A LIBRO ABIERTO

Marcial Pons, mucha historia... y más

Las librerías Marcial Pons son un referente insustituible en el ámbito jurídico, de las Ciencias Sociales y de las Humanidades. Luis Domínguez, responsable de uno de sus centros en Madrid, nos revela sus secretos

Entrada a la librería Marcial Pons. Humanidades-Ciencias Sociales
Entrada a la librería Marcial Pons. Humanidades-Ciencias Sociales - Maya Balanya

El balance de la última Feria del Libro de Madrid, recientemente celebrada, resulta esperanzador. Ha aumentado el número de visitantes que proceden de otras Comunidades y sus ventas han crecido en un 8 por ciento, algo que quizá no sea espectacular pero sí pone de manifiesto que parece que la inclemente crisis disminuye y se abren perspectivas halagüeñas. Sin embargo, hay que ser muy conscientes de que la Feria es un momento específico que, aunque sea fundamental, de nada sirve si se queda como una isla. Porque, más allá de este tradicional evento, nunca debemos olvidar que durante todo el año existen «ferias» que nos sumergen en uno de los mayores placeres, como es el de la lectura, pues, bien subrayó Jorge Luis Borges, «que otros se enorgullezcan por lo que han escrito, yo me enorgullezco por lo que he leído».

Las librerías son las permanentes «ferias» del libro, lugares cálidos y acogedores, espacios donde se atesora una sabiduría de siglos. Como ocurre en Marcial Pons, un insustituible referente en el ámbito de las librerías especializadas. En la actualidad, Marcial Pons ofrece dos centros en Madrid y dos en Barcelona. En la capital de España, en la calle Bárbara de Braganza nº 11, se ubica la dedicada a Derecho, Economía y Empresa, y en la plaza del Conde del Valle de Suchil nº 8 la que se centra en Humanidades y Ciencias Sociales. En la Ciudad Condal se encuentran, en la calle Provença nº 242, la que se ocupa de Derecho, Economía y Empresa, y en la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona, la orientada al campo académico, muy presente también en el conjunto de las librerías Marcial Pons, donde puede hallarse prácticamente la totalidad de los títulos publicados por sellos institucionales y académicos, como, entre otros muchos, el de la Real Academia de la Historia, la Casa de Velázquez, el Congreso de los Diputados o el Senado. Por otro lado, sin perder de vista su carácter especializado, en las librerías Marcial Pons es posible adquirir las últimas novedades en cualquier género, no solo el ensayístico.

A estos establecimientos se une la actividad editorial que asimismo realiza, a través de Marcial Pons Ediciones Jurídicas y Marcial Pons Ediciones de Historia, que, además de Madrid, tiene filiales en Argentina y Brasil. Esta tarea le valió la concesión en 2009 del Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial, subrayando el jurado «su excelencia editorial, que ha trascendido el ámbito académico para instalarse en un más amplio espacio de la vida cultural española».

Luis Domínguez, responsable de Marcial Pons. Ciencias Sociales y Humanidades
Luis Domínguez, responsable de Marcial Pons. Ciencias Sociales y Humanidades- Maya Balanya

La librería Marcial Pons cuenta en su haber con una larga y fructífera trayectoria, desde que su fundador, el zaragozano Marcial Pons Abejer (Calatayud, 1915-Madrid, 2011), tras su experiencia profesional en el sector, decide establecerse en 1948 como librero independiente en un pequeño local en la zona de la madrileña plaza de Callao, para trasladarse después a la calle Bárbara de Braganza. Marcial Pons, que asimismo colaboró activamente en la creación de la primera Escuela de Libreros, tuvo muy claro desde el comienzo la idea de la especialización y la necesidad de conjuntar la librería con la editorial. Algo que, con el paso del tiempo, nos remite a su visión de futuro y al acierto de su proyecto. Entre las distinciones obtenidas por Marcial Pons, destacan la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo y la Medalla de Honor de la Universidad Carlos III. Precisamente, al recibir este último galardón, señaló: «Yo, sólo he sido lo que verdaderamente he querido ser. Un librero. He dedicado toda mi vida a los libros, a sus autores y a los lectores. A lo largo de mis muchos años de actividad como librero he tenido la oportunidad de conocer a mucha gente. De todos he aprendido. Muchos de ellos me han honrado con su confianza, incluso con su amistad. Y es que esta profesión, cuando se ejerce con seriedad y desde el compromiso de servicio y de atención al cliente, siempre es generosa y compensa con creces de cualquier esfuerzo y sacrificio. Todos los que me conocen saben que, en este sentido, me considero un verdadero privilegiado y que mi trabajo sólo ha consistido en dedicación, constancia y esfuerzo, aunque, bien es cierto, que puestos a disposición de una hermosa causa».

