La ilustradora Ana Penyas
La ilustradora Ana Penyas - ABC
DISEÑO

Ana Penyas: «El dibujo me permite entender la sociedad en la que vivo»

«La imagen gráfica permite que las ideas más complicadas, incluso dolorosas, lleguen de forma más intuitiva». «Estamos todas bien», de Ana Penyas, habla de senectud, de franquismo, de machismo... Eso ha merecido el Premio FNAC-Salamandra Graphic

MADRIDActualizado:

Ana Penyas (Valencia, 1987), diplomada en Diseño Industrial y graduada en Bellas Artes por la Universitat Politécnica de Valencia, es una joven ilustradora que, a través de sus creaciones, retrata un modo de vida local. Con dibujos cercanos y coloridos, en donde los trazos sencillos invaden la realidad ilustrada, consigue expresar una realidad deformada muy particular. Amante de las vanguardias, rompe con el canon clásico de la perspectiva e intenta moverse entre la consciencia del poder de una imagen transmisora de mensajes y la convicción del diálogo que aquella debe propiciar en el receptor.

Acaba de recibir el X Premio Internacional de Novela Gráfica Fnac-Salamandra Graphic por el proyecto «Estamos todas bien», que será publicada por ediciones Salamandra en noviembre de 2017. En ella, rinde un pequeño homenaje a sus dos abuelas, Maruja y Herminia. A través de una historia que recorre la vida de estas dos mujeres en un intento por entender su forma de estar en el mundo, la autora sumerge al lector en su día a día y sus recuerdos, en los que conocerá a las protagonistas y el contexto en el que se formaron, desde el inicio de la dictadura franquista hasta nuestros días. 

«Es difícil explicar un proceso que en parte escapa a mis decisiones conscientes. Hay mucho de mi estilo que es resultado de resolver una imagen que no sabía hacer de un modo más “descriptivo”»

El Premio es hoy un referente en el panorama del cómic, refrendado por el éxito de crítica y público de los ganadores de las anteriores ediciones: «Fueye», de Jorge González (2008); «La estación de las flechas», de Guillaume Trouillard y Samuel Stento (2009); «¡Pintor!», de Esteban Hernández (2010); «La muchacha salvaje», de Mireia Pérez (2011); «Miércoles», de Juan Berrio (2012); «Un médico novato», de Sento Llobell (2013); «Inercia», de Antonio Hitos (2014); «Chucrut», de Ana Sáinz (2015); y «Náufragos», de Laura Pérez y Pablo Monforte (2016). Un magnífico barómetro para ver cómo se encuentra actualmente la nueva savia del cómic nacional e internacional además de ser un almanaque de buenas historias e ilustraciones.

¿Qué supone este galardón para su carrera y sobre todo a nivel personal?

En este caso, me cuesta separar lo profesional de lo personal por el vínculo que me une a mis abuelas, pero también por el tiempo que le he dedicado al proyecto justo en un momento en que estaba empezando a intentar ser ilustradora, con dudas y baches. El premio significa un reconocimiento a mi trabajo, pero, sobre todo, lo vivo como un pequeño homenaje a ellas.

El jurado valoró «tanto la capacidad gráfica como la pertinencia de abordar el tema de la vejez femenina y la importancia de la mujer en la intrahistoria de España». ¿Por qué eligió contar esta historia? ¿Cómo surgió la idea?

La historia surgió de un pequeño ejercicio de clase cuando estaba estudiando mi último año de Bellas Artes. Nos mandaron hacer un cómic, contar una anécdota cotidiana en unas pocas páginas. Yo acababa de volver de Alcorcón, donde vive mi abuela Maruja, un poco afectada, porque era la primera vez que vivía sola y ya estaba perdiendo facultades. Entonces pensé en contar en viñetas un día suyo. Fue algo muy intuitivo, venía con las sensaciones fuertes y empecé a dibujar, antes de que se me pasara. Después encontré un texto de mi madre que había escrito en 1986 sobre mi abuela Herminia donde narraba un día suyo con todas la sobrecarga de trabajo doméstico y de cuidados que tenía en aquella época. Fue entonces cuando, alentada por un editor que luego desapareció, me animé a desarrollar una novela gráfica.

¿Qué ha buscado transmitir al lector al contar dicha historia, y qué cree que es lo más importante para generar un interés en él?

En la historia, a través de lo cotidiano y de recuerdos, recorro el contexto en el que se construyeron, desde el inicio de la dictadura franquista hasta nuestros días. Mi intención es la de visibilizar la historia de mis abuelas que es también la historia olvidada de muchas otras mujeres que vivieron acorde al rol de mujer que les tocó vivir: el ser «por» y «para» los demás, la entrega a los hijos, a la casa, al hombre y cómo se reflejan estos valores en su vida cotidiana. Son historias tan cotidianas que es muy fácil que una persona reconozca a su madre, a su abuela o a su tía. También en los detalles, en los objetos.

¿Es más importante la idea que se cuenta o el dibujo con el que se acompaña el relato?

Creo que no se puede separar lo que se cuenta de cómo se cuenta. La historia es muy personal y he intentado que mi trazo también lo sea, que expresara más que describiera.

