«El escritorio circular», de Guillermo Mora y Teresa Solar
«El escritorio circular», de Guillermo Mora y Teresa Solar - Jordi V. Pou
ARTE

La Panera, antes de mudar la piel

Último ciclo de exposiciones en La Panera con Gloria Picazo como directora. Cuatro propuestas transversales

LéridaActualizado:

En febrero se inauguraron cuatro muestras todavía con el sello de la anterior directora de La Panera, Gloria Picazo, que en junio dejó su labor tras 12 años al frente del centro. Las citas ocupan las dos plantas y lo hacen con tipologías de proyectos no son exactamente expositivos en todos los casos.

En el Centro de Documentación, Sergio Rubira recupera y reactualiza «Situaciones», que inició en la pasada Bienal de Venecia con artistas como Rogelio López Cuenca, Julia Montilla, Juan Luis Moraza y Cristina Lucas, activando la posible complicidad que se genera en el espectador/consumidor con el empleo de la publicidad y el póster de artista, en este caso, en distintos espacios de la ciudad.

¿Artes menores?

En la MiniPanera, «Seguir el hilo» busca una mayor participación del público al permitirle manipular el diseño de los objetos mostrados: tejidos, alfombras... Este desplazamiento hacia lo que se podría –sin matiz peyorativo– considerar «artes menores» o «artesanales» se agudiza en la muestra estrella de esta serie: la monográfica «Vestir y desvestir cuerpos», comisariada por Maia Creus y Oriol Ocaña, que reflexiona sobre la moda como algo dual que tanto se puede considerar un fenómeno cultural como una industria cuyo énfasis recae en la tecnología productiva. Dividida en cinco ámbitos y con más de una treintena de artistas, ,la muestra busca una renovada relación entre la moda, el arte y el cuerpo partiendo del supuesto de que, más allá de sus aspectos utilitarios, la disciplina, como la semiótica, posee un valor altamente comunicativo y simbólico. Y es en este punto donde, a través del trabajo de artistas como Ana Laura Aláez, David Delfín, Esther Ferrer, Pepe Espaliú, Juan Luis Moraza, Juan Muñoz o Jana Sterback, entre otros, se produce un espacio híbrido donde el lenguaje se confunde con la identidad, y donde es el «cuerpo vestido» –como en el caso de Sterbak o Aláez– el que vuelve «sociales» a los cuerpos y permite realizar una presentación pública de estos acorde a distintas convenciones. Y en todos los ejemplos en los que se consuma este binomio cuerpo/moda (a los que habría que sumar los de Peter Pohjola o el de Isabel Banal), parece que la exposición da la razón al sociólogo Pierre Bourdieu, quien concibe el vestir como una práctica que ni es únicamente proyecto de factores sociales, ni tampoco resultado de decisiones individuales.

Un cuarto y último entorno, la Planta 0, lo ocupa la instalación de Guillermo Mora y Teresa Solar «El escritorio circular», un verdadero «gesto» de invasión del espacio a partir de un objeto que desafía su funcionalidad convencional desde la imaginación, resultado de dos artistas de trayectorias distintas que persiguen «construir un universo complejo y multicapa con voluntad de convertirse en un laberinto concéntrico».