Homenaje en San Petersburgo en 2016 a las víctimas de Stalin
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LIBROS

«Memoria del comunismo», cien años y cien millones de víctimas

Brutal, militante, indiscutible, genocida, fue la experiencia de poder del comunismo. El periodista Federico Jiménez Losantos repasa su historia en un libro que es también una advertencia sobre la impronta de esta «utopía» sangrienta

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La idea sobre el mundo definida por el «Manifiesto comunista» de Marx sigue vigente, cien años y cien millones de muertos después. La nación más poblada de la Tierra, China, se gobierna bajo sus premisas. La tradición autocrática y nacionalista de Rusia, reforzada por una experiencia dictatorial comunista de siete décadas, conoce una nueva reencarnación imperial, mientras la popularidad de Stalin resiste tan incólume como el mármol de sus estatuas. El rostro del dictador en imanes, camisetas, tazas... está por doquier. La doctrina «oficial» impuso el respeto a su memoria, «a pesar de que cometió algunos excesos», mientras las iniciativas privadas para reestablecer la historia de sus víctimas hallan solo dificultades. En Iberoamérica, el viejo sueño castrista de poner pie en el continente se ha hecho realidad con la colonización cubana de Venezuela, «Cubazuela». Sus vecinos colombianos se enfrentan todavía a un narcoterrorismo investido de retórica comunista. En Europa, los trotskistas, que reemprendieron tras el fiasco de Mayo del 68 el asalto a los cielos de la socialdemocracia, han conseguido abducir los aparatos de partidos socialistas, temerosos de que se discutiera su genealogía progresista.

En España, el fenómeno del populismo se ha amalgamado en una síntesis gritona revestida de superioridad moral, elementos folclóricos y dramáticos que conforman una ideología izquierdista de aldea, un carlismo del siglo XXI. Tras la crisis final de la Unión Soviética en 1989, no se produjo una situación de vasos comunicantes. Sus «enemigos» cantaron victoria demasiado pronto. La caída del Muro de Berlín no implicó el fin de la Historia, anunciado con prisa por el liberal Fukuyama bajo la forma imperativa de la democracia representativa y la economía de mercado. El prestigio de las ideas comunistas se repite hasta hoy en Estados clientelares. Una explicación habitual y moralista radica en que la aplicación del comunismo fue torpe o traicionera, pero las ideas «eran buenas».

Singular y retador

Afortunadamente, existe una historiografía renovadora y revisionista de la experiencia histórica global del comunismo en sus distintos escenarios, muy utilizada en este libro singular, retador y comprometido, que deshace el argumento. El comunismo fue y es una experiencia histórica determinada, no atemporal, y si lo distinguió algo fue lo que tuvo de experiencia de poder. Brutal, militante, indiscutible y genocida. Si hay un punto en el cual los historiadores serios, con independencia de su ideología, se ponen de acuerdo es este. Como forma histórica de Estado, el comunista logró un nivel de control de la población como no se había conseguido jamás.

En España, el fenómeno del populismo se ha amalgamado en una síntesis gritona revestida de superioridad moral

Otra explicación de lo acontecido en el mundo post-1989, culturalista y vital, es la que apunta en una línea conmovedora Federico Jiménez Losantos, a propósito de la traición de su amante Olga Ivinskaya a Boris Pasternak, autor de «Doctor Zhivago»: «Tuvimos la experiencia, perdimos el significado». No había conciencia de lo que ocurría y se sabía, quizás, demasiado poco, o no se quería saber. Aquí se encuentra el sentido verdadero de la obra, memoria generacional de los últimos cincuenta años de la vida de España, archivo asombroso de fuentes insospechadas y también intento de ordenación de vivencias personales que configuran para el autor, hay que decirlo, una trayectoria feliz.

Muy bien escrito y narrado con precisión, es fundamental no perder el punto de vista, pues con agilidad Jiménez Losantos cambia constantemente de tono y perspectiva, recala en el búnker intacto de Stalin y al poco en las checas de La Habana. Constituye también una honesta confesión de parte de quien por los años sesenta y setenta vivió, como tantos, fascinado por la ideología comunista y su corolario, el antifranquismo. Aquí se encuentra lo mejor de la obra, por personal y vivido.

Leer a Galdós

Tras un repaso historiográfico a lo que sabemos ahora sobre Lenin y Stalin, se aborda la Guerra Civil y la Transición. La parte dedicada al camino del PCE hacia la democracia, recupera el mérito del partido de entonces y «la importancia política, simbólica y sentimental» de su legalización, así como el cambio de registro que supuso el final de una travesía del desierto crucial en la reconciliación de los españoles. Secciones diversas, sobre el supuesto heroísmo del Che Guevara, o «Podemos o el comunismo después del comunismo», dan cauce al dilema de los leninismos improvisados, típicos de la era global postcomunista. «Si alguna vez la izquierda en España tiene remedio, será leyendo a Galdós», anota al final Jiménez Losantos, antes de conducir al lector a una conclusión largamente deseada: «Tal vez lo que a finales de 2017 pasó en España fue que resurgió el sentimiento nacional español». Esa es la crónica de mañana mismo.