El historiador Peter Brown
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Peter Brown: «Nada es inevitable entre cristianos y musulmanes»

A punto de cumplir 82 años, el historiador irlandés goza de una lucidez y una vitalidad que le permiten dar lecciones de tolerancia en un mundo cada día más radical y radicalizado

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«No, no todo está escrito en la historia de Roma. Hay muchas otras influencias que han forjado la civilización», apunta Peter Brown (Dublín, Irlanda, 1935). Él es uno de los grandes especialistas en la antigüedad tardía. Se le puede preguntar por el pasado pero aplicado al presente y al futuro. Leer entre las líneas de lo más remoto para entender lo más cercano, quizá a la vuelta de la esquina. Entre religiones ha andado toda la vida y sobre ellas es capaz de dialogar en cualquiera de las quince lenguas que domina.

¿Hay cierta ironía en el título de su obra, «Por el ojo de una aguja»?

La verdad es que no. Para muchos cristianos no era una cuestión de ironía, sino algo realmente perentorio. Lo importante es si esta expresión de Jesucristo iba a ser la única norma que rigiese la actitud cristiana ante la riqueza. Evidentemente, no lo fue, pero los que no la acataban no eran forzosamente malos cristianos o hipócritas. Solo los cristianos radicales, como san Jerónimo, querían que todos sus correligionarios se sintiesen culpables por su riqueza. Muchos no se sentían así. El propósito de mi libro es presentar tanto el punto de vista de los cristianos ricos como el de los radicales. El drama de la época es que había muchas ramas del cristianismo en conflicto entre ellas.

¿Quién pasaría por el ojo de esa aguja y quién no?

Eso depende de a quién se le preguntase. Los monjes radicales creían que tenían que deshacerse de todas sus posesiones para lograr la salvación. Otros creían que lo importante era ser caritativo con los pobres del lugar, con regularidad y sin grandes alardes de desprendimiento. Estas personas no consideraban que estuviesen disculpándose. Hacían lo que los buenos cristianos debían hacer, igual que los buenos judíos: ocuparse de los pobres lo mejor que podían, sin gestos melodramáticos.

«Es bueno que los católicos conozcan a Lutero, como que los protestantes conozcan a Santa Teresa»

¿El poder y el dinero corrompen a todos por igual?

A la mayoría de los cristianos de la Antigüedad Tardía esta opinión les habría parecido extremadamente pesimista. En la cristiandad, al igual que entre los judíos, y, más tarde, en el islam, existía una sólida tradición de ricos buenas personas. La cuestión era cómo se empleaba la propia riqueza. Los que la empleaban bien no eran tratados como «corruptos».

¿Puedo preguntarle qué piensa de la Iglesia actual, de la del siglo XXI?

Eso depende de a qué Iglesia se refiera. En el mundo moderno hay muchas iglesias y muchas formas diferentes de cristianismo. Algunas iglesias protestantes se están extendiendo tan deprisa por el mundo no europeo -en Sudamérica, en África y en el este de Asia- que han cogido por sorpresa a los sociólogos y a los historiadores de la religión. No se esperaba un crecimiento así. En Europa es posible que hayamos vuelto al mundo de la Antigüedad Tardía, es decir, a un mundo en el que el cristianismo vuelve a ser una religión minoritaria. Esto no es una derrota, sino que ofrece muchas oportunidades de actividad y de diálogo con otras religiones.

El papa Francisco ha hablado de rehabilitar a Lutero, del que ha dicho que fue «un reformador, y en esa época la Iglesia no era un ejemplo a imitar».

Evidentemente, esto es una muy buena noticia. Es malo fundamentar la propia identidad (ya sea como iglesia, como nación, o como grupo social) en enemigos imaginarios del pasado. Es bueno que los católicos conozcan a Lutero, como lo es que los protestantes conozcan a santa Teresa de Ávila. Pero lo importante no es solo eliminar las diferencias; es estar preparado para aprender de los demás.

«El chico que creció rodeado de intolerancia religiosa sabe que hace falta paciencia»

En el Norte de África el islam se consolidó rápidamente como modelo alternativo al cristianismo. ¿Cómo fue posible la coexistencia entre el cristianismo y el islam?

No se debería exagerar la rapidez con que el islam sustituyó al cristianismo en el Norte de África y Oriente Próximo. Hasta la época de las Cruzadas, los musulmanes eran minoría en un mundo que seguía siendo cristiano. Uno de los grandes avances del estudio de la Antigüedad Tardía y la Edad Media ha sido mostrar lo mucho que los musulmanes, los cristianos y los judíos contribuyeron a crear una civilización islámica característica, que incluyese elementos tomados de grupos religiosos divergentes de toda la zona. Las tres religiones dialogaron constantemente. Para un historiador que estudia el Norte de África y Oriente Próximo en las épocas cristiana y musulmana, la ruptura del diálogo entre los dos credos en época moderna es una tragedia que no tendría que haber sucedido. Los acontecimientos recientes han demostrado que ya no se puede resolver el problema ignorándonos unos a otros; tenemos que volver a empezar. Nada es inevitable en el conflicto entre cristianos y musulmanes. A la hostilidad actual la han precedido muchos siglos de coexistencia. Tenemos que utilizar todo el conocimiento histórico y toda la paciencia de los que somos dueños para reconducir la situación.

Usted es irlandés, y su país tiene profundas raíces religiosas cuyas defensas han salido caras a lo largo de la Historia.

Siempre he valorado las tradiciones religiosas de Irlanda, pero estas tradiciones no siempre han servido para hacer el bien. Me crié en Dublín, en una familia protestante, cuando el país estaba enconadamente dividido entre protestantes y católicos. En consecuencia, siendo muy pequeño aprendí la naturaleza de la intolerancia religiosa; la intolerancia obcecada de una minoría protestante con la aplastante mayoría de compatriotas católicos de la República de Irlanda; la opresiva intolerancia clerical habitual en un catolicismo profundamente aliado con el nacionalismo irlandés. Resulta paradójico que una situación que muy bien podría haberme vuelto enemigo perenne de la religión haya tenido el efecto de hacer que me la tomase en serio, sobre todo como fuerza social. Eso sucedió en las décadas de 1940, 1950 y 1960. Ahora Irlanda ha cambiado. Es un país más feliz, en el que los católicos y los protestantes han hecho grandes esfuerzos por llegar a conocerse, respetarse y aprender los unos de los otros. Esperemos que en otras partes del mundo los conflictos de religión similares -en particular entre cristianos y musulmanes en Europa y Oriente Próximo- se resuelvan de la misma manera. Pero el historiador de Irlanda, y el chico que creció en ese país como crecí yo, rodeado por una intolerancia que parecía condenada a durar eternamente, sabe que para eso hace falta tiempo y mucha paciencia.