DE PUERTAS ADENTRO

Ritos, mitos y procesos abiertos en Salaberry, 89

Ella, Marina Vargas, es escultora y pintora. Él, Zdenek Tusek, fotógrafo. Ambos se entienden a la perfección en su taller en Carabanchel, en el que comparten procesos y su gusto por lo ascentral. Casi sin hablarse. Casi sin coincidir en el estudio

Zdenek Tusek y Marina Vargas, en su amplio estudio en Salaberry, 89 - José Ramón Ladra

Encontrarse un árbolito de Navidad, aunque sea desnudo, en el descansillo de la finca ya es pálpito que anuncia que algo grande nos espera más arriba. Nuestro destino es la segunda planta, pero más tarde nos explicarán nuestros anfitriones que todo el inmueble, con cuatro pisos, está ocupado por artistas o creadores que desarrollan allí su labor. De ello dio buena fe hace unos meses el festival ArtBanchel, que dio a conocer a muchos de ellos. De hecho, fue un diseñador de vestuario del cuarto rellano, Pepo Ruiz Dorado, el que avisó a Marina Vargas de que un buen espacio, amplio y luminoso, quedaba libre en este inmueble de Salaberry, 89, en el barrio de Carabanchel, el nuevo Malasaña de los artistas en Madrid, hacia el que ella dirigió sus pasos hace ahora tres años.

Necesidad de estar acompañada

«Antes compartía espacio con otro artista, Jesús Pedraza, pero él lo abandonó cuando comenzó a centrarse en el vídeo y vio que ese mismo trabajo lo podía hacer en casa. Yo siempre he necesitado de compañeros, y no sólo para pagar el alquiler, que también es importante, sino porque no me gusta trabajar sola y porque mi obra, que siempre es voluminosa, requiere de otros que me ayuden a moverla, a transportarla...». Vargas es quien nos recibe y quien así nos responde cuando le preguntamos sobre cómo una granadina como ella acabó en un lugar como este. Un lugar que, como ya nos suponíamos, no nos iba a dejar indiferentes: por su espacio diáfano bien invadido por sus propietarios; por su gran ventanal por el que tenemos que imaginarnos como entra la luz en una jornada soleada; por algunos elementos que jamás, jamás, nos esperaríamos encontrarnos en el estudio de un artista. Uno es una de esas estufas-chimenea tan habituales en las terrazas al aire libre de las cafeterías. El otro es una máquina transpaleta («la Jenny», la llama su dueña), con la que la artista mueve sus voluminosas obras de sitio...

Jenny, la traspaleta queda aparcada cerca de una gran estantería fija con materiales
Jenny, la traspaleta queda aparcada cerca de una gran estantería fija con materiales- J. R. Ladra

«Llevo siete años en Madrid y este es mi segundo estudio», prosigue en su relato. «El anterior era muy similar a este, porque siempre he ido buscando lo mismo: un sitio amplio, con montacargas, un lugar en el que se pueda entrar con un camión para cargar y descargar las obras, en el que se puedan almacenar y embalar las esculturas sin problema». Tras un interín como de un año en el que Vargas estuvo de okupa en el estudio de Abraham Lacalle y Jacobo Castellano (en Doctor Fourquet, ¿lo recuerdan?), el traslado de la artista a La Latina le animó a buscar algo cerca. Y así llegó hasta aquí. Y poco después lo haría su actual compañero de estudio, el fotógrafo de origen checo Zdenek Tusek, a través de una amiga común.

«No me gusta venir al estudio como el que ficha en una oficina. Si vengo aquí es porque tengo que hacer algo, y algo que sé que me va a llevar una jornada entera. No me acerco para un par de horas» (M. Vargas)
«No sólo me interesó el lugar sino también el propio trabajo de Marina –cuenta el artista–, con el que tenía muchos puntos en común: los dos nos nutrimos de los rituales, de cuestiones ancentrales, y ambos le damos mucha importancia al proceso de trabajo, a la labor en la intimidad, a la ejecución de las obras con lentitud, aprendiendo mientras procedemos». Tusek lleva en España trece años, pero este es realmente su primer estudio como tal: «Antes trabajaba en casa, pero poco a poco se me quedó pequeña. Yo genero mis propias escenografías, y llegó un punto en el que no cabíamos en el mismo espacio los focos, los fondos, los modelos y las obras. Había que buscar un lugar que no solo fuera estudio fotográfico, sino también taller y almacén».

Zdenek Tusek
Zdenek Tusek- J. R. Ladra

Y ese lugar era este. Lo visitamos una tarde de primeros de julio en la que la Naturaleza parece enfurecida con la ciudad y diluvia en el exterior. Los ventanales se agitan y escuchamos como la lluvia torrencial golpea los cristales. Dentro, entendemos perfectamente lo que quiso decir Marina cuando nos contaba fuera de micro que «no podría trabajar con otro escultor». Cuestión de volúmenes. Principio de Arquímedes en estado puro: todo lo que entra, desaloja otra cosa. Y sus esculturas, las acabadas y las que esperan su intervención –como ese Cristo que recoge el cuerpo de su madre muerta–, ocupan un espacio. También sus materiales, sus fetiches, ese gran lienzo que ahora está restaurando y que ocupa el centro de la sala. A Zdenek hay que «buscarlo» en todo ese remolino: está sobre una mesa, donde descansan algunas de las esculturas que emplea en sus montajes para fotografías, justo al lado de algunos catálogos y «flyers» de muestras anteriores. Y también en una pared gris, la que le sirve de fondo para sus retratos. Y sobre el tablero en el que ahora remata algunas piezas. Es como si él rellenara los espacios que ella va dejando libres...

