ARTE

Lamazares y las raíces del misterio Novoneyra

La muestra «Flor Novoneyra», en Santiago de Compostela, en un canto a la comunión entre la palabra y la pintura

Lamazares en el Museo Gaiás
Lamazares en el Museo Gaiás

Antón Lamazares (Lalín, 1954) persigue sus raíces y recupera la savia de un árbol que asciende en la sabiduría poética de Uxío Novoneyra. Lamazares nos emociona con su homenaje. El poeta gallego, que en 1955 publicó Os Eidos. Libro del Caurel, entrega indispensable para conocer la poesía y la cultura gallega contemporáneas, es la influencia escogida por Antón Lamazares en Flor Novoneyra.

Novoneyra fue voz de la poesía universal en programas como Versos a medianoche o Poesía e imagen, en RTVE. Asiduo a las tertulias del Café Gijón, en 1966 publica en Rialp, en edición bilingüe, Elegías del Caurel y otros poemas, e, inesperadamente, regresa a Galicia. En su tierra continúa escribiendo y publicando depuradamente hasta su muerte en 1999. Ha sido una figura esencial en la cultura gallega, conocido por la potencia oral de su poesía y su activismo entregado a transmitir y guardar, a donar la fuerza poética de la identidad múltiple y diferencial de Galicia y su lengua. Novoneyra defendía que todos residimos en nuestra lengua, en nuestro habla, y que es ahí donde también residen nuestros antepasados.

Mi padre mantuvo una relación muy estrecha con pintores como Laxeiro, Grandío o Reimundo Patiño, influencia compartida con Lamazares, que derivó en una producción experimental en el campo de la poesía visual en la que destaca su vertiente caligráfica de la que podemos descubrir una muestra escogida en Flor Novoneyra.

El misterio visual de esa palabra y su reivindicación a través de un peregrinaje antológico lo convoca Lamazares mediante el color y un código bautizado como Alfabeto Delfí. Se trata de una suerte de nuevo abecedario mediante el cual el pintor traslada la sabiduría y los sueños. Evoca la palabra primera de la Tierra que resuena en la obra del poeta y de toda la cultura gallega, fuertemente enraizada. Los versos son raíces profundas en este testamento de Lamazares, entendido como lugar de intensidad y respeto hacia una mirada común: hacia el futuro como lugar desde donde mirar el presente.

En el corazón de los cuadros de Lamazares leemos versos y poemas, descubrimos ese misterio de la palabra que va directa al corazón, la mirada que construye el impulso hacia el futuro sedimentado en el color del verbo.

Recordamos el pasado común en Pura eterna pregunta, tú sabes, defendemos el amor en Nunca fui como te amo y la pérdida de La lluvia no es mía o Ahora soy solo para la lluvia después de que Llueve para que yo sueñe….

Revisamos las influencias comunes que atraviesan la cultura gallega contemporánea abierta en sus conexiones hacia la amistad. En Flor Novoneyra encontramos versos dedicados a Laxeiro, a Carlos Maside, a Reimundo Patiño; incluso a un color, al Gris Grandío, el gris encerado de la última pintura de otro gallego fascinado por la poesía.

Nos debemos a la muerte y la permanencia: «Morir es quedar muerto», pero «Vamos y en nosotros regresan todos los que vinieron», y «De todas las naves caballos y carros que parten / sale un canto de permanencia», y aparece un verso inmenso: «DICEN los sueños y los pájaros: / La muerte no es cierto».

Nos debemos como Antón Lamazares y Uxío Novoneyra a la comunión entre palabra y pintura, entre palabra y lugar; a su fuerza: «Mirar abierto / pregunta / y / plegaria», «Yo soy esto que veo y que me ve», y «SOLO de la Tierra / Tú sabes que el cielo no es nuestro. / Pueden inseguridad y desamparo / y te acoges a bienes ciertos / ¡la casa! / ¡el valle! / ¡la patria humilde! / Nuestra patria por la que tú clamas horadando la noche / ¡Rosalía!».

La fuerza de la poesía y la pintura unidas para avanzar desde un mundo rural que vuelve, que siempre vuelve, porque «…¡AÚN es joven la tierra!» y «un pueblo nace siempre / no remata nunca nuncanuncanuncanuncanuncanuncanuncanunca».

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