De izquierda a derecha, Mar Solís, Antón Patiño, Ouka Leele, Pedro Castrotega, Javier de Juan y Rosa Muñoz
De izquierda a derecha, Mar Solís, Antón Patiño, Ouka Leele, Pedro Castrotega, Javier de Juan y Rosa Muñoz - Ignacio Gil
ARTE

La Movida, tan lejos, tan cerca

¿Qué fue la Movida madrileña? ¿Qué queda de su espíritu? ¿Cómo la vemos hoy y en qué medida la hemos asimilado o desterrado? Sobre ello charlamos con algunos de sus protagonistas

MADRIDActualizado:

Ouka Leele (Madrid, 1957), Antón Patiño (Monforte, 1957), Pedro Castrortega (Piedrabuena, Ciudad Real, 1956) y Javier de Juan (Madrid, 1958) pertenecen a esa primera generación de artistas que, tras la dictadura, trabajó en España en libertad y sin censuras. Esa época no pasó desapercibida porque fue la que se bautizó como la de la Movida, con todo lo que tiene de leyenda y de aires de apertura. Rosa Muñoz (Madrid, 1963), más joven que ellos, también la vivió de primera mano como fotorreportera, convirtiéndose de hecho en su sombra en el diario «Villa de Madrid» antes de dedicarse a la foto artística. No se lleva mucho con Mar Solís (Madrid, 1967), pero lo suficiente para que esta escultura pertenezca ya a la generación siguiente, la que vivió la resaca de esos años de colores, que renunció a ellos para convertir España en «un país más serio».

Con ellos nos reunimos en Madrid en El Tercero de Velázquez, el proyecto expositivo de la gestora Julieta de Haro (también de «su quinta»), que se está dedicando a recuperar a los artistas de esas décadas prodigiosas, a los que en muchos casos parece que la Administración ha dado la espalda. Sobre eso conversamos con ellos. Sobre eso y sobre muchas más cosas: Lo que dio de sí esa época y su reflejo en la actual. Lo que hemos avanzado y en lo que no nos hemos movido un ápice. Bienvenidos a la Movida: lo que fuimos y lo que somos.

-¿Por qué optaron por el arte cuando estalló el movimiento?

-Antón Patiño: En mi caso influyó el entorno, mi familia, la efervescencia cultural que se vivió entonces en Vigo, que se convirtió en un pequeño París a escala gallega. En ese contexto, siendo chaval, empiezo a pintar. Lo mío fue de cierta precocidad, influido por lo que se vivía en librerías, en tascas...

-Pedro Castrortega: Yo venía del campesinado. Mis padres quisieron que estudiara y terminé en un internado siete años. Ahí ya dibujaba. El escultor Joaquín García Donaire fue quien convenció a mis padres para dedicarme a la pintura. Él daba clases en Bellas Artes, y eso les tranquilizó. Piensa que hasta los 18 años tuve que escuchar muchas veces lo de «eso no se dice» o «eso no se hace». Lo mío fue descubrir todo un universo de posibilidades, libertades e ilusiones.

-Ouka Leele: Yo quise ser artista desde que tuve uso de memoria. Mi padre era arquitecto y su padre, al que no conocí, pintor y fotógrafo. Yo veía sus obras, sus cámaras, los libros que había en casa... Fue mi madre la que me habló de la existencia de la carrera de Bellas Artes, pero justo cuando tenía que ingresar explotó la Movida: entro en contacto con los Berlanga, Ceesepe, El Hortelano, Alaska...

«La Movida es como la Transición. Si oyes a otro hablar de ella dirás que tú no la viviste así» (Antón Patiño)

Me fui a vivir a Barcelona, que entonces era un mito, donde coincidí con Nazario, con Javier Mariscal... No hice Bellas Artes. Me arrastró la vida. La vida y la prisa por hacer cosas. Aprendí preguntando a los demás.

-Me da que esa «prisa por hacer cosas» es consustancial a todas las generaciones...

-O. L.: Desde luego. Lo nuestro fue un ideal de vida. Queríamos cambiar el mundo, no era sólo ser artista. Y creíamos que lo cambiábamos.

-Javier de Juan: Yo también desde pequeño me estaba «pintando encima». Aquí todo era un rollo patatero: O eras de Fuerza Nueva o de la Joven Guardia Roja. Todo muy etiquetado. Y con ese puntito anarquista, la Movida nos demostró que podías hacer lo que te daba la gana y además divertirte. No fue sino una etiqueta en la que cabían cosas muy ambiguas. Para mí fue sobre todo una actitud. Todo eso se unió a lo que se llamó «lo underground»... Y sin dinero. Las librerías y las galerías fueron fundamentales.

