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Lutero, las paradojas de un buscador de Dios

La celebración del Quinto Centenario del inicio de la Reforma nos permite revisitar, a través de diversos ensayos y biografías, la figura y la obra de Martín Lutero. Su verdadero legado

Retrato de Lutero pintado por Lucas Cranach el Viejo
Retrato de Lutero pintado por Lucas Cranach el Viejo

En 1517, un monje agustino recoleto de Sajonia puso patas arriba la Iglesia de la época por sus críticas al sistema de indulgencias. Las posiciones teológicas de Lutero desencadenaron un terremoto religioso-político que desconfiguró por completo el mapa político europeo. La Reforma fue una cesura que supuso el fin de la Cristiandad en un tiempo convulso que fue dando paso a una renovada noción de Europa, un proceso descrito magistralmente por Mark Greengrass en La destrucción de la Cristiandad. Europa 1517-1648 (Pasado & Presente). Se abría una nueva época en la que las autoridades seculares tenían la potestad de dictaminar la confesión religiosa de sus súbditos. Martín Lutero fue considerado un apóstol y un héroe para un campo protestante que, incluso, lo llegó a representar como el portador del Espíritu Santo.

Polémica inflamada

Tanto es así que en uno de sus múltiples retratos, elaborado poco antes de su muerte, podemos leer un auspicio revelador: «Vivo fui tu peste, papa; muerto seré tu muerte». Por el contrario, y como no podía ser de otra forma, el catolicismo lo convirtió en la quintaesencia de la herejía e instrumento del demonio. Hoy en día, las polémicas inflamadas y violentas han dejado paso a debates más sosegados sobre su figura y su impacto en la historia. De hecho, no podemos olvidar que, en septiembre de 2011, en la sala capitular del monasterio de Erfurt en el que tomó sus votos, el Papa Benedicto XVI elogió la figura de Martín Lutero destacando que su espiritualidad había estado centrada en Cristo.

Lutero fue considerado un apóstol. Se le representó como el portador del Espíritu Santo
La celebración del Quinto Centenario del inicio de la Reforma nos está permitiendo conocer las últimas aportaciones historiográficas sobre Martín Lutero, sintetizadas con finura por Thomas Kaufmann, catedrático de Historia de la Iglesia en la Universidad de Gotinga y uno de los principales especialistas en los orígenes del protestantismo, en una biografía, breve pero enjundiosa, que se suma al exquisito catálogo de la editorial Trotta.

Es, además, una magnífica oportunidad para conocer más de cerca la rica y activa historiografía germánica, no siempre disponible para el lector español, que hasta la fecha ha dependido de trabajos clásicos pero, en gran medida, superados (Delumeau, Oberman o Febvre). Entre estos estudios tradicionales merece una mención especial el titánico esfuerzo del jesuita Ricardo García Villoslada, cuya monumental biografía de Lutero se ha vuelto a reeditar y sirve para descender al detalle de la agitada vida del reformista alemán.

La conciencia del tiempo y de la fe estaban estrechamente interrelacionadas en Lutero. Kaufmann nos demuestra que no se puede comprender a quien nació como Martín Luder sin conjugar su vida, su Dios y el mundo en el que vivió. La idea de reforma estaba presente en el vocabulario del cristianismo bajomedieval, lo que Huizinga llamó «el otoño de la Edad Media». Quien más y quien menos acertaba a vislumbrar la necesidad de un esfuerzo reformista en todos los sentidos.

Reforma

De esta forma, se podía hablar de reformare pacem, «restaurar la paz», o de reformare ecclesiam. Durante la segunda década del siglo XV, se reunió el Concilio de Constanza que tenía como objetivo este intento de cambio bajo un lema que hizo fama: in capite et in membris, es decir, «en la cabeza y en los miembros». A veces se olvida que la Iglesia católica también se transformó en este proceso. Es más, la caracterización del mismo como una mera Contrarreforma no deja de ser un análisis de brocha gorda. El accidentado Concilio de Trento (1545-1563) se convirtió en el hito principal de esta renovación católica, ya que estableció un programa de cambio que pretendía transformar a la Iglesia católica a todos los niveles. Y este tipo de preocupaciones sigue estando en el centro, como han puesto de relieve más de una veintena de teólogos e historiadores, encabezados por Antonio Spadaro y Carlos María Galli, que han querido analizar el pasado, presente y futuro de la renovación eclesial (La reforma y las reformas en la Iglesia, Sal Terrae).

