Jordi Nadal, autor de «Libroterapia»
Jordi Nadal, autor de «Libroterapia»
LIBROS

«Libroterapia», palabras sanadoras

«Leer es vida» es el subtítulo de este ensayo en cuyas páginas su autor hace apología del poder de los libros

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He aquí un pequeño gran libro en el que se respira la pasión que la lectura produce en su autor, que es también editor de profesión y bibliómano por encima de todo. «Leer es vida», reza el subtítulo, y no es ocioso repetir esa frase hasta la saciedad, pues en demasiadas ocasiones se han opuesto vida y lectura, como si el modo de vivir plena e intensamente excluyera la posibilidad de emplear nuestro tiempo libre en leer un buen libro, aprendiendo en sus páginas todo lo que ignoramos acerca de nosotros mismos, conocimiento imprescindible -recuérdese la máxima délfica- que las juergas, el sexo, las drogas y el «rock & roll» no siempre proporcionan. Con ello no quiero decir que sea improcedente divertirse haciendo el ganso por ahí fuera. Con ello solo quiero decir que una forma como otra cualquiera de divertirse es la lectura.

Los libros nos informan de lo que ocurre en nuestro interior con una capacidad de penetración digna de la más sofisticada de las excavadoras. Y, por si fuera poco, curan. Bueno, lo que en realidad cura son las palabras contenidas en los libros. Bien lo sabían los chamanes de los que habla Eliade, cuando con la palabra sanaban espiritualmente los corazones y las almas de las mujeres y hombres de la tribu. Palabras sanadoras que Jordi Nadal (Lliçà d’Amunt, Barcelona, 1962) ha extraído de las lecturas de algunos de sus autores favoritos, de nombres tan sonoros como Camus, Canetti, Emerson, Gide, La Rochefoucauld, C. S. Lewis, Saint-Exupéry o Torga, sin agotar la lista de chamanes ilustres que figuran en «Libroterapia».

Jordi Nadal ha elegido catorce autores terapéuticos. Tras su lectura somos más libres

De La Rochefoucauld (1613-1680), por ejemplo, el célebre autor francés de aforismos, dice: «Grande y ácido, no queda casi nada en pie tras su lectura. No se idealiza, no idealiza. Sabe de amor y de guerra, y de suerte y de muerte. Jugó fuerte y con intensidad». Se preguntarán cómo las palabras de un tipo tan cínico y misántropo como La Rochefoucauld pueden resultar sanadoras. Pues precisamente por eso, porque no eluden la verdad, no la envuelven en paños calientes de ñoñería y condescendencia. Van al grano de lo real, al fundamento de lo humano. Baste decir que Friedrich Nietzsche, el gran Nietzsche, prefería sus «Máximas» a «todos los libros juntos de todos los filósofos alemanes».

Grado de empatía

De la misma manera que los autores y los textos seleccionados por Nadal operaron en su ánimo de forma terapéutica cuando le fueron saliendo al paso a lo largo de su existencia, así nos ocurre a nosotros al acercarnos a «Libroterapia», un libro en el que su autor, como en una conversación íntima en un restaurante con velas, se convierte en nuestro semblable, en nuestro «frère» -que diría Baudelaire-, en un auténtico «Doppelgänger»: tal es el grado de empatía con el lector que despliegan sus páginas, certeramente prologadas por Xavier Coll. Una empatía que traslada el flujo cómplice que estableció Jordi Nadal con sus catorce autores terapéuticos a los lectores del libro que los agrupa, produciendo con ello un efecto catártico y sanador que hace que volvamos de su lectura más libres y más sabios. Permítanme que honre estas líneas con una frase del médico y escritor portugués Miguel Torga (1907-1995): «¡Aquí está el mundo otra vez! Está lleno de sol, de flores, de ruidos, y, sobre todo, no huele a medicinas». El efecto que produce el libro de Nadal es justamente ese: sentir que existe algo fuera del hospital para enfermos terminales que es la vida, un algo misterioso, curativo y perenne que se encuentra en los libros.