Juan Malpartida, autor de «Margen interno»
Juan Malpartida, autor de «Margen interno»
LIBROS

«Margen interno», el placer del texto

El poeta y crítico Juan Malpartida nos ofrece una bella colección de ensayos y semblanzas en «Margen interno»

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El título del último trabajo del poeta, ensayista, crítico de este suplemento y traductor Juan Malpartida (Marbella, Málaga, 1956) es «Margen interno». Un libro que está dividido en dos partes en apariencia diferenciadas, Semblanzas, donde realiza excursiones al difícil arte del retrato, y una serie de reflexiones de variado repertorio donde predominan las relaciones de la creación y el público y el destino mercurial de la crítica. Los textos, salvo uno, «Leer, tan viejo como la vida», han sido publicados en diversos medios, y también hay epílogos, colaboraciones en catálogos, etcétera.

La semblanza es arte muy difícil, con el añadido de la tiranía impositiva del poema y el peligro de estar constituido por la tendencia hagiográfica; podría hacerse una semblanza para denostar pero, por suerte, no es frecuente, y siempre debe estar emboscada y debidamente engarzada en la distancia. De no ser así el peligro es evidente. De ahí que sea arte para determinados funambulistas del lenguaje. A mí se me ocurren, por ser cosa difícil y rara, citar ejemplos señeros entre nosotros, los de «Españoles de Tres Mundos», de Juan Ramón Jiménez, y «Hombres en su siglo», de Octavio Paz, donde el escritor mexicano aunaba con acierto actitud moral y razón estética en retratos que iban desde André Breton a Ortega y Gasset pasando por Joan Miró o Revueltas. Parecida actitud semejan los retratos de Malpartida, pero les diferencia que estos últimos no estuvieron pensados hasta esta edición para ser felizmente reunidos, por lo que anduvieron desperdigados por diversas publicaciones. Así, no es casual que junto a semblanzas del propio Paz, de Reyes, de Borges, de Gil-Albert, se deslice Picasso, un no previsible José Luis de Vilallonga (cuyas memorias siempre ensalzó Malpartida), hasta desembocar en Darwin, uno de los hacedores de nuestra actual mirada occidental. Un bello ensayo donde se decanta por describir al naturalista como un erizo, según la distinción de Arquíloco que retomó Isaiah Berlin: señor proclive a ahondar en una idea fija. Es uno de los textos más conseguidos del libro porque mezcla la divulgación del personaje, un científico, con la admiración de un semejante agradecido por la labor del inglés cuyo arte es el verso.

Diderot y Emerson

En estos escritos se habla de Diderot, claro, uno de los grandes y cuya figura no ha tenido en España la relevancia de otros ilustrados, como Voltaire o Rousseau; se habla de Emerson, otro desconocido en nuestras tierras más dadas a las filosofías germánicas y francesas, y uno de los grandes pensadores de la Modernidad, pero no faltan alusiones a ilustres colegas como George Steiner o Cyril Connolly, maestros de la crítica, hasta llegar a Antonio Porchia, un autor de un solo libro, «Voces», cuya voz Malpartida ayuda a comprender.

Este margen interno de personalidades e intereses adquiere su pleno significado en el ensayo «Leer, tan viejo como la vida», que puede servir de coda al libro. Es ensayo corto pero de aliento borgiano en lo que tiene de cadencia de encadenar visiones que se quieren infinitas. Así, tomada de la idea darwiniana, surge la lectura como trasvase de la vida para su transformación. No sólo es una buena idea sino una bella metáfora de lo que es la cultura. Se nos hace una comparación entre escritura y vida a la que, por lo menos, deberíamos otorgar el rasgo de hallazgo. No es cosa nueva, al fin y al cabo, ¿qué atisban los poetas? Pero está dicho con justeza y pertinencia. Bello final para un bello libro.