Marina Vargas
Marina Vargas- J. R. Ladra

A poco que uno los conozca, pronto repara en que son como el yin y el yang. Ella extrovertida y expansiva; él, más retraido y silencioso. Aún así, hacen un tándem excelente: «Hemos aprendido a acompañarnos en la soledad del otro; ¿sabes cuando se dice que los silencios hablan? Pues eso me pasa a mí con Zdenek: compartimos sin interaccionar. Me gusta tener a mi lado una persona que trabaja con las manos, una persona de procesos lentos como los míos. Todo eso me fortalece. Porque cuando te dedicas a algo como el arte, son muchos los días en los que lo mandarías todo al carajo, muchos los días en los que te cuestionas lo que haces. Y está bien tener a alguien que te apoya, con el que tienes cosas en común, que con esta interacción se potencian».

Buscar novio

Por si alguien tenía aún esa curiosidad, Marina y Zdenek no son pareja. Sin embargo, ella recurre a este símil para explicar lo que es un compañero ideal de estudio: «Es fundamental que haya sintonía, que el otro se acople a tu mundo y a tus necesidades. Estoes como buscar novio». Tusek pone el acento en cómo, al final, y aunque cada uno trabaje en su lado, a espaldas del otro, en ocasiones, sin coincidir con él, ambos se respetan observándose: «A mí lo que hace ella me inspira mucho, y gracias a todo eso, se expande mi imaginario. No es como cuando vas a una exposición y te nutres de un artista que te gusta durante media hora. Aquí la influencia es de días, de semanas...».

«Lo que hace ella me inspira, y gracias a eso, se expande mi imaginario. No es como cuando vas a una exposición y te nutres de un artista durante media hora. Aquí la influencia es de días, de semanas» (Z. Tusek)
El fotógrafo participará en septiembre en una exposición colectiva en un pequeño taller de grabado en Lavapiés, y ahora remata algunas obras. Ella volverá a formar parte tras el verano de una nueva versión de la muestra «El bosque interior» comisariada por Susana Blas. Tambien es posible que pronto le salgan residencias en México o La Habana, antes de su próxima individual en Javier López & Fer Francés: «Me apetece volver a esos países, porque me nutro mucho de ellos. Ahora mismo estoy en una especie de momento de transición, gestando cosas nuevas». Cuando eso ocurre, Marina Vargas pasa poco por el taller.

Una gran pieza de Marina descansa cerca de algunas fotos y objetos de Zdenek
Una gran pieza de Marina descansa cerca de algunas fotos y objetos de Zdenek- J. R. Ladra

Ella sigue trabajando en su serie sobre las cartas del tarot (la que introdujo en el Museo ABC el pasado año), dándose tiempo para que surjan nuevas ideas: «No me gusta venir al estudio como el que ficha en una oficina. Si vengo aquí es porque tengo que hacer algo, y algo que sé que me va a llevar una jornada entera. No me acerco para un par de horas. Y cuando esto ocurre, los procesos, los materiales marcan los ritmos: a veces toca quedarse de noche, porque el esmalte tarda mucho en secar y quieres tener algo en lo que seguir trabajando al día siguiente; el poliuretano o las resinas de las esculturas pueden ser muy tóxicas, por lo que hay que estar sola, ventilando mucho, e incluso con mascarillas y siguiendo una dieta específica de alimentos para no intoxicarme. Y me gusta “perder el tiempo”, ese tiempo que pasas en casa leyendo, dibujando, pensando, y que en el fondo es igual de provechoso».

A Zdenek hay que «buscarlo» en todo el remolino de Marina: está sobre una mesa, y también en una pared gris, la que le sirve de fondo para sus retratos. Y sobre el tablero en el que remata algunas piezas. Es como si él rellenara los espacios que ella va dejando libres
Los dos artistas conviven en este espacio sin pisarse el uno al otro, aunque parezca mentira. Cuando Tusek tiene sesión de fotos, ellas hace limpieza. Entonces él despliega sus escenografías. Muy probablemente Vargas no esté por allí. Ella entiende este lugar no tanto como un estudio sino como un taller, en el que las cosas pueden caerse, en el que el suelo puede mancharse de pintura («cuando entré aquí, estaba nuevo. Fue algo que le dejé claro al casero»). Por eso encontramos anotaciones a lápiz en la pared, cerca de un enchufe. Si el checo no ha acabado su labor, cuando ella regrese se encontrará lo hasta entonces desarrollado por el fotógrafo, algo incluso, que puede variar las expectativas que la andaluza tenía de lo que allí se gestaba: «Me encanta la sensación de pensar que una obra de Zdenek iba a ir por un lado y, cuando la acaba, que el resutado sea diferente al que me había imaginado», confiesa.

Ambos artistas trabajan sin molestarse
Ambos artistas trabajan sin molestarse- J. R. Ladra

Ambos preferirían tener el estudio en casa. Para Marina, es necesario que haya una prolongación lógica entre vida y trabajo: «Esa sensación de poder entrar en el taller con la taza de café en la mano, como hacía cuando el estudio lo tenía en casa de mi abuela y llegaba a la carpintería que mi padre tenía debajo». Para Zdenek, aunque lo ideal sería contar con espacio en su vivienda para trabajar desde allí, tiene claro que hay Salaberry 89 para rato. Fuera, la ciudad sigue pidiéndole una tregua al cielo, pero toca marcharse. Dentro, los dos artistas proseguirán con su danza cuando ya faltemos. En silencio. Con su música. Tejiendo sus procesos que tanto comparten y que tanto se aportan. Y en el portal, ese árbol de navidad que ya no nos parece tan extraño...

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