de emancipación, ha encontrado en la voz de las mujeres su último impulso luminoso.