DARÁN QUE HABLAR

Santi Ruiz: «Me produce más pudor contar detalles en la red que desnudarme en una “performance”»

Se formó como músico, trabajó como profe, pero se dio cuenta de que su realización personal le está llegando desde el arte. Una trayectoria corta, en la foto y la «performance», que ya está dando frutos. Santi Ruiz es de los que «Darán que hablar»

Un momento de la performance «Fornifilia», en La Juan Gallery - S. R.
Detalle de una obra de la serie «El hombre de la casa» - S. R.
Detalle de la aplicación «100% masculino» - S. R.
Un «still» del vídeo «A Man's Routine» - S. R.
Imagen de la serie «Intimidad» - S. R.
Díptico de la serie «Love at sight» - M. P.
Detalle de una obra de la serie «El hombre de la casa» - S. R.
Detalle de la aplicación «100% masculino» - S. R.

Nombre completo: Santi Ruiz. Lugar y fecha de nacimiento: Santander, 1989. Residencia actual: Madrid. Estudios: Máster en fotografía conceptual y artística (EFTI). Ocupación actual: Artista visual.

Qué le interesa. Siempre parto de mis experiencias personales para tratar cuestiones que me obsesionan. La arbitrariedad de las convenciones de género, la creación de identidades en las redes sociales, el proceso de cosificación e hipersexualización del cuerpo o la idealización de una virilidad caduca por parte de muchos hombres homosexuales –con conductas rayanas en la homofobia y en la misoginia–. La lectura de textos de Wittig, Butler, Preciado es también fundamental para mi trabajo.

Me asombra que como profesor cobré desde el primer día de trabajo. Sin embargo, como artista muchas veces se te recompensa con «visibilidad»

Me gusta experimentar con diferentes lenguajes (fotografía, vídeo, «performance»), y me divierte el uso de las nuevas tecnologías, aunque el formato de la pieza depende de cada idea. Disfruto más con el proceso de creación que con la obra terminada y el sentido del humor se ha convertido en una constante en mis últimos trabajos.

De dónde viene. He participado en varias exposiciones colectivas. Primero con compañeros de EFTI («Aquí y allá», en el Círculo de Bellas Artes) y después en un par de propuestas en Factoría de Arte y Desarrollo. En breve inauguramos una muestra en Fernando Pradilla de la que me hace mucha ilusión formar parte. Aunque quizá sea mi «performance» en La Juan Gallery el proyecto con mayor repercusión hasta el momento. No solo por la acción en sí misma, sino por el vídeo de registro, que ha tenido bastante difusión en internet.

Supo que se dedicaría al arte desde el mismo momento en que… No hace demasiado tiempo, la verdad. Me he formado en un sistema educativo en el que para ser artista tenías que ser buen dibujante, y yo no lo soy. Por suerte, ahora las posibilidades son mucho más amplias. Estudié música desde pequeño –primero guitarra, después musicología–, pero no disfrutaba con lo que hacía. Hasta que en 2010 me compré una cámara réflex decente y descubrí que se me pasaban las horas volando mientras editaba mis fotos. Ahora producir se ha convertido en una necesidad y en una forma de terapia.

¿Qué es lo más extraño que ha tenido que hacer en el mundo del arte para «sobrevivir»? Por ahora, nada. Hasta hace unos meses trabajaba como profesor de secundaria, pero he solicitado una excedencia para dedicarme de lleno a esto del arte, así que aún puedo vivir de mis ahorros. Eso sí, me asombra que como profesor he cobrado desde el primer día de trabajo. Sin embargo, como artista muchas veces se te recompensa con «visibilidad», aunque es aún peor cuando te hacen propuestas en las que tienes que pagar para exponer. No tendré problema en volver a dar clases, si eso me da la independencia que necesito para desarrollar el trabajo artístico que me apetezca, sin preocuparme por si es vendible o no.

Su «yo virtual». He de reconocer que estoy enganchado a Facebook. Soy más observador que participante activo, pero, bien utilizada, me parece una red social muy interesante para estar al día de casi todo. También es un gran medio para la difusión de mi trabajo, aparte de mi página web y una cuenta de Vimeo. Es genial poder compartir lo que haces con personas ajenas al mundo del arte contemporáneo. Tengo perfil en Instagram, pero no me gusta mucho. Me produce más pudor contar detalles íntimos en la red que desnudarme en una «performance».

Con ese «selfie» nos saluda Santi Ruiz en «Darán Que Hablar»
Con ese «selfie» nos saluda Santi Ruiz en «Darán Que Hablar»- S. R.

Dónde está cuando no hace arte. He sido profesor de música durante muchos años, pero me he tomado un descanso para hacer otras cosas. Ahora tengo entre manos un proyecto de gestión cultural para fomentar la creación artística en internet, pero todavía es muy pronto para dar más detalles. Asisto a todos los cursos y talleres que puedo: de «performance», de comisariado, de «software»... A veces sales de tu zona de confort y descubres posibilidades apasionantes, como me sucedió en un taller con Esther Ferrer.

Le gustará si conoce a... Cuando estudiaba fotografía me impactaron los trabajos de Francesca Woodman, Duane Michals y Arthur Tress. Verónica Fieiras fue una figura fundamental durante ese periodo de formación en EFTI, donde tuve la oportunidad de conocer a Yolanda Domínguez, Jesús Micó o Eugenio Ampudia, que nos animó a hacer aplicaciones, además de fotografías. Además, allí fui compañero de Fede Sposato, de quien aprendí mucho y con quien me divertí aun más. Me interesan especialmente las obras de artistas comprometidos/as, que me provoquen o me incomoden, como las de Cabello/Carceller, Tania Bruguera o Regina José Galindo. Y sigo con gran interés a gente joven que ya es un referente para muchos de nosotros/as, como Iñaki Domingo, Olalla Gómez o Núria Güell.

¿Qué se trae ahora mismo entre manos? Estoy dando los últimos retoques a la aplicación de contactos que presentaré muy pronto en formato expositivo en la colectiva «Sólo es sexo» (Fernando Pradilla) y por la que se podrá navegar desde cualquier teléfono móvil.

Disfruto más con el proceso de creación que con la obra terminada y el sentido del humor se ha convertido en una constante en mis últimos trabajos

También ando ya inmerso en un nuevo proyecto, alejado esta vez de cuestiones de género, en el que indago en una anécdota de mi adolescencia. Ahora que cualquier cosa supone un delito o una ofensa, dan ganas de preguntarse si quienes tanto se ofenden no son en realidad los/as agresores/as.

¿Cuál es su obra favorita hasta el momento? Más que una pieza en concreto, estoy satisfecho con el discurso que se va generando a través de las diferentes obras. El conjunto es muy pequeño todavía y los lenguajes son muy dispares, pero no tengo prisa. El objetivo principal es disfrutar con lo que hago, y, la verdad, es que me lo estoy pasando muy bien.

¿Por qué tenemos que confiar en él? Tengo una gran tendencia a hacer lo contrario de lo que se espera de mí, aunque intento crear un discurso coherente y sincero. No me preocupa demasiado si lo que hago gusta más o menos, pero siento una gran responsabilidad en cuanto a lo que quiero contar. Aun así, la interpretación del espectador es casi siempre muy diferente de mi intención, lo que me resulta muy interesante.

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