-Rosa Muñoz: Yo con 12 o 13 años ya me fijaba en las cámaras de los japoneses de la Plaza de Oriente. Y de mayor quería tener algo así. Empecé a hacer cursos de fotografía, y documentaba Madrid. Por eso me atreví a acudir al Ayuntamiento. Era la época de Tierno Galván, acabé en el periódico «Villa de Madrid», donde buscaban fotógrafos, y terminé siguiendo al Profesor. Era como su apéndice. Pero llegó un momento en el que vi que el reportaje documental se me quedaba corto y por eso salté a la foto escenificada.

Javier de Juan
Javier de Juan-I. Gil

-Mar, usted llega un poquito más tarde...

-Mar Solís: Y soy consciente de que soy artista porque Goya existió. Aunque luego me dediqué a la escultura. Mi generación se vio influida por la sombra de la anterior, esa imagen que dejaron de que todo en arte era muy alocado. De ahí la tensión de mis padres cuando dije que estudiaría Bellas Artes.

-¿Con qué contexto se toparon?

-O. L.: Pues uno en el que fue trascendental el cine que consumimos...

-P. C.: Recuerda también el papel de la televisión, el programa de Paloma Chamorro.

-J. de J.: Se pasó de estar todo prohibido a que nos llegara todo de golpe. Todo era nuevo. Ir a la facultad de Bellas Artes no tenía prestigio. Era un tiempo que luego te tenías que quitar.

-O. L.: Nuestra generación fue muy de «fuera títulos, fuera carreras»... Investigabas contigo mismo o con los demás.

-M. S.: Es curioso porque justo una década después, el paso por la facultad era fundamental. Nosotros fuimos la generación que importó el «concepto» en el arte y el «statement». Pocos de los que estáis aquí hicisteis la carrera o la acabasteis.

-A. P.: Solo Pedro. Yo no la tengo, no la acabé a propósito y me considero autodidacta. Era una manera de enfrentarse al orden, al poder, a la academia... A pesar de estar allí, porque allí coincidí con Patricia Gadea, con Juan Ugalde, pero en los pasillos.

-Ahora todo está «institucionalizado». ¿Cuáles eran las instancias legitimadoras de entonces?

-J. de J.: Lo que hubo fue más bien un interés de las instituciones, sobre todo a través de Tierno, de utilizarnos para mostrar una imagen moderna de España. Y cuando en los noventa España decidió ser un país serio, entonces todo eso se acabó.

«Lo importante es no considerarte un artista de la Movida. Lo eres de tu época, y en cada una has hecho lo que ha tocado. Y quien no ha actuado así no ha evolucionado» (Javier de Juan)

Yo recuerdo el día que llegó a mi «estudio» un tipo enviado por el entonces ministro de Cultura francés Jack Lang, a ver qué estaba pasando en Madrid.

-A. P.: Ese espíritu de Lang, que aquí luego adopotó gente como Jorge Semprún, denota ese espíritu de renovación cultural que se vivía en España y que hoy se ha perdido. Un apoyo que hubo por parte de la política que no existe ahora.

-O. L.: Yo siempre entendí la Movida como un movimiento artístico, como lo fue el Surrealismo, pero eso no ha calado.

-A. P.: Lo que define a nuestra generación es la explosión de unas risas compartidas mientras se hacían otras cosas...

-Una actitud, un movimiento artístico, una explosión de risas... Es difícil definir lo que fue la Movida, porque ni ustedes se ponen de acuerdo.

-A. P.: Lo que caracterizó al periodo en todos los casos es que no había recursos económicos; había ganas de hacer cosas. Había un respeto por parte de la política a la cultura. Eso se ha perdido absolutamente, y en la escena ultraliberal y globalizadora de ahora, de entretenimiento del capitalismo apresurado, nos olvidamos de todo lo que no sea espectáculo.

-P. C.: Todo fue muy experimental, muy extraño. Muy horizontal. Tú salías por la noche y te ibas al Tate Tate, una galería que era un bar que había en Chueca. Allí estaban McNamara, Pedro Almodóvar... Pero, al tiempo, a la mañana siguiente te recibía el Rey, ¡porque había recepciones reales para los artistas!

La fotógrafa Ouka Leele
La fotógrafa Ouka Leele-I. Gil

-¿Cómo creen que vemos desde 2018 su época? ¿Hemos hecho bien la digestión?

-O. L.: Yo creo que aún no se ha entendido.

-A. P.: Es como la Transición. Si oyes a otro hablar de ella dirás que tú no la viviste así.

-J. de J.: Lo importante es no considerarte un artista de la Movida. Lo eres de tu época y en cada una has hecho lo que ha tocado. Y quien no ha actuado así no ha evolucionado.

-A. P.: El de Movida es un concepto restrictivo y por lo mismo incómodo. Como todos los movimientos artísticos, se sustentó sobre la ecuación arte/vida. Todo lo que hemos expresado, en conjunto, explica el trabajo de cada uno de nosotros, y de gente que ya no está, como El Hortelano.

