ALTA INFIDELIDAD

La música de «Twin Peaks»: Sueño o coma inducido

Fundador del sello Italians Do It Better, Johhny Jewel se incorpora al reparto de «Twin Peaks» para poner música a la tercera temporada de la serie de David Lynch

El Kiana Lodge de Poulsbo (Washington), donde se rueda «Twin Peaks»
El Kiana Lodge de Poulsbo (Washington), donde se rueda «Twin Peaks»

De lo único que se enteró la gente que hace casi treinta años se puso a ver Twin Peaks fue de la banda sonora compuesta por Angelo Badalamenti. «Si se pierde Twin Peaks esta noche, mañana no sabrá de qué hablar», decía el anuncio con que Telecinco publicitaba en ABC el estreno de la serie de David Lynch, programada a quemarropa en una parrilla por la que por entonces circulaban Juanito Navarro, la tripulación de Vacaciones en el mar, Rita Irasema y docena y media de azafatas cuyos uniformes menguaban según avanzaba la jornada, hasta terminar en el despechugue de la madrugada.

No saber de qué hablar al día siguiente fue, paradójicamente, el castigo infligido a quienes aguantaron hasta la segunda temporada el chaparrón de las cataratas Snoqualmie, desnortados y sin palabras por el argumento de una serie que Valerio Lazarov, al frente de la cadena privada, supo vender ya con el reclamo de ese elitismo con que ahora se administran y consumen las series más selectas. De todo aquello, entre cortinas rojas y raciones de tarta de cerezas, apenas quedó la música de Badalamenti, y no solo por su hermosura, que también, sino por su capacidad para concretar en una melodía una abstracción televisiva que no había por dónde coger.

Sobreactuación

Aunque el compositor neoyorquino ya había colaborado con el autor de Cabeza borradora, fueron sus piezas para Twin Peaks las que establecieron un canon al que agarrarse como a un clavo ardiendo y que vino a materializar y hacer reconocible la maraña cinematográfica de David Lynch y, por extensión, cualquier aproximación sonora al extremismo emocional. El apellido del director trascendió los límites de su disciplina artística y no tardó en ser adoptado para describir un subgénero musical -sobreactuado y pasado de rosca, como su cine- que desde entonces fue, sin más señas, puro Lynch.

En estado de reposo, picado por la curiosidad y alejado de los estudios cinematográficos, el realizador norteamericano llegó a componer y grabar hace unos años sus propios discos, bastante notables y alejados de las claves melódicas de Badalamenti. Sin embargo, fue la banda sonora de Twin Peaks la que moldeó un estilo que a lo largo de las tres últimas décadas ha popularizado el uso de un apellido, Lynch, como adjetivo calificativo de una determinada producción musical. Hay centenares de canciones que, resumiendo, son muy Lynch.

En mayor o menor medida, la obra de los Bad Seeds de Nick Cave, Lana del Rey, Aphex Twin, Beach House, Bohren & Der Club Of Gore, Trent Reznor, Dirty Beaches, Goldfrapp, Morphine, Barry Adamson, Stars Of The Lid o Cliff Martinez, por citar solo a unos cuantos, ha sido metida en ese saco. A esa lista, a la que podrían añadirse decenas de artistas que en un momento dado y tonto tuvieron un desvanecimiento, se suma ahora Johnny Jewel, autor de algunas de las canciones de la tercera temporada de Twin Peaks, unas creaciones muy inspiradas en los originales de Badalamenti y que vuelven a ser el agarradero desde el que sobrellevar tanta insensatez.

Más despacio

A Badalamenti le pedía Lynch que ralentizara la melodía que le presentó como borrador para su serie. «Más despacio, más despacio», insistía. Hasta que la cosa espesó y cuajó en unas composiciones en las que se aprecia el eco de Satie, los Cocteau Twins, el soul más estático y metido para adentro o la herencia italiana, apreciable en la línea de bajo que, tal cual, tomó prestada del Non ho l’età (per amarti) de Mario Panzeri, interpretado en San Remo y Eurovisión por Gigliola Cinquetti. Casualidad o no, Lynch ha terminado por encargar parte de la nueva música de Twin Peaks al patrón del sello Italians Do It Better.

A través de samples arrancados del original, inspiraciones o tergiversaciones, alguna tan retorcida como la grabada el año pasado por Xiu Xiu, a la banda sonora de Twin Peaks se le pueden dar todavía muchas vueltas. Como subgénero autónomo, toda la música que suena a Lynch va y viene del mismo sitio, el tormento, y se ayuda de la zalamería instrumental para contarlo despacio y dejarlo casi en suspenso. Tiene misterio, pero no secretos. Johnny Jewel cierra su Windswept con una versión de Blue Moon a la que añade elementos de la Unchained Melody de Alex North y ecos de los originales de la primera banda sonora Twin Peaks. Hasta ahí, todo es Lynch y todo es lounge, que diría Astrud.

Los años transcurridos desde el cierre en falso de la segunda entrega de la serie y su regreso, sin embargo, no han sido un desierto. En estas décadas han sonado tantas canciones que eran puro Lynch que las de Johnny Jewel, pese a sus credenciales, no pasan de ser réplicas de un movimiento musical que no ha necesitado soportes televisivos para perpetuarse. Cualquiera puede tener un mal sueño y, al levantarse, un buen día para contarlo a pocas revoluciones, pero sin perder la capacidad de sorpresa que se ha llevado por delante tanto rebobinado. Fiel a un guión fotocopiado y archisabido, Johnny Jewel es un secundario más en una función musical que nunca terminó.

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