Wim Mertens, con más de 70 discos en casi cuarenta años, cree que «la música es muy autoritaria»
Wim Mertens, con más de 70 discos en casi cuarenta años, cree que «la música es muy autoritaria» - CONTUMAZ STUDIO

Wim Mertens: el compositor «clásico» que reinó en la Ruta del Bakalao

El autor de éxitos como «Struggle For Pleasure» o «Maximizing the Audience» comienza su gira por España acompañado de su piano o en formato dúo

MADRIDActualizado:

Wim Mertens lleva toda su vida intentando explicar, sin mucho éxito, su obra. En 1983, ya dudaba durante una entrevista para un pequeño fanzine belga llamado ADN: «Estoy influenciado por la música clásica, pero también por Philip Glass, Michael Nyman y Steve Reich. Y también escucho música popular, así que debo estar en algún lugar entre todo eso… creo. Pero, dónde exactamente, no lo sé». Tres años antes, cuando todavía no había trabajado con orquestas sinfónicas ni grabado aquel primer disco de electrónica experimental basado en los microprocesadores de las máquinas de pinball —«For amusement only»—, ya había tomado la decisión de que todo lo que quería transmitir debía deducirse solo de sus composiciones. «Lo que ves, es lo que escuchas», repetía. Y aún así, nada.

Ahora, casi cuatro décadas después, cuando le preguntamos si ha dejado de sentirse un outsider, al ser rechazado por los sectores más puristas de la música clásica y ser considerado muy clásico para las corrientes contemporáneas, su respuesta es más contundente: «No tengo nada que ver con la música clásica, nunca he querido asociarme con ella. Y es cierto que me gusta involucrame y trabajar con músicos de orquestas sinfónicas que han tenido formación clásica. Yo mismo la he tenido, pero llegué a la conclusión de que tiene un carácter muy institucional y se relaciona con sus músicos de una forma muy autoritaria. Tampoco hago pop. A mí me gusta alterar todos esos parámetros para desarrollar un camino propio donde haya sorpresas. Intento que mis conciertos se llenen de vida», asegura el compositor belga de 64 años, que actúa esta semana en Azpeitia (23 de febrero), Elche (24) y Alcalá de Henares (25), y el mes que viene en Jaén (2 de marzo), Valencia (3), Barcelona (14) y Huelva (16).

Mertens, sin embargo, ha alimentado toda esa confusión al emprender las aventuras más variadas, tales como sus composiciones para cine, teatro, danza e, incluso, para un desfile de Dior, cuando aún dirigía sus colecciones el pronscrito John Galliano. También mediante los continuos cambios de registro en sus más de setenta álbumes, en los que se ha presentado solo al piano, con gigantescas orquestas de cámara o en formaciones inusuales con 10 pícolos, 13 clarinetes o 10 trombones-bajos. «No vivo en el siglo XVIII. Intento que mi música tenga flexibilidad para que pueda ser presentada de diferentes formas. Eso es lo que ocurrió con "Struggle For Pleasur"»: la compuse en 1982, fue escogida por Peter Greenaway para la banda sonora de El vientre del arquitecto en 1986, y usada después por una importante compañía telefónica para un anuncio», explica.

Al exigente autor belga —que abandonó temporalmente el conservatorio con dieciocho años para estudiar Ciencias Políticas: «Nunca quise tener una técnica perfecta, pero sí más información sobre los cambios sociales y políticos que han afectado a la música en sus diferentes épocas»— no le incomoda «en absoluto» que aquella famosa composición fuera usada con fines comerciales: «Fue una nueva experiencia para mí y, además, me trajo una audiencia que de otra manera no habría conocido mi obra».

Tampoco le disgustó que los «remixes» de esa canción y de «Maximizing the Audience», compuesta en 1984 para una obra de teatro de Jan Fabré, «The Power of Theatrical Madness», se convirtieran en himnos de la Ruta del Bakalao. «Fue todo un shock recibir desde Valencia la primera versión en 1986, pero en sentido positivo. No podía creérmelo. Nunca pensé que mi música, realizada con instrumentos clásicos, pudiera transformarse en techno. Me sentí orgulloso».

En este sentido más rupturista, Mertens recuerda con especial emoción el día que, en 2012, fue a presentar a Guimaraes la pieza clásica que había compuesto para orquesta sinfónica, con motivo de la declaración de la ciudad portuguesa como capital europea de la cultura. «Allí estaba yo, junto al aclamado director Rui Massena, tocando. En un momento del concierto interpretamos “Struggle for Pleasure”, yo al piano junto a toda una orquesta acompañándome. A mitad de la canción, todo el mundo se levantó y se puso a bailar. Fue una de las experiencias más maravillosas de mi carrera».