-O. L.: Y esa explosión de vida salpicó a toda la sociedad.

-M. S.: Si algo diferencia a los ochenta de los noventa es que ese dinero llegó. Se produce el resurgir de las galerías porque éstas quieren ser negocio. Y ese negocio se empezó con vosotros. En vuestra generación se puso las bases de todo. Y en la nuestra se engrasa. A nosotros nos tocó que todo se pusiera más serio.

-A. P.: Quiero imaginar que el espíritu de la cultura en los ochenta fue un poco el de los años treinta con la II República. Momentos de ebullición, que podría haber en cualquier momento.

«Necesitamos a los jóvenes. sus técnicas. Y sus nuevas tecnologías» (Rosa Muñoz)

Quizás no ahora, porque los tiempos son sombríos, ya no por la situación política en España, hipercorrupta e hiperpodrida, sino porque las tendencias globalitarias marcan las normas.

-J. de J.: A lo que se suma que las cosas ya no pasan en la calle. La gente se relaciona en las redes, en un ámbito virtual.

-Cuarenta años después, ¿dónde estamos?

-J. de J.: Compartimos con esa época que el arte lo compra «gente normal». España no ha sido nunca un país de coleccionistas. Entonces surgen esos profesionales jóvenes que empezaron a gastarse su dinero en cosas pequeñitas, pagando a plazos. La administración cumplió un papel en los noventa, pero lo institucional desaparece con cada crisis.

-M. S.: Y eso tiene que ver con el cambio de concepto de las galerías. En los ochenta, las galerías crecían con los artistas. Se sumaban a su aventura. Ahora, todo es mucho más negocio. Y eso está haciendo que el artista esté tomando las riendas de la gestión de su trabajo. Eso es muy positivo y muy bueno de esta época. Pero seguimos sin incentivos fiscales a la compra de arte.

-O. L.: Y si el IVA del arte es de un 21 por ciento, pues ya me contarás qué te vas a comprar.

-P. C.: A lo que se suma el regimen fiscal que seguimos teniendo hoy los artistas.

Antón Patiño
Antón Patiño-I. Gil

-J. de J.: Mar y yo hemos sido presidentes de la asociación de artistas y hemos visto cómo en otros países se defiende lo suyo, porque la cultura se entiende como lo que hace poso y que nos reconozcamos. Aquí la administración no solo no lo ha hecho, sino que ha ido en contra de todo ello. Y cuando las galerías españolas venden a artistas españoles fuera les preguntan que quiénes son estos creadores a los que ni siquiera en su país les apoyan. ¿Cómo quieres que te compren ellos? Nos hemos quedado con el culo al aire.

-Esas son las cosas que hacen que en cuatro décadas poco hayamos cambiado.

-J. de J.: Ahora hay becas y ayudas que te dicen qué tipo de arte tienes que hacer si quieres acceder a ellas. Eso es una falta de respeto que no había existido nunca.

-M. S.: Eso empezó con nuestra generación. Mi primera exposición fue en un museo contemporáneo porque me presenté en tercero de carrera a un concurso. Y cuando me cogieron, flipé. Tenía veintipocos años. Comenzó un consumo rápido y de usar y tirar que llega hasta hoy.

-O. L.: Nosotros éramos anti-concursos.

-M. S.: Sin embargo, a nosotros nos cogían las galerías por ganar premios y por las becas. Y eso sigue siendo así.

-O. L.: Pensad lo que supusieron gente como Juan Perro, Radio Futura, Gabinete Caligari, investigadores en música, y en el cambio de siglo aparece OT, que es una fábrica de músicos prefabricados.

-Pero habrá cosas en las que habremos avanzado.

-M. S.: Muchas. Ya no hay campos definidos, se tiende a las hibridaciones, y las nuevas generaciones se sienten más apoyadas por la sociedad. No institucionalmente. En eso seguimos igual.

-R. M.: Los emergentes. Ellos sí que reciben ayudas. En nuestra época no.

-A. P.: En los ochenta parecía que un futuro vibrante se podía tocar con las manos. El cuerpo se expresaba con una libertad inédita. El ansia de libertad creativa se convirtió en ingrediente decisivo de la recuperación democrática.

«En vuestra generación, la de los ochenta, se puso las bases de todo. Y en la nuestra, la de los noventa, se engrasa. A nosotros nos tocó que todo se pusiera más serio» (Mar Solís)

El régimen globalitario de nuestros días no permite sueños que se alejen de las coordenadas predeterminadas por un sistema despótico de dominación y consumo.

-M. S.: Todo eso va a cambiar porque el artista cada vez está menos dispuesto a que lo ninguneen. Eso va a ser lo más innovador del siglo XXI.