Háblenos de usted. ¿Cuándo y cómo surge su interés por el dibujo? ¿Qué le llevó a realizar los estudios de Bellas Artes?

De pequeña, me encantaba dibujar, pero empecé estudiando diseño industrial. No estaba muy convencida, pero terminé y me fui en plena crisis a vivir a Barcelona. No había manera de encontrar trabajo y me apunté a un taller de ilustración en la Escola de la Dona. Fue entonces cuando me dije: «Ana, acéptalo, te equivocaste de carrera». El «feedback» era muy bueno pero me faltaba por aprenderlo todo, así que volví a Valencia a estudiar Bellas Artes. Aquí fui explorando distintos espacios hasta volver a reencontrarme al final con la ilustración.

¿Cómo han sido sus inicios en este ámbito?

Ha habido momentos de todo. Desde la ilusión cuando me seleccionaron en «Ilustrisima» y sentí por primera vez que podía vivir de ello, hasta la desilusión cuando un editor me dejó colgada con mucho trabajo hecho. Pero, en general, han sido tres años positivos. ¡Siento mucho apoyo mutuo entre el gremio!

¿Qué es para usted la ilustración?

Un trabajo que me hace feliz.

Ilustración de «Estamos todas bien», de Ana Penyas
Ilustración de «Estamos todas bien», de Ana Penyas

¿Tiene ilustradores de referencia que puedan llegar a inspirarle?

Mi mayor referente es Jorge González. Como estudié Bellas Artes, soy muy amante de las vanguardias, muy amante de George Grosz... cuando repasaba ilustración contemporánea me faltaba ver los temas que me inquietaban en ese momento. También me apoyo mucho en trabajo de fotógrafas como Cristina Garcia Rodero o Xavier Ribas.

Ha conseguido un estilo definido y expresivo, de gran alcance visual en donde las perspectivas se deforman y el color es parte importante. ¿Cómo llegó a el?

Es difícil explicar un proceso que en parte escapa a mis decisiones conscientes. Hay mucho de mi estilo que es resultado de resolver una imagen que no sabía hacer de un modo más «descriptivo». Pero también cada proyecto me ha aportado un aprendizaje. Por ejemplo, cuando realicé un trabajo sobre el franquismo me forcé a ser más expresiva y a deformar más los rostros y las figuras porque me interesaba transmitir sensación de miedo, de olvido. Aquellos dibujos me ayudaron a confiar más en mi trazo y no ser tan «fiel» a la realidad. Respecto al color, intento otorgarle un valor simbólico. Cada proyecto me pide una paleta, aunque siempre giro alrededor del rojo, el azul y el negro.

¿Qué herramientas de trabajo utiliza para componer sus ilustraciones?

Trabajo manualmente con lápices de colores, «gouache», tinta china, rotuladores y transferencia de imagen fotográfica. Muchas veces sólo utilizo el ordenador para digitalizar el dibujo. En algunos proyectos, como en el caso de la novela gráfica, las herramientas digitales han cobrado mayor protagonismo, pero siempre parto del dibujo manual.

En el sector usted es una autora completa: piensa el guión y lo dibuja. Al empezar un proyecto nuevo, ¿cómo lo afronta?

No se puede separar lo que se cuenta de cómo se cuenta. La historia es muy personal y he intentado que mi trazo lo sea, que expresara más que describiera

Cada proyecto me pide una cosa: a veces paseo e incluso viajo a un lugar para entenderlo mejor, pregunto mucho a personas que puedan estar vinculadas con la historia. Otros trabajos me piden más leer libros o mirar películas. Siempre busco a fotógrafas e ilustradoras que me sirvan de referente. Cuando tengo claro qué y cómo quiero contarlo, ya me pongo a bocetar; luego me meto con los dibujos, el color...

¿Qué es lo que más le cuesta dibujar?

Paisajes amplios como el mar o un bosque. ¡Cuantas más personas aparezcan, mejor!

¿Qué es lo que le interesa mostrar con su obra?

La sociedad en la que vivo: el dibujo me permite entenderla y expresar lo que opino de ella desde otro lugar.

¿Cree que hacer obras ilustradas es una forma amena de llegar a un público más amplio y conseguir así que se acerquen a temas que les puedan resultar «complicados» de entender?

Creo que la imagen permite que las ideas más complicadas, incluso dolorosas, que nos cuesta mirar de frente, nos lleguen de forma más intuitiva, más emocional.

¿Está trabajando actualmente en un nuevo proyecto?

Ahora estoy desarrollando un trabajo sobre las niñas y niños de Morelia que se marcharon invitados por México durante la Guerra Civil y que no pudieron volver.

¿Qué meta le gustaría alcanzar en el mundo de la ilustración en los próximos años?

Ahora mismo estoy disfrutando mucho de esta etapa. En parte, siento que he cumplido un sueño. Me gustaría que en los próximos años los proyectos me sigan emocionando tanto como ahora y sentir que tengo un margen para improvisar y proponer temas nuevos. No sentirme encasillada en un tipo de trabajo, que siempre haya un margen de improvisación y libertad. ¡Con eso sería muy feliz!

Ilustración de «Estamos todas bien», de Ana Penyas
Ilustración de «Estamos todas bien», de Ana Penyas