Retrato de Madame de Staël
Retrato de Madame de Staël
LIBROS

Madame de Staël, la dama que Napoleón no pudo conquistar

«Consideraciones sobre la Revolución francesa» es un exaltado himno a la libertad y la razón de Madame de Staël

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Stendhal dijo de ella que era «la mujer más extraordinaria de Europa». Y no exageraba porque Anne-Louise Germaine Necker, conocida como Madame de Staël, fue no sólo una de las mejores cabezas políticas de su tiempo y una escritora de éxito sino que además fue testigo de tres décadas que cambiaron la historia de Francia y de Europa. Diez años después de su fallecimiento, su amiga Madame Recamier y Chateaubriand viajaron a la tumba de Madame de Staël, situada en la localidad suiza de Coppet, muy cerca de Ginebra, junto al lago Leman. Allí está enterrada al lado de su padre Jacques Necker, el banquero que fue primer ministro de Luis XVI, su madre y sus hijos. Su austera sepultura está en el castillo familiar, en medio de un frondoso bosque. En ese lugar apacible y silencioso descansa tras su muerte en París en 1817. Tenía 51 años y había apurado la vida hasta su último aliento, con amantes ilustres como Benjamin Constant, con el que mantuvo una relación tempestuosa.

Siguiendo los pasos de Chateaubriand, visité la tumba de Madame de Staël en una calurosa tarde de verano en la que de repente las nubes oscurecieron el cielo y estalló una tormenta que agitó las aguas del lago ginebrino. Me pareció que la Naturaleza quería también hacerse eco de las turbulencias que habían sacudido la existencia esta mujer, que padeció la persecución y el exilio por defender la libertad y la razón. Esa pasión con la que afrontó la vida inspira desde la primera a la última línea uno de los libros más extraordinarios que he leído: «Consideraciones sobre la Revolución francesa», en el que narra su peripecia personal desde la crisis de la monarquía que provoca la caída de Luis XVI hasta la derrota de Bonaparte en Waterloo y el Congreso de Viena, una etapa de 25 años que cambió la historia de Francia y de Europa.

Madame de Staël comenzó a escribir esta obra en los últimos años de su vida como un homenaje a su padre

Madame de Staël comenzó a escribir esta obra en los últimos años de su vida como un homenaje a su padre, por el que sentía profunda devoción. Necker había intentado salvar la monarquía con una serie de reformas que se toparon con los intereses de la nobleza y el entorno del monarca, que no sentía ninguna simpatía hacia el financiero suizo. Pero el trabajo se convirtió en un vasto fresco histórico en el que se mezclan sus experiencias íntimas con un fino análisis político que aporta las claves para entender los vertiginosos sucesos que desembocaron en la dictadura napoleónica. Tras la toma de La Bastilla y el inicio de los trabajos de la Asamblea para redactar la Constitución, la hija de Necker llegó a confiar en que se impondría en Francia un sistema bicameral como el británico, basado en la soberanía del pueblo con la monarquía como forma de Estado. Pero pronto fue consciente de que «la pasión por la igualdad» iba derribar todas las barreras hasta acabar en la ejecución del rey y el régimen de terror implantado por Robespierre.

En un análisis que entronca con lo que está sucediendo en estos momentos en Cataluña, Madame de Staël, gran defensora de la Ilustración, achaca al triunfo de las pasiones sobre la razón los trágicos sucesos que ensangrentaron las calles de París tras aflorar el odio y las bajas pasiones. La baronesa huyó de París en 1792 tras ser liberada por las autoridades revolucionarias. Pero volvió a Francia tras la proclamación de Napoleón como cónsul, con el que tuvo una relación de profundo antagonismo. El emperador decretó su exilio y luego la expulsó de Francia tras negarse a devolver los dos millones de francos que Necker había prestado al Tesoro público.

Escritora de éxito

Napoleón había intentado sin éxito lograr su apoyo, pero ella desconfiaba instintivamente del general corso, en el que vio un hombre sin principios al que sólo le interesaba el poder. La mujer que admiraba Chateaubriand, se carteaba con Schiller y Goethe y había escrito libros de enorme éxito que se leían desde San Petersburgo a Roma creía que Napoleón era un arribista sin escrúpulos que había provocado un «desastre absoluto» y «tiranía corrupta».

El emperador nunca la perdonó y le negó el indulto de su madre, exiliada en Suiza, lo que enconó la animadversión de una mujer que era aclamada en Londres y en Viena mientras se prohibían sus libros en Francia. Pero Napoléon acabó sus días confinado en Santa Elena, mientras Madame de Staël volvía París para recibir en sus salones a monarcas, políticos, escritores y artistas. Sumergirse en las más de 700 páginas de «Consideraciones sobre la Revolución francesa» es no sólo una apasionante excursión en la historia sino que además nos permite escuchar una voz que no se apagará jamás y que sigue viva gracias a esta impresionante obra póstuma.