La conciencia de tiempo y fe estaban estrechamente relacionadas en el monje agustino
El deseo de reforma en la tradición cristiana debe entenderse, sobre todo, en el contexto de conversión constante de vida propuesto por los Evangelios. En este sentido, Kaufmann nos dibuja un perfil vital complejo y lleno de paradojas. Lutero fue un hombre público, pero nunca dejó de ser un exégeta de la Biblia en una universidad pequeña sin tradición alguna o, en palabras de García Villoslada, un fraile hambriento de Dios que sufrió diversas crisis espirituales. Contemplación, oración y acción son rasgos de una personalidad singular que buscaba ser cristiano «en el Evangelio y en Jesucristo». Poco a poco, su prosa fue alcanzando altura y se convirtió en un escritor, al que podemos disfrutar en español gracias a la traducción (Editorial Sígueme) de sus obras de Teófanes Egido, probablemente uno de los mejores conocedores de la Reforma en nuestro país. En estos escritos se percibe a un Lutero que se pensaba a sí mismo como un maestro de la verdadera y olvidada Iglesia.

Escolástica

Por esta razón, atacó al pontífice romano como el responsable último del abandono de la fe original. En Wittenberg, donde mantuvo la cátedra universitaria en teología, quemó públicamente el corpus de derecho c anónico, como símbolo de la autoridad papal, la bula de León X en la que le amenazaba con la excomunión y algunas de las principales obras de la escolástica medieval. En 1520, la ruptura ya era una realidad. Martín Lutero se sintió libre entonces, y más fiel que nunca a Dios.

Como no podía ser de otra forma, el catolicismo lo convirtió en la quintaesencia de la herejía
Pero tampoco podemos olvidar que Lutero, un cismático de nuevo cuño y proscrito del Imperio, pudo madurar su teología gracias al apoyo de algunos príncipes alemanes, especialmente del elector Federico de Sajonia, que buscaban la estatalización de la religión y se sirvieron de las ideas luteranas. Es más, la Reforma se fue propagando sin apenas resistencias, pese a que Carlos V lo había declarado «un empedernido provocador de desunión y un hereje público». Lutero se dedicó en sus últimos años de vida a desarrollar una reforma del culto litúrgico con la misa en lengua alemana, la fundación de escuelas para la instrucción de los más jóvenes, una ferviente actividad catequética, que favoreció la aparición de un catecismo propio o tribunales particulares, que estuvieron en manos de los príncipes. El resultado fue la aparición de una nueva época marcada por la «confesionalización» de las diferentes sociedades europeas en las que posturas religiosas y poder político se identificaron.

Conclusiones

La repercusión de la Reforma luterana en la Modernidad está fuera de toda duda. Sin embargo, no hay un acuerdo a la hora de valorar sus consecuencias. Haces meses, se publicaba en nuestro idioma el último trabajo (Editorial Marcial Pons) del pensador tradicionalista Danilo Castellano sobre Lutero, a quien reconoce como el «gallo de la modernidad» desde una perspectiva bastante crítica con el personaje y su pensamiento. De hecho, lo termina por considerar como un revolucionario gnóstico, como un exégeta errado en sus interpretaciones teológicas y como un pensador político nefasto. Pocos tonos positivos emergen en este peculiar repaso, un ejercicio que sólo convencerá a aquellos ya predispuestos a una enmienda a la totalidad, por lo que debería ser completado con el modélico acercamiento que nos encontramos en Martín Lutero. Vida, mundo, palabra (Editorial Trotta).

Con ocasión del Quinto Centenario de la Reforma que estamos celebrando los especialistas seguirán profundizando en las luces y las sombras de un figura ambigua y contradictoria. Y es que aún nos quedan muchas incógnitas por desvelar sobre su vida, su fe y su impacto. De hecho, Kaufmann también ha publicado Jews. A Journey into Anti-Semitism, un trabajo en el que explora el antisemitismo de Lutero, tan incuestionable como incómodo. Con todo, tenemos la certeza de que aquel monje sajón transformó el cristianismo y el mundo de una forma transcendental.

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