-J. de J.: La hibridación de técnicas es un avance. Y las posibilidades que nos dan las nuevas tecnologías, no sólo para reducir infraestructuras, sino para proyectar nuestro trabajo.

-¿Esa obsesión por la emergencia es lo que hace que España vaya perdiendo a todas sus generaciones?

-J. de J.: No creo que los emergentes nos hayan tapado. En cuanto a la administración, es que nunca he contado con ella.

-R. M.: En el ámbito de la fotografía a lo que se ha tendido es al fotolibro. Y gracias a este fenómeno hoy conocemos a gente como Ricardo Cases o Cristina de Middel.

-A. P.: Yo creo que hay una conexión grande entre creadores de distintas generaciones. Existe un conocimiento mutuo del trabajo en una empatía intergeneracional.

Pedro Castrotega
Pedro Castrotega-I. Gil

-¿Qué ha aportado su generación a las posteriores y que les aportan a ustedes las nuevas?

-O. L.: Nosotros aportamos libertad.

-P. C.: Y ganas de hacer cosas.

-J. de J.: A mí me alegra haberles ayudado a romper barreras. Y esa libertad la ejerce tanto el que hace arte como el que lo recibe, que no se cuestiona ya tanto si eso es cómic, si es arte, si es grafiti... Y esa libertad que nosotros aportamos también la recogemos de los jóvenes. Ellos hacen cosas que a mí no se me habrían pasado por la cabeza. Y las incorporamos a nuestro imaginario.

-O. L.: Yo necesito a los jóvenes. Sus técnicas.

-R. M.: Sus nuevas tecnologías.

-Ahora estamos viviendo, por ejemplo, cierta visibilización de la mujer en el arte. ¿Cuáles eran las sensibilidades más propias de los ochenta?

-J. de J.: En los ochenta no había mujeres artistas y hombres artistas. Había artistas. Si algo aprendimos entonces era a no juzgarte por ser blanco, negro o verde. Alto o bajo.

-O. L.: La verdad es que también éramos cuatro mujeres. Para mí la reivindicación del 8-M tiene un lado perverso. Claro que es positivo visibilizar a mujeres que han tenido un trabajo artístico maravilloso.

«Todo fue muy experimental, muy extraño. Muy horizontal. Tú salías por la noche y te ibas al Tate Tate, en Chueca. Allí estaban McNamara, Pedro Almodóvar... Pero, a la mañana siguiente te recibía el Rey, ¡porque había recepciones reales para los artistas!» (Pedro Castrortega)

Pero aparece el 8 de marzo y a mí, que siempre estuve en la cresta de la ola, empiezan a reconducirme a exponer solo en marzo. A mí me humilla que me metan en algo por ser mujer.

-Quizás es que vivimos en una sociedad muy políticamente correcta. Hoy serían impensables muchas de las cosas que ustedes hicieron en los 80...

-P. C.: Y también una sociedad muy de miedos. Yo recuerdo las primeras manifestaciones en Chueca a favor de los homosexuales. El 70% de los que estabamos allí no lo éramos.

-A. P.: Parece que vivimos una involución inquietante… Una regresión hacia épocas predemocráticas que considerábamos superadas. Existen obstáculos en la política cultural y en el desmantelamiento del sector publico dedicado al arte. El caso del MARCO de Vigo es paradigmático.

La fotógrafa Rosa Muñoz
La fotógrafa Rosa Muñoz-I. Gil

-M. S.: Ahora, lo que pasó el pasado 8-M fue fantástico. En España, cuando nos juntamos, hacemos muy buenas cosas juntos.

-J. de J.: Una cosa sí que os digo, y he viajado mucho: España es una país de una creatividad espectacular, de los jóvenes a los mayores, de la danza al arte. Somos una potencia, y quizás la administración no lo fomenta porque cree que funciona solo.

-R. M.: Pero, ¿por qué somos unos desconocidos fuera?

-J. de J.: Porque no estamos en las colecciones públicas. La administración tiene la obligación de adquirir obras de todos los artistas con un determinado recorrido. Eso te avala. Y hay épocas en las que eso sí se hizo.

-O. L.: Somos poco cariñosos con lo nuestro. Admiramos lo de fuera pero no lo español... Eso significa que somos poco responsables. Soy optimista y quiero pensar que es porque nos queda nuestra mejor etapa. Lo mejor está por llegar.

La escultora Mar Solís
La escultora Mar Solís-I. Gil

-¿Es cosa mía, o la estética de los jóvenes de ahora es muy ochentera?

-J. de J.: Lo es, pero además está volviendo nuestro espíritu de hacer lo que te da la gana.

-M. S.: La gente está revisando con fruición esos años y destilandolos en sus lenguajes y estéticas del siglo XXI. Están aprendiendo de ahí y eso «mola».