Dos de los «collages» de Val del Omar en Madrid
Dos de los «collages» de Val del Omar en Madrid
ARTE

Val del Omar, múltiple y «sin fin»

Felicitémonos por la entrada de esta «rara avis» en una galería privada, la de Max Estrella en Madrid

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Cineasta, inventor, grafista, «extraordinario artista de la cámara», según Luis Cernuda; un poeta del cine, de la técnica o de los medios para otros. De lo que no hay duda es de que José Val del Omar (1904-1982) es un creador difícilmente etiquetable de las orografías vanguardistas. Pese a su poliédrica personalidad, se le debe vincular al lenguaje cinematográfico, si bien dentro de una dimensión experimental, tan poco frecuente en nuestro país, lo que acabaría convirtiéndolo en un excéntrico, un maldito: una figura de culto.

Durante décadas su obra quedaría circunscrita a determinados sectores cinéfilos, museos, universidades y filmotecas, hasta que en 2010 el Museo Reina Sofía le dedicó una espléndida y muy merecida exposición, que contribuiría decisivamente a difundir su pensamiento y su legado. Ahora, parte de su obra se presenta en la galería Max Estrella: De Gutenberg a Faraday, la primera vez que un espacio expositivo privado muestra una parte de su personal trabajo a través de diversas películas, collages, invenciones técnicas, escritos (interesantísimos), diapositivas y otros documentos. Toda una «rara avis» dentro del panorama galerístico.

La simbiosis entre arte y técnica estará siempre tan patente en Val del Omar que incluso le llevará a autodefinirse como «cinemista» (cineasta y alquimista), y a sus producciones cinematográficas como «cinegrafías». Dentro de su pluralidad creadora, destaca el Tríptico elemental de España, compuesto por tres cortometrajes: Aguaespejo granadino (que puede verse en esta cita), Fuego en Castilla, y Acariño galaico (de barro), rodados entre 1953 y 1962, inspirados en motivos simbólicos del agua, el fuego y la tierra, y exponentes de su singular mirada. Contemplar esta obra es toda una práctica de luz, sonido, rumor de agua y sombra; una auténtica «cineinstalación» y un máster acelerado del que podrían aprender muchos videoartistas contemporáneos. Es una pena que no hayan podido mostrarse los tres.

Otras de sus invenciones técnicas presentes en la muestra es la Picto Luminica Audio Tactil (PLAT), un singular intento de sincretismo audiovisual compuesto de proyectores, lentes, polarizadores, dispositivos ópticos y diversos mecanismos electrónicos -su aportación empírica más destacada-, que anticipa el concepto de expansión sensorial, tan recurrente en muchos de los comportamientos artísticos de hoy. Junto a esa propuesta, distintos experimentos con el láser y la llamada óptica biónica. Frente el cine de palomitas y precuelas, una experiencia múltiple «sin fin»…