«Las librerías han de ser puntos de encuentro, de intercambio de opiniones, de debate abierto y plural»

Este espíritu es, sin duda, la clave del éxito de su empeño, y una de las grandes bazas de las librerías Marcial Pons. Una actitud que hoy permanece viva y custodiada por sus herederos y todo el personal. Un ejemplo de ello lo tenemos en Luis Domínguez, responsable de Marcial Pons. Humanidades-Ciencias Sociales, quien proclama con legítimo orgullo: «No vendo libros. Soy librero». Una declaración enormemente oportuna en estos tiempos «líquidos», según la sugerente caracterización del pensador polaco Zygmunt Bauman (Poznán, 1925-Leeds, 2017), donde todo parece guiarse por criterios mercantilistas y se quieren enterrar valores como el de la vocación o el trabajo bien hecho. Pero esta pretensión, tan nefasta como suicida, no va con Luis Domínguez. Luis Domínguez derrocha pasión, una pasión tranquila, que la convierte en más eficaz. Y con esa pasión, felizmente contagiosa, y que ha mantenido sin desfallecer durante más de cuarenta años, habla de su cometido: «Empecé desde abajo, en una distribuidora, trabajando y estudiando por las noches. Para mí ser librero es más que una profesión, es una vocación. Evidentemente, una librería no podría subsistir si no vende, pero si solo se quiere eso, si se ve exclusivamente como un negocio, se desvirtúa todo su significado. Porque, además, para un librero lo importante no es solo que se compren libros, sino que se lean. En este sentido, el librero tiene que conseguir que haya cada vez más lectores, lo que, claro, en un país como el nuestro, todos conocemos los bajísimos índices de lectura, no es fácil. Pero ahí está el reto. El librero tiene que ser capaz de ilusionar, de trasmitir que alguien culto es mejor persona».

Uno de los expositores de la librería ubicada en la madrileña plaza del Conde del Valle de Suchil nº 8
Uno de los expositores de la librería ubicada en la madrileña plaza del Conde del Valle de Suchil nº 8- Maya Balanya

¿Esa sería la principal tarea de un librero? «Sin duda -explica Domínguez-. También que el librero nunca ha de olvidar que es un prescriptor, que recomienda y asesora. En Marcial Pons no solo buscamos el libro que nos piden, por muy difícil que sea encontrarlo podemos en marcha todos los mecanismos, sino que además aconsejamos y facilitamos otros sobre el mismo asunto. De manera plástica, se aprecia en el escaparate temático, monográfico, que es una de nuestras señas de identidad. Escaparates ligados en ocasiones a la actualidad, por ejemplo, montamos recientemente uno sobre Lutero con motivo del V Centenario de la Reforma, pero no siempre. Y esa misión de prescriptor, casi como un médico de familia, es la que proporciona más satisfacciones. El contacto humano con los clientes, que muchas veces son más amigos que clientes, es muy enriquecedor. Y para todo ello es fundamental que el librero conozca muy bien el producto. Para mí es un contrasentido que un librero no sea un lector voraz. El librero cuando descansa lee».

«Para mí es un contrasentido que un librero no sea un lector voraz. El librero cuando descansa lee»

¿Cómo definiría Luis Domínguez la librería ideal? La respuesta es rápida y diáfana: «Las librerías han de ser puntos de encuentro, de intercambio de opiniones, de debate de ideas, abierto y plural. No es una cafetería, con todo mi respeto a quienes hayan optado por esa línea, que nosotros nunca nos hemos planteado. En Marcial Pons es lo que intentamos. En el día a día, y en las actividades que llevamos a cabo en la librería, que van más allá de la mera presentación, a palo seco, de libros, del "solo he venido a hablar de mi libro". Habitualmente lo que hacemos, en actos abiertos al público y de los que informamos en nuestra página "web", es traer a reconocidos especialistas y organizar una mesa redonda en torno a uno o varios libros. Y en esos actos y en ese diálogo es tan importante quien forma parte de la mesa como los asistentes. También en esta vía de potenciar el debate, se inscribe la iniciativa de la revista «Ayer», que edita Marcial Pons, y que aglutina a varios historiadores que realizan reuniones en la sede de la librería. Precisamente, después de esta conversación, se celebra una de ellas. Es decisivo que la gente conozca las muchas facetas de una librería, tal como concebimos el caso de Marcial Pons. Una librería no es únicamente un bosque de libros».

¿Tiene porvenir el libro, las librerías y los libreros? «Existen -apunta Luis Domínguez- muchas y variadas amenazas, que no debemos obviar o minimizar para poder combatirlas con el mayor éxito posible. Pero, por ejemplo, aunque sin dejar de lado el libro electrónico, seguimos apostando por el libro en papel. Y continuamos haciendo, lo que hoy es poco habitual, catálogos en papel. A veces da la impresión de que el librero es una figura a extinguir. Pero resistimos. Y tampoco se rinden las librerías, pese a que no pocas se hayan visto obligadas a echar el cierre. En cuanto al futuro, me parece tranquilizador y sintomático algo que he detectado cada vez más: son numerosos los jóvenes que se preocupan por ser los mejores y para ello comprueban que deben estar más y más preparados, que no pueden permitirse despreciar el libro y la lectura. Lo he visto por ejemplo en jóvenes que están elaborando su tesis doctoral y vienen a la librería deseosos de que nada se les escape. Y no solo en este perfil. También en jóvenes que quieren conocer más en profundidad el complejo mundo actual, que huyen de lo superficial, y para ello la lectura es una herramienta inapreciable. La más valiosa herencia que se les puede dejar a los jóvenes es la educación. El dinero tarde o temprano se acaba. La educación y la cultura nadie te las puede arrebatar».

Es una realidad, triste realidad, que no corren buenos tiempos para las Humanidades, a pesar de ser el sustento esencial en la formación. Sin embargo, Luis Domínguez no es pesimista: «No hemos de regodearnos en lo negativo. Estoy convencido de que tras esta Edad Media que estamos viviendo, en la que la ignorancia es tan atrevida, vendrá un Renacimiento, una explosión del Humanismo. Quizá nosotros no lo veremos en toda su plenitud, pero llegará». Ojalá sea así, y cuánto antes. Desde luego, Luis Domínguez y las librerías Marcial Pons, afortunadamente, no ahorran esfuerzos para contribuir a ello.

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