Jann Wenner, fundador de «Rolling Stone» en una escena del documental sobre la revista
Jann Wenner, fundador de «Rolling Stone» en una escena del documental sobre la revista - ABC

Nostalgia de los mejores tiempos de «Rolling Stone»

No sé si cualquier tiempo pasado fue mejor, pero sí que lo viral ha matado al periodismo, igual que el reguetón ha hecho con la música

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Era sábado por la tarde y me enchufé a un documental -de esas exquisiteces que seleccionas en un canal de pago-, dividido en tres capítulos, sobre los 50 años de la revista «Rolling Stone». El aniversario se celebró en noviembre de 2017 y por ello no voy a dedicar ni cinco segundos más de gloria a esta maravillosa biblia de la contracultura y del periodismo que no ha aguantado los envites de estos días y sus lodos más anticulturales que contraculturales, y más virales que una epidemia -¿o se dice pandemia cuando arrasa todo cuanto encuentra a su paso?-.

Su fundador, Jann Wenner, vendió la cabecera, justo para el redondo cumpleaños, a unos inversores. Eso no se cuenta en el documental, claro, que cierra los tres capítulos con el punk y los Sex Pistols en portada. Puede que el punk destruyera más que creara, pero se le puede bautizar como la última revolución musical, la última vanguardia de nuestra retaguardia. Lo viral en música ahora se llama reguetón.

A lo que yo venía, que se me va la música a otra parte, es a poner la nostalgia sobre estas líneas. Por el citado documental vemos desfilar los modos de un periodismo cuya fiesta se ha aguado con informaciones de garrafón viral. A un «novato» llamado Cameron Crowe que comienza sus hazañas en la revista se le recomienda que lea a Joan Didion (hay otro excelente documental sobre ella). Annie Leibovitz firma la última foto de John Lennon en la portada, aquella en la que aparece desnudo y acurrucado al lado de Yoko Ono.

Hoy sería penalizada por la pudibundez reinante, tanto en la tierra como en el cielo de las redes sociales. Facebook, que nos vende y nos censura como dios manda. Con la llegada atronadora del punk, Jann Wenner, quien escupiría sobre la tumba de Sid Vicious, le da carta blanca a uno de sus pupilos que le propone hacer algo sobre la banda porque, aunque es evidente que ni cantan ni componen ni nada de nada, están armando la marimorena. No sé si cualquier tiempo pasado fue mejor, pero sí que sé que lo viral mató a la estrella del periodismo.