Adam Driver interpreta a un conductor de autobús y poeta inédito en «Paterson»
Adam Driver interpreta a un conductor de autobús y poeta inédito en «Paterson»
CINE

La poesía realista lucha contra la realidad

Siguiendo la estela de William Carlos Williams, Jim Jarmusch busca en «Paterson» lo poético en lo cotidiano: un espacio donde poder respirar

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Hay quienes han visto en «Paterson» (2016, Jim Jarmusch) una maravillosa fábula sobre la «poesía de lo cotidiano» y quienes se han sentido decepcionados por la escasa calidad de los poemas que escribe su protagonista (Adam Driver). Pongamos ahora que unos y otros tienen razón aunque todos se queden cortos. Los primeros demuestran haber entendido el contexto donde se desarrolla la película pero acuden al cliché más repetido en las redes sociales o la prensa para definirla, y los segundos –acaso porque no leen lo suficiente– sacan a colación el canon occidental pero pasan por alto que la poesía es por encima de cualquier cosa una actitud ante el lenguaje (y por extensión ante la realidad), no tanto una cuestión de buenos o malos, mejores o peores. Si olvidamos que la poesía (escrita o visual) emana de nuestra esencia más mundana, vamos listos; y si convertimos la poesía exclusivamente en unos Juegos Olímpicos con medallas de oro, plata y bronce, también vamos listos.

De modo que trabajemos un poco para no estereotipar lo excepcional. Permitamos que la poesía siga siendo un triunfo y un fracaso al mismo tiempo, el triunfo del lenguaje cuando lo utilizamos para superar la realidad y su fracaso cuando nos damos cuenta de que la música mental que lo genera nunca se despliega por completo en la escritura de un poema.

Imágenes y versos

«Paterson» hace cosas propias de la poesía: establece rimas entre imágenes repetidas (estableciendo un paralelismo entre lo cotidiano y el ritmo, sin que a veces nos demos cuenta de la importancia de esas reiteraciones, como si no oyésemos su música), y produce imágenes entre las imágenes (de un modo similar a ciertos versos, capaces de introducir al lector en la composición, culminándola con las palabras que le faltan, sugeridas a través de múltiples figuras retóricas con las cuales se genera lenguaje sin necesidad de escribirlo).

Además, la película se detiene en algunos de los principios sobre los cuales se sustenta la poesía: la contemplación del movimiento en la naturaleza (a través del agua cayendo por una cascada) y la fusión de palabras e imágenes (dando a entender que la poesía no traduce otros lenguajes sino que se funde con ellos, algo que se da muy a menudo en el arte asiático y que Jarmusch explora convirtiendo algunos planos de «Paterson» en lienzos sobre los cuales escribe los versos que va componiendo su protagonista).

«Paterson» debe mucho a la temprana dedicación de Jarmusch a la poesía, después de estudiarla en la universidad

En un ejercicio de multiplicación, «Paterson» en la película es el nombre del protagonista y el de la ciudad en el estado de New Jersey donde tiene lugar la historia; y es asimismo el nombre de un ciclo poético compuesto por William Carlos Williams, que vivió allí muchos años. Círculos expandiéndose en el espacio y en el tiempo, estableciendo una suerte de encabalgamiento a pesar de las cesuras. Y la poesía surge entre las imágenes, sin que las imágenes mismas abandonen su lado narrativo, mientras siguen a un conductor de autobús que en sus ratos libres escribe poemas sin ningún afán de publicarlos algún día aunque su mujer (Golshifteh Farahani) le insista en hacerlo.

De esa manera, lo poético no surge del encuentro con lo extraordinario sino más bien de la actitud de sorpresa ante lo ordinario: una niña que lee unos versos compuestos por ella (escritos en realidad por Jarmusch), un hombre que rapea (el cantante Method Man recitando una de sus composiciones) en el interior de una lavandería, o un turista japonés (Masatoshi Nagase) –aficionado a la poesía– que visita la ciudad de Paterson sólo porque allí fue donde vivió William Carlos Williams, uno de los primeros poetas que hizo un uso literario del habla coloquial y liberó a la lírica anglosajona de sus pleitesías hacia la métrica e incluso la rima.

Conexiones

Jim Jarmusch pensó en utilizar cuatro poemas de Ron Padgett a lo largo de la película, nombrándolo «supervisor poético» aunque sin pedirle que compusiera versos originales, porque escribir poesía por encargo –y bajo la presión del tiempo– debe de ser una de las cosas más difíciles e ingratas que existen. Sin embargo, el carácter abierto del guion y la receptividad del equipo ante lo imprevisible facilitaron que Padgett fuese capaz de componer los siete poemas utilizados finalmente, gracias a la interconexión que sintió con los diálogos primero y más tarde con las imágenes que iba viendo a medida que avanzaba el rodaje. Supongo que en el fondo «Paterson» es la suma de la temprana dedicación de Jarmusch a la poesía después de haberla estudiado en la Universidad de Columbia (Nueva York), y de la obra de Padgett (que en la década de los sesenta, el año después de la muerte de William Carlos Williams, fue a la ciudad en la que este último trabajó como doctor y en sus ratos libres compuso un largo poema épico sobre sus edificios, parques, calles y ciudadanos).

No sé quién dijo que la poesía era algo así como el opuesto del dinero, lo importante es que para mí tiene razón y me parece que también la tiene para Jim Jarmusch, que en «Paterson» despliega un tejido sutil de referencias al dinero, a la precariedad laboral y a los apuros para permitirse el mínimo lujo si eres un trabajador en Estados Unidos hoy en día, con la posibilidad de aislarte del mundo entero cuando ni siquiera puedes llevar a cabo pequeños sueños (como pintar tu casa de otro color, hornear magdalenas para venderlas en el mercado local o aprender a tocar la guitarra) y renuncias a la poesía, que puede descubrirte el ritmo de tu vida y la rima de días en apariencia repetidos, además de conectarte con quienes tienen experiencias similares y no saben expresarlas. En la sociedad estadounidense (según David Foster Wallace, llena de expectativas imposibles, juicios implacables y mierda psíquica sin fin), el protagonista de Paterson nos viene a decir –con versos de Chantal Maillard– que: «Escribo / para que el agua envenenada / pueda beberse».