El artista Santiago Sierra
El artista Santiago Sierra - EFE

Santiago Sierra, el arte de la contradicción

Si fue un artista interesante, inteligente en sus acciones, ha rizado el rizo de la auto réplica. Tiene pillado el pulso del escándalo y le sale muy rentable. Varios miles de euros a su favor

Actualizado:

La semana pasada echó el telón con la polémica de Santiago Sierra -su obra retirada de ARCO- y esta se abre, según enciendo el correo electrónico, con el mismo asunto dando vueltas a ese eterno retorno que es el aburrimiento infinito. Una fundación, de nombre Anselmo Lorenzo dedicada a los estudios libertarios, me (nos) comunica que va a exponer la pieza mientras el artista va a participar en un debate para explicar lo inexplicable. Luego, rulará por Lérida y Barcelona (en el CCCB).

Si no hubiera abierto este e-mail, quién sabe si mi foco de escritura se hubiera centrado en el XXIII Congreso de Libreros que congregará en Sevilla a 300 profesionales del gremio de las letras, como me comunican en otro correo matutino. Debatirán sobre el futuro del libro. Asunto más vital que las caras pixeladas de aquellos a quienes Santiago Sierra califica como «presos políticos». Pero son ellos quienes nos tienen comido el espacio informativo.

Veremos cuántas líneas, minutos e imágenes rascan en los medios de comunicación los del Congreso de Libreros si no llaman a cualquier profesional de la polémica, o invitan a Puigdemont para que se pasee, cual fake humorístico desdibujado por Joaquín Reyes, entre las ponencias. Si Berlanga levantara la cabeza, Tabarnia le sonaría a chufla y Santiago Sierra, a rechufla.

Desde esta parodia del arte cotidiano, hace tiempo que tengo ganas de cantarle a Sierra las cuarenta. Por esta acción y por otras de similar catadura. Si fuiste un artista interesante, inteligente en tus acciones, has rizado el rizo de la auto réplica. Tienes pillado el pulso del escándalo y te sale muy rentable. Varios miles de euros a tu favor. Y te lo comento porque formé parte de aquel jurado que te concedió el premio Nacional de Artes Plásticas en 2010 que luego rechazaste con un alegato -un papel, una hoja mecanografiada de tu puño y letra- plagado de frases libertarias, que calientan la boca y el bolsillo porque las (te) vendiste a precio de mercado del arte millonario. De contradicciones vive el hombre.