Sara Mesa, autora de «Un incendio invisible»
Sara Mesa, autora de «Un incendio invisible» - Isabel Permuy
LIBROS

Sara Mesa, un mundo feliz

«Un incendio invisible» se enmarca en el terreno de la distopía. No chirría ni en el fondo ni en la forma

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Confieso que abrí con cierto temor «Un incendio invisible», reedición actual de la novela que Sara Mesa (Madrid, 1976) publicó en 2011 y que había pasado casi inadvertida pese a conseguir en su día el Premio Málaga. El temor obedecía a que no habría sido la primera vez en que al calor del éxito editorial de una autora (y Sara Mesa lo ha conseguido con merecimiento por su novela «Cicatriz» y por los cuentos de «La mala letra»), se reeditaran obras de menor calado o directamente flojas. Ese temor mío no se ha visto confirmado. «Un incendio invisible» no solo anticipaba la calidad literaria de Sara Mesa. En cierto modo, sirve para que la comprendamos mejor, e incluso reconozcamos algunas de sus líneas de fuerza. Vengo señalando la importancia que en la narrativa actual, sobre todo por parte de escritores jóvenes, ha cobrado el género de la distopía. En los últimos cinco años lo han cultivado con diferente enfoque varios de ellos, a los que hay que sumar a Sara Mesa, pues «Un incendio invisible» es una imaginación distópica, que podría definirse como lo contrario de «Un mundo feliz», de Aldous Huxley.

Huir del fracaso

Sara Mesa imagina una ciudad denominada Vado que sería algo así como el derrumbe de un emporio de lujo y de ocio, que se halla en ruinas, porque todos los habitantes la han ido abandonando. El protagonista, conocido como doctor Tejada, es un geriatra que viene a hacerse cargo de la gestión médica de un lugar denominado «New Life», una especie de ciudad residencial-sanatorio y asilo para viejos retirados de familias pudientes. Al igual que la ciudad y sin que la novela las explique, causas desconocidas han provocado que «New Life» no sea ni sombra de lo que fue. En los centros comerciales los locales están cerrados. En el geriátrico la situación es no menos perentoria, pues reina el abandono. Lo importante literariamente es que Mesa ha evitado que el doctor Tejada ejerza de supermán. Al contrario, él mismo es un desecho. Viene a Vado como huyendo de algún fracaso o de algún hecho desgraciado del que solo intuimos que tendría algo que ver con el nombre de Elena, que el doctor repite en sus pesadillas.

Esta novela confirma la calidad literaria de su autora y sirve para que la comprendamos

La novela deja al lector sin los contextos precisos para que reconstruya al modo realista los orígenes y causas de las situaciones que encontramos. Ni para el doctor, ni para la joven con kimono encargada del hotel de cinco estrellas, donde ya no sirven ni el desayuno, y con la que el doctor Tejada tiene comunicación meramente sexual. La otra son las conversaciones con un estrambótico científico denominado Rachid Benomoussa, encargado de estudios migratorios, que quizá a la postre sea el único que dice verdades sobre la civilización contemporánea. La novela también tiene el acierto de imaginar encuentros del doctor Tejada con una niña y su perro callejero Tifón, que la cría ha adoptado, y que sirven como contrapunto humano. Todos los personajes representan fuerzas, incluso del mal en el siniestro enfermero de «»New Life, o el Viejo huésped de la clínica, un fanático moralista.

Esa falta de contextos lleva la obra a su mayor riqueza, que reside, como en las buenas distopías, en el poderío de su representación simbólica. Sara Mesa demuestra ser una creadora muy exigente al haber fiado su novela a todo cuanto el lector precisa poner y que le ha sustraído de su conocimiento. En esa función de reconstrucción de lo necesario está su gran poder evocador. Una novela que funciona como los buenos cuentos pues contiene mucho más de lo que dice.