Óscar Llorens ante su obra «Caos» en Sala Pavilion
Óscar Llorens ante su obra «Caos» en Sala Pavilion
ARTE

Óscar Llorens contra todos los monstruos

Hasta el sábado, Óscar Llorens salta de su labor como ilustrador, que tan buena fama le ha granjeado, hacia una obra plástica mucho más íntima, recogida bajo el título de «Inside» y desplegada en la galería Sala Pavilion, en Madrid

MADRIDActualizado:

Hasta cierto punto, esta individual de Óscar Llorens en el espacio expositivo de Sala Pavilion (C/ Monteleón, 34, Madrid) es una especie de punto y aparte, de «reseteo» personal. No solo porque supone, después de haber celebrado otras expos, individuales y colectivas, uno de sus primeros intentos de abrirse paso en el entramado artístico «más consolidado» (algo básico, además para alguien que no viene de este mundo, sino de los del diseño, la ilustración y la publicidad), sino también porque es una de sus primeras comparecencias en las que, de manera amplia, puede mostrar un trabajo más íntimo, alejado de las imposiciones y rigores del encargo profesional.

En confesión

Llorens lleva más de quince años trabajando como ilustrador, con clientes tanto nacionales como internacionales nada despreciables (de «The Washington Post» a «Vanity Fair», con campañas para firmas como Coca-Cola, Naciones Unidas o El Circo del Sol. Entre risas, me confiesa que fue también el autor de los diseños del «confesionario» de la última edición de «Gran Hermano» en Telecinco, un ámbito de visibilidad nada desdeñable, aunque quizás para muchos su trabajo aquí pasara más desapercibido.). Esa era su zona de confort, y desde ella un buen día, hace ya años, decidió atender a sus verdaderas inquietudes, que son las que ahora vuelca en las piezas de la muestra «Inside»: «Cuando yo comencé, tampoco se había experimentado aún el boom de la ilustración. No éramos tantos, de forma que si captabas importantes campañas eso te daba una visibilidad inmensa».

«Este trabajo no trata de agradar como un anuncio. Está muy lejos de esos eslóganes de la publiciad que te invita desaforadamente a luchar por tus sueños. en la vida también hay dolor»

Sin embargo, nuestro protagonista se daba cuenta de que su labor no cubría todas sus inquietudes: «La publicidad, obviamente, tiene sus necesidades, que dejaban de lado toda una serie de mensajes y formas de contar que son las que aquí se ofrecen». Esas premisas dieron pie a un trabajo personal que no tiene que rendirle cuentas ni a determinadas cortapisas ni a las premuras de los plazos y las entregas. Llorens dedica ya un gran número de horas a cada una de sus obras (dibujos en su mayor parte, pero también grabados) que cuelgan en este espacio expositivo, en las que él mismo se reconoce, pero de otra forma: «De esta manera doy voz a esa otra realidad, o una parte, que no sale en los anuncios. No trabajo para ella como para un proyecto masivo, tampoco para tratar de agradar. Esto está muy lejos de esos eslóganes de la publiciad que te invita desaforadamente a luchar por tus sueños», explica.

«Fish», obra de Óscar Llorens
«Fish», obra de Óscar Llorens

Llorens reconoce que, con el tiempo, ha ido puliendo su estilo. Si antes cargaba más las tintas en todo lo referente al dolor, ahora, como emisor trata de ser menos crudo, echando mano a fórmulas surrealistas y más caricaturescas, en escenas hiperpobladas con figuras entrañables pero que tampoco son felices: «Me gusta encontrarme en esas amalgamas de escenas barrocas que, al desentramarse con la mirada, van dando pie a una historia. Esto es justo lo contrario a lo que se consigue con la publicidad, para la que has de sintetizar mucho para ser recibido en muy poco tiempo».

Segundas oportunidades

Sin duda, salvo en el gran monstruo marino que conforma la obra «Leviatán», donde prevalecen los azules marinos, el resto de trabajos se miden con los fondos negros, las paletas más o menos reducidas («todo lo copuesto, una vez más a los colores vibrantes de los anuncios»). Su título genérico, «Inside», hace alusión a un deseo por investigar en el contenido de las cosas, raspar más allá de las superficies y darle una oportunidad a todo eso que escondemos, por miedo o pudor, y que no mostramos. Ese sueño de la razón que produce monstruos y que tan bien conocía Goya. Su autor también disfruta con las imperfecciones de los soportes (el papel rasgado, trabajado y aumentado en su volumen gracias al barniz, como en «Caos»), mientras por ellos se pliegan y repliegan sus referentes: las alusiones al dibujo japonés que disfrutó en la infancia; el homenaje a Bob Esponja en la monumental obra de parecido nombre...

Dense prisa porque la muestra no estará muchos días abierta. Esta tarde es su inauguración, y, antes de cerrar sus puertas el sábado, contará con otro punto álgido el día 16 por la mañana, cuando el artista nos invitará a tomar un vermut rodeado de sus obras, dispuestas enfrentadas, los dibujos originales (donde la impronta artesanal es evidente) frente a otras fórmulas seriadas. Todas constatan que la composición es el punto fuerte de su autor. Todas, con formatos que tienden a la monumentalidad, terminan por seducir pese a estar pobladas de debilidades, miedos y angustias. Son los monstruos de Óscar Llorens, que no te sueltan una vez que te atrapan.