Propuesta de Rafa Munárriz en «Itinerarios 2018»
Propuesta de Rafa Munárriz en «Itinerarios 2018»
ARTE

«Itinerarios»: Buena sintonía en el Centro Botín

Los resultados de las becas de artes plásticas de la Fundación Botín se muestran por vez primera en su nuevo espacio

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El Centro Botín presenta la 24ª edición de Itinerarios, la cita anual que muestra el trabajo final de los artistas seleccionados en la convocatoria de becas de artes plásticas de su Fundación. Este año toma gran relevancia simbólica por ser la primera vez que se muestra dentro de la arquitectura de Renzo Piano. Los elegidos, Irma Álvarez-Laviada (Gijón, 1978), Elena Bajo (Madrid, 1976), Josu Bilbao (Bermeo, 1978), Felipe Dulzaides (La Habana, 1965), Rafa Munárriz (Tudela, 1990), Alex Reynolds (Bilbao, 1978), Leonor Serrano Rivas (Málaga, 1986) y Pep Vidal (Tarrasa, 1980), nos introducen en una consecución de trabajos que nos sumergen de manera individual en microexperiencias bien distintas, aunque el nexo común, en palabras de su comisario, Benjamin Weill, es «la preocupación del artista por interpretamos la realidad, por cómo construimos nuestro entendimiento del mundo exterior».

Lo cierto es que, las ediciones de Itinerarios suelen ser dispares en su calidad, pero, para los visitantes, realmente es muy interesante acercarse a la creación más reciente desde artistas de elevado nivel. Este 2018, parece que la elección ha sido afinada, y el jurado, compuesto por Ibon Aranberri, Lorena M. de Corral, Bárbara R. Muñoz y Wilfredo Prieto, ha encontrado un equilibrio que convierte la propuesta en una de las más compactas de los años recientes.

Hay que destacar unas aportaciones sobre otras, como la de Álvarez-Laviada que, con diversos lenguajes, genera un proyecto redondo, coherente y de gran elegancia estética. También la investigación escultórica de Josu Bilbao, que nos hace cuestionarnos el espacio y entender (y atender a) cómo nos relacionamos con él, y que dialoga a la perfección con el trabajo de Munárriz. Otros ejemplos que destacan por su producción y su puesta en escena son las dos vídeo-proyecciones: por un lado, la doble instalación de Serrano Rivas, que parece generarnos una reflexión interna sobre la diferencia entre la tramoya y la propia melodía/danza interna con la que se muestra de manera externa; y A Fox Comes in, exploración cinematográfica de Alex Reynolds, de cuidadísima poética. Perjudicadas salen las estupendas piezas de Pep Vidal, que quedan en un espacio de tránsito, o el apunte de Elena Bajo, por no poder sumergirnos en él de manera algo más íntima. Pero aún más desubicado en el hilo comisarial se sitúa el trabajo de Felipe Dulzaides, con su reflexión sobre los sonidos de La Habana que, a pesar de su interés, no entona con las lecturas del resto.