EXPOSICIÓN

Más paredes que árboles en el Museo de Arte Contemporáneo de Vigo

La muestra «La timidez de la copa de los árboles» habla de carencias comunicativas en la sociedad actual, de la competitividad y de la falta de respeto en una comunidad genérica

Fotografía de Helena Almeida en el MARCO de Vigo
Fotografía de Helena Almeida en el MARCO de Vigo

Tanta timidez, tanta, que las obras parecen esconderse. Los trabajos de los artistas, fruto de la selección realizada por Beatriz Alonso -ganadora de la última convocatoria del Premio MARCO / FRAC Lorraine / SFKM Sogn og Fjordane Kunstmuseum para jóvenes comisarios 2016- sobresalen ligeramente de las paredes, se alzan con modestia del suelo.

En palabras de la responsable: «La timidez de la copa de los árboles es un fenómeno botánico mediante el cual cada árbol define un límite en su crecimiento, facilitando una coexistencia en el dosel forestal más allá de la competencia entre especies».

Carencia comunicativa

La metáfora elegida quiere hablar de carencias comunicativas en la sociedad actual, de la competitividad y de la falta de respeto en una comunidad genérica, utilizando una analogía que apenas se respira en las salas donde reside la muestra. Los proyectos que ganan en papel no siempre ven la luz con el mismo entusiasmo. Los «buenos» nombres, tan importantes a la hora de formular un dossier, a veces se quedan en buenas cartelas porque las obras no sacan pecho al incluirlas en un discurso elaborado; pero tal vez poco experimentable por el visitante. Nos encontramos con una fotografía de la performance de Jiri Kowanda -Kissing Through Glass-, un beso pasajero a través de un cristal; la Mesa de centro bajo, con cuatro huecos para mantener fija la distancia entre interlocutores, de Rita Ponce de León; la pierna de un hombre atada a la de una mujer caminando hacia la cámara, de Helena Almeida; Resistir es permanecer invisible, tiza blanca sobre pared blanca, de Kader Attia. Buenas cartelas, buen dossier, buenas ideas, buenas obras que funcionan en el lenguaje escrito y parecen adaptarse como un guante al tema principal.

El aprendizaje de la convivencia, el egocentrismo o la superioridad del individuo, conforman una línea argumental que no aparece al deambular por la exposición. «¿Qué agencias prácticas, teóricas y simbólicas podemos imaginar en medio de un contexto sociopolítico regido por la rivalidad y la separación?», se pregunta Beatriz Alonso. En su ensayo introductorio, La timidez de la copa de los árboles formula varias preguntas. Quizá si mostrara alguna respuesta visual el espectador podría sentirse invitado a reflexionar.

Esas copas de los árboles que no llegan a rozarse o lo hacen educadamente, esas ranuras de timidez -concepto utilizado en el discurso de Alonso-, acaban sobrepasando la posibilidad de encontrarse, sean árboles, instalaciones, performances o esculturas en una exposición colectiva.

Caminar sin observar

Y es que, efectivamente, las obras no se tocan; las paredes del museo son la luz que se cuela entre las piezas que apenas tienen presencia en las salas. Durante el recorrido, el visitante camina más que observa o aprecia las obras de arte. Las fotografías o los vídeos, como si no quisieran molestar a los muros blancos, nos hacen rebotar de una a otra esquina de la estancia buscando la siguiente mancha en el horizonte.

El arte del saber estar, la distancia precisa, disponer del espacio propio y ajeno de una manera amable, abarca todos los ámbitos: laborales, conceptuales, expositivos... Y lo mismo ocurre con las paredes del museo: tanto es el pudor que apenas se sienten o presienten las obras. Con tanta timidez, tanta, vemos más paredes que árboles en esta muestra del MARCO de Vigo.

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