ARTE

Poesía de las formas en Cy Twombly

Magna revisión a la obra total del norteamericano Cy Twombly es la que lleva a cabo estos meses el Centro Pompidou de París. Un viaje al interior de su imaginario

Detalle de «La coronación de Sesostris» (2000)
Detalle de «La coronación de Sesostris» (2000)

Si quieren «sumergirse» en una experiencia estética profundamente intensa, ir hasta el fondo de uno mismo, no se pierdan esta maravillosa, irrepetible, exposición. Se trata de la más amplia y mejor articulada retrospectiva del artista estadounidense Cy Twombly (1928-2011), cuyo nombre Edwin Parker, el mismo de su padre, jugador profesional de beisbol, fue sustituido por el apodo deportivo también de su padre «Cy», abreviatura de «Cyclone», Ciclón.

La muestra es irrepetible porque sólo podrá verse en el Centro Pompidou, en París. Y también por su gran calidad. En ella se presentan, con una ordenación cronológica, 140 pinturas, esculturas, dibujos y fotografías, lo que permite recorrer de manera completa el conjunto de una de las trayectorias artísticas más relevantes de nuestro tiempo.

Marcas de doble vía

Toda la vida de Cy Twombly está marcada por el signo del viaje. Y en un doble sentido: viaje como desplazamiento físico y como descubrimiento de lugares. De Estados Unidos a Europa, África o Asia. Un sentido de desplazamiento que le llevó a sentirse habitante de distintos mundos, a vivir desde el año 1957, cuando se instaló por primera vez en Roma, entre Italia y su Norteamérica de origen. Pero también viaje como desplazamiento interior, hacia el fondo de uno mismo y hacia las raíces de la humanidad, como ya indicaba con la petición de beca que le permitió viajar en 1952 por Europa y el Norte de África. Y que justificó indicando que quería «estudiar los dibujos de las cavernas prehistóricas de Lascaux».

Tras sus estudios en Nueva York, donde encuentra y se hace amigo de Robert Rauschenberg, y en el Black Mountain College, en Carolina del Norte, y a partir de ese viaje de 1952 en compañía de este creador, Cy Twombly despliega una línea artística plenamente personal, inconfundible con cualquier otra. Es como un meteorito solitario que traza su curso en el destello del tiempo.

Su obra supone una inmersión en las raíces de las formas expresivas de la humanidad en su estado naciente. Por medio de la inserción en la obra plástica de registros directos -líneas, letras, incisiones, trazos, «garabatos»-, que se articulan y superponen con el dibujo y la pintura en una unidad indisoluble.

En sus comienzos, el artista utiliza pintura industrial, característicamente fluida y viscosa, dando entrada al óleo a partir de 1960. A lo largo de toda su trayectoria, su pintura no es figurativa, sino una expresión directa de la forma diseminada y del color. Pintura que habita el mismo espacio que el dibujo, con lápices de mina de plomo, lápices de colores o con ceras. Y tanto la pintura como el dibujo dialogan con los trazos y las letras, con lo que podemos llamar «escritura gráfica».

En esa síntesis -y esto es algo que el propio Twombly formula explícitamente- el procedimiento de caída despliega los ecos unitarios de la expresión en sus registros más diversos. El dibujo, la impregnación de la pintura y el color caen sobre la superficie, lo mismo que el trazo y la escritura con su despliegue superpuesto.

La construcción plástica de Cy Twombly integra así plenamente soportes y procedimientos expresivos diversos. Poética es su utilización del collage, integrando en los años cincuenta trocitos diminutos de papel, y, en los setenta, fragmentos más grandes con inscripciones de nombres de personajes poéticos y mitológicos. Poética es también su incursión en la fotografía: frutas y objetos solitarios. Y, finalmente, poética es también su obra en tres dimensiones, que para mí no es propiamente escultura, sino más bien ensamblajes o hibridaciones de objetos, en todos los casos, cubiertos con pintura blanca. Según sus propias palabras: «La pintura blanca es mi mármol». Blanco era también, para él, el color del mar.

Formas primigenias

En definitiva, Cy Twombly nos lleva a lo que propiamente llamaríamos la forma expresiva primordial. Al núcleo de la poesía de las formas, en el que resuenan los ecos que se despliegan desde las representaciones parietales del Paleolítico y los trazos culturales de la Antigüedad Clásica, Grecia y Roma, tan centrales en sus obras, hasta el tiempo presente, en el que los seres humanos seguimos siendo seres que se expresan. Si Nietzsche habló del «animal de fondo» que habita en todos nosotros, la construcción artística de Cy Twombly nos permite vivir «la humanidad de fondo» que nos alienta a dar forma a la expresión. A vivir más allá de límites cerrados, a salir más allá de nosotros mismos.

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