«Selfie» de Jonathan Notarioo para «Darán que Hablar» con una de sus instalaciones
«Selfie» de Jonathan Notarioo para «Darán que Hablar» con una de sus instalaciones - J. N.
DARÁN QUE HABLAR

J. Notario: «Yo quería ser como Spielberg o Kubrick. Me tuve que conformar con hacer cortos a 70 euros»

Tuvo que pasar por la facultad para darse cuenta de que la primera intención era la que contaba. Y la de Jonathan Notario era una obra que se nutre del cómic, del cine, de la cultura pop remasterizada. Él ya es de los que «darán que hablar»

MADRIDActualizado:

Nombre completo: Jonathan Notario Díez. Lugar y fecha de nacimiento: León, 23 de junio de 1981. Residencia actual: Madrid. Estudios: Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca. Ocupación actual: Compagino las labores de artista visual y «tallerista» con las de infógrafo, diseñador e ilustrador. Este año empiezo estudios de doctorado en la UCM.

Qué le interesa. El arte es para mí un sistema paralelo que me permite hacer las cosas que no puedo realizar en el mundo real por diferentes razones, a veces económicas, otras sociales... Esta especie de universo a parte, en algunos momentos está conectado al mundo real, pero muchas veces no, y gracias a él he podido hacer cosas que parecían imposibles, como fabricar un muñeco para sustituirme en el trabajo, construir un parque de atracciones en la luna, mandar iglesias al espacio en busca de Dios, idear una invasión hotelera extraterrestre en la playa de Torremolinos o transformar unas simples cajas de cartón en una sofisticada instalación de realidad aumentada.

«Caminando por una carretera en algún lugar perdido de Mahadahonda y lleno de trastos, lucecitas y botellas de cerveza vacías, empecé a entender que el surrealismo iba a forma parte de mi vida extra-artística»

Estos actos de ficción alteran en cierto modo la propia realidad, gracias al cambio que se produce en la mente de los que lo ven, y creo que la modifican. Incluso han servido para cambiar mi propia situación vital, siendo algunas, auténticas obras proféticas. Si no hubiera realizado todas estas cosas, estoy seguro de que me habría aburrido mucho todos estos años, pero yo no me he aburrido ni un solo día de mi vida y por supuesto no quiero aburrir al espectador, que ya bastantes problemas tiene.

Me interesa la creatividad y la imaginación, pero tengo muy presente la realidad del día a día y la banalidad, ya que mi obra habla sobre todo de eso, y sobre las normas impuestas. Estamos dentro de un sistema que nos absorbe y no nos deja desarrollar a veces lo que somos en realidad. ¿Y qué somos?

De dónde viene. He expuesto en muchos sitios, colectivas e individuales, en España y también en el extranjero con la exposición itinerante del Injuve por latinoamérica en 2010, comisariada por Jesus Carrillo, y en la que me llevé un accesit.

La exposición que cambió mi vida fue «Tentaciones 2009», dentro de la feria Estampa, comisariada por Javier Duero y María Ozcoidi. Supuso mi debut en Madrid y el inicio de mi carrera artística «de verdad» y allí pudo verse por primera vez la obra que marcaría mi destino: «Worker Man», el muñeco que te sustituye en el trabajo.

Otra de mis exposiciones más importantes hasta la fecha fue «Reality Toys» (2011), en la galería Blanca Soto, en la que me dejé la piel y quise hacer una demostración de todo lo que sabía hacer: pintura, instalaciones interactivas, cuadros con sonido... Una locura, vamos. Ocho meses de trabajo para llevar todo eso a buen puerto.

Otras expos a las que tengo mucho cariño fueron «Si puedes imaginarlo, puedes logralo», la individual que hice en la sala Siglo XXI del museo de Huelva, comisariada por Elena Caranca yMarcos Fernández. Y «El espacio Vacío», colectiva comisariada por María Lopez Velasco, junto a Rubén Rodrigo, Julio Sarramián, Carla Andrade y Lois Patiño, donde realicé mi primera gran instalación en cartón: «Pasta Tapahuecos».

«Tengo un millón de referentes. Bebo mucho de la cultura pop en todos sus ámbitos y todo lo que veo me puede influir, porque soy como una esponja»

Y por supuesto, la también colectiva de becados de El Ranchito en Matadero, con el proyecto «Space Temples», que supuso la primera exposición completamente digital que hacía, un mes trabajando en ordenador, en el que me sentí como un funcionario, ya que era una nueva forma de plantear los proyectos en la que no veía el resultado final hasta que no llevaba todo a imprenta.

En los últimos meses no he parado y he trabajado muchísimo: en la instalación «Realidad aumentada», en el Museo de la Universidad de Alicante, junto con Elena Rato, Jordi Lopez Velasco, Alberto Feijoo y Le mat 64; la instalación urbana «El niño Pez», un encargo de FIUM FOTO para el festival Arenas Movedizas en Gijón. Y actualmente estoy con la exposición individual «Pintura y texto» en el Espacio E de León hasta el 19 de noviembre.

Supo que se dedicaría al arte en el momento en que… Dedicarme al arte no fue una decisión, de hecho, yo lo que quería era ser director de cine, como Steven Spielberg o Stanley Kubrick, pero al final he tenido que bajar a la tierra y conformarme con hacer cortos de ciencia-ficción artísticos con un presupuesto de 70 euros.

Cuando era adolescente empecé a dibujar cómics, porque era la forma más barata de hacer cine sin tener que comprarme una cámara. Pero era muy laborioso y cansado. Entonces decubrí la foto novela, la forma más fácil de hacer cómic cuando no tienes ganas de dibujar o no sabes. Entrar en la escuela de cine era muy caro, así que me metí en Bellas Artes de Salamanca, donde entré en contacto con la pintura e inevitablemente me hice pintor expresionista. Dejé de contar historias, centrándome en lo que la pincelada cuenta por ella misma. Siempre había algo de narrativo, pero no se podía hacer mucho de eso en pintura de la facultad porque si no te suspendían.

Al salir de la universidad y llegar a Madrid vi que fuera de Salamanca todo aquello estaba desfasado, que no tenía mucho que ver con lo que se estaba haciendo en el arte contemporáneo, y que había una tendencia narrativa y «comiquera» en la que mi estilo de cómic de hacía años podía encajar. Así que volví a ese estilo visceral y muy personal de antaño, pero dibujando un poco mejor. Realicé el cómic de «Worker Man», que presenté como obra de arte a «Tentaciones 2009». Me lo seleccionaron y ahí empezó todo.

¿Qué es lo más extraño que ha tenido que hacer en el arte para «sobrevivir»? Dentro del ámbito artístico he copiado mis propios dibujos en formato grande, para conseguir ganar un premio de adquisición en un concurso, ya que me los habían seleccionado mediante fotografía y no indiqué la medida real porque eran muy pequeños. Así que cuando tuve que mandar los dibujos decidí copiarme a mí mismo y volver a hacerlos mucho más grandes para que la cantidad de dinero que pedía por ellos estuviera justificada.

«Por ahí me dicen que mi obra aporta frescura, un puntito de locura y que soy independiente de casi todo lo que se está haciendo. Supongo que eso ya es bastante aliciente para resultar interesante»

Fuera del arte, he dado talleres en bares para convertir botellas de cerveza en obras de arte: Trabajé con una campaña de una conocida marca de cervezas. Los padres se bebían las cervezas y los niños venían con el casco para que yo les enseñara a hacer una obra artística con eso. Había 3 modelos: uno era convertirla en un jarrón, otro era pintarla con rotuladores y otro era meterle unas lucecillas de ikea y transformarla en una lámpara.

Estaba muy bien pagado, lo peor es que en un día iba a tres bares que estaban a varios kilometros de distancia entre sí, dentro de las Rozas, Majadahonda o Pozuelo, y tenía que ir con todos los bártulos a pie, varios kilometros entre bar y bar, ya que si pillaba taxi no sólo no ganaba dinero, sino que lo perdía. Fue en ese momento en el que, caminando por una carretera en algún lugar perdido de Mahadahonda y lleno de trastos, lucecitas y botellas de cerveza vacías, empecé a entender que el surrealismo iba a forma parte de mi vida extraartística. No fue la primera vez –he tenido muchos momentos así– pero ese fue uno, bastante memorable.

Su yo virtual». Tengo una web. También una página de facebook, una de twitter, otra de instagram, y dos en vimeo: https://vimeo.com/jonathannotario y https://vimeo.com/user42348036. También podéis ver mi página web sólo de ilustración pinchando aquí.

Otro «selfie» de Jonathan Notario
Otro «selfie» de Jonathan Notario - J. N.

Dónde está cuando no hace arte. Doy talleres artísticos y cada vez me gusta más. Los he impartido en museos como MUSAC o el Reina Sofía, y en fundaciones como la Cerezales en León. El último taller que he realizado fue «El monstruo eres tú», una mezcla entre taller didáctico y obra personal, en el que enseñé a 13 niños del barrio de Cimadevilla, en Gijón, a hacerse un disfraz de monstruo marino para poder integrarse dentro de una de mis obras: un «photocall» que había realizado para el festival de intervenciones urbanas en espacios públicos Arenas Movedizas.

Le gustará si conoce a... En la escuela de artes empecé a hacer cómics y fanzines por culpa de Mik baro. En la facultad me gustó mucho un pintor de Ávila que desgraciadamente murió muy joven, Alberto Gomez «Yurli». Fuera de la facultad descubrí que el cómic también podía estar en una galería de arte, gracias a Saelia Aparicio, Óscar Seco, y Luis Pérez Calvo. Y años más tarde me animé a hacer pelis de ciencia ficción casi sin medios gracias a Nacho Vigalondo, entre otros. Respecto a referentes, tengo un millón, bebo mucho de la cultura pop en todos sus ámbitos, y todo lo que veo me puede influir, porque soy como una esponja.

Qué se trae ahora entre manos. Estoy pintando de nuevo, pero después de haber pasado por una especie de etapa digital con las series «Space temples» y «El hotel del fin del mundo», mi forma de hacerlo ha cambiado: ahora estoy con el conjunto «Arcade paintings», que es una especie de versión pictórica de mi instalación «Realidad aumentada», en la que cuestiono lo digital, lo manual y lo lúdico, pero desde una perspectiva diferente a mis obras anteriores. Creo que es una evolución en mi trabajo.

Proyecto favorito hasta el momento. Son dos: «El hotel del fin del mundo» y la instalación «Realidad aumentada». El primero, porque es una locura absoluta: un cortometraje de 15 minutos en el que conseguí contar algo coherente en unas condiciones absolutamente imposibles. Un vídeo casero de la playa de Torremolinos que se transforma en una peli de ciencia-ficción con efectos especiales de ordenador y un guión muy, muy trabajado nacido de la improvisación, en el que transformé a la gente en actores de la película sin que ni siquiera ellos mismos lo supieran. Lo mejor de todo es que fue profética: unos meses mas tarde apareció en Benalmádena, la playa de al lado, una plataforma petrolífera que se había desprendido y que era muy parecida al mamotreto brutalista que aparecía en mi cortometraje. Me quedé atónito.

«Suelo cumplir lo que prometo, y cuando vendo un proyecto no se queda sólo en un texto bonito, sino que trabajo la ejecución física y visual hasta sus últimas consecuencias, dejándome la piel e incluso la salud»

En cuanto a «Realidad aumentada», es una instalación «site specific» en cartón realizada amoldándome al espacio, e improvisando desde el principio, sin bocetos ni nada. Utilizando cosas que me encontraba en el almacén del museo.

¿Por qué tenemos que confiar él? Principalmente, porque suelo cumplir lo que prometo, y cuando vendo un proyecto no se queda sólo en un texto bonito o bellas palabras, sino que trabajo la ejecución física y visual hasta sus últimas consecuencias, dejándome la piel e incluso la salud en ello si hace falta. En el arte contemporáneo veo gente que escribe muy bien pero ejecuta peor. Cuando lees la explicación te pega subidón pero cuando ves la obra y lo que ha hecho, te da bajón. En mi caso, llevo muchos años trabajando y practicando para poder hacer bien las dos cosas. Respecto a lo que aporto, por ahí me dicen que mi obra aporta frescura, un puntito de locura y que soy independiente de casi todo lo que se está haciendo. Supongo que eso ya es bastante aliciente para resultar interesante.

¿Dónde se ve de aquí a un año? Me gustaría, principalmente, seguir vivo. Y eso, dedicándose exclusivamente al arte en los tiempos que corren, no es tan sencillo, así que en eso estamos. Ahora en serio: justo ayer me ofrecieron una expo muy guay en mi tierra, así que voy a estar todo el año trabajando en ella para que quede fetén, y a ver qué nuevas cosas van surgiendo mietras tanto. También voy a participar en una expo muy interesante en la Comunidad de Madrid durante todo 2018, así que ya os iré informando cuando sea el momento.

¿A quién cedería esta entrevista? Imposible decidirme por uno, así que te voy a decir ocho nombres. Muchos de ellos ya están «dando que hablar», y son: Los paisajes de carácter tecno-geológicos de Julio Sarramián; la pintura pura sin huella digital de Rubén Rodrigo Silguero; las animaciones en teletexto de Raquel Meyers; el proyecto de vallas publicitarias intervenidas por artistas de Elisa Rodríguez; las animaciones pictóricas y políticamente incorrectas de David Fidalgo Omil; la nueva pintura visceral de Miguel Scheroff; la pintura expandida en el espacio de Elena Rato y las instalaciones lúdicas de escenas campestres de Marta Bran.

¿Cómo se definiría